La primavera se acercaba poco a poco.
Cada día que pasaba, la emoción por la boda crecía entre Adrián y Valeria.
Aún faltaban algunas semanas para el gran día, pero los preparativos avanzaban mejor de lo que ambos habían imaginado.
Una mañana de sábado, Sofía pasó por Valeria.
—¿Lista?
Valeria tomó su bolso y sonrió.
—Más o menos.
—¿Nerviosa?
—Un poco.
—No te preocupes. Hoy encontraremos el vestido perfecto.
Las dos subieron al automóvil y comenzaron un recorrido por varias boutiques especializadas en vestidos de novia.
En la primera tienda, Valeria se probó un vestido de corte clásico.
Era elegante, pero al verse en el espejo negó con la cabeza.
—No siento que sea el indicado.
Sofía sonrió.
—Entonces seguimos buscando.
En la segunda boutique encontró un vestido moderno con muchos detalles brillantes.
—Es bonito —comentó Valeria—, pero no se parece a mí.
—Tienes razón.
Continuaron con la búsqueda.
La tercera tienda era pequeña y muy acogedora.
La diseñadora las recibió con una cálida sonrisa.
—Bienvenidas. Cuéntenme cómo imaginan el vestido.
Valeria respondió con sinceridad.
—Quiero algo sencillo, elegante y que me haga sentir yo misma.
La diseñadora asintió.
—Creo que tengo algo para ti.
Unos minutos después regresó con un vestido de tela ligera, con delicados bordados y una larga caída.
Valeria entró al probador.
Cuando salió, Sofía se quedó sin palabras.
—Valeria...
—¿Qué pasa?
—Es ese.
Valeria se acercó al espejo.
Por unos segundos guardó silencio.
Después sonrió con los ojos llenos de emoción.
—Sí...
Se llevó una mano al corazón.
—Es este.
La diseñadora sonrió satisfecha.
—Cuando una novia sonríe así frente al espejo, no hay duda.
Valeria sintió una enorme felicidad.
Había encontrado el vestido con el que caminaría hacia el altar.
Mientras tanto, Adrián estaba con Mateo organizando otro detalle.
—Necesito un pequeño favor.
Mateo levantó la vista.
—Dime.
—Quiero sorprender a Valeria antes de la boda.
—¿Otra sorpresa?
Adrián rió.
—La última, lo prometo.
Sacó dos boletos de un sobre.
—Reservé un fin de semana en una cabaña junto al lago. Solo para descansar antes de que comiencen los últimos preparativos.
Mateo sonrió.
—Me parece una excelente idea.
Esa misma tarde, Valeria llegó al departamento con una gran sonrisa.
Adrián la recibió en la puerta.
—¿Cómo te fue?
Ella se acercó y lo abrazó.
—Ya encontré mi vestido.
Él sonrió.
—Sabía que hoy sería el día.
—¿No vas a preguntarme cómo es?
Adrián negó con la cabeza.
—Prefiero descubrirlo cuando camines hacia mí el día de la boda.
Valeria rió.
—Tendrás que esperar.
—Lo haré con gusto.
Antes de despedirse, Adrián le entregó un sobre.
—¿Qué es?
—Ábrelo.
Valeria sacó dos boletos y una reservación.
—¿Un viaje?
—Un fin de semana para nosotros. Sin reuniones, sin llamadas y sin hablar de trabajo.
Valeria sonrió emocionada.
—Es justo lo que necesitábamos.
—Nos hará bien descansar antes de seguir con los preparativos.
Ella volvió a abrazarlo.
—Gracias.
Adrián la miró con cariño.
—Quiero que disfrutes cada momento de esta etapa.
Valeria asintió.
—Y lo estoy haciendo.
Mientras el sol comenzaba a ocultarse, ambos comprendieron que el camino hacia la boda estaba lleno de pequeños momentos que recordarían toda la vida.
Cada paso los acercaba un poco más al día en que, frente a todos sus seres queridos, comenzarían oficialmente una nueva historia juntos.
Editado: 24.07.2026