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Capitulo 51: Un fin de semana inolvidable

El viernes por la tarde, Adrián pasó por Valeria para comenzar el viaje que tanto había planeado.

—¿Trajiste todo? —preguntó mientras guardaba las maletas en el automóvil.

Valeria sonrió.

—Sí. Y prometo no revisar correos del trabajo.

Adrián rió.

—Ese era el trato.

Con música tranquila de fondo, emprendieron el camino hacia una cabaña junto a un lago, rodeada de montañas y árboles.

Dos horas después llegaron a su destino.

La cabaña era de madera, con grandes ventanales y una terraza desde donde podía verse el lago.

—Es mucho más bonita de lo que imaginaba —dijo Valeria.

—Esperaba que te gustara.

Entraron y dejaron las maletas en la habitación.

El lugar era acogedor y silencioso, justo lo que necesitaban después de tantos meses de trabajo.

A la mañana siguiente, decidieron dar un paseo alrededor del lago.

El aire era fresco y el agua reflejaba el cielo azul.

Mientras caminaban, Valeria sonrió.

—¿Recuerdas el día en que hicimos match?

Adrián soltó una pequeña risa.

—Claro.

—Si ese día alguien me hubiera dicho que terminaríamos comprometidos, no lo habría creído.

—Yo tampoco.

Se sentaron en un banco de madera frente al lago.

—Al principio pensé que solo sería una conversación más.

—Y terminó siendo la conversación que cambió nuestras vidas.

Los dos permanecieron unos segundos en silencio, disfrutando del paisaje.

Después del almuerzo alquilaron una pequeña lancha para recorrer el lago.

Valeria observaba el agua con tranquilidad.

—Hace mucho que no me sentía tan relajada.

—Era justamente lo que quería.

—Gracias por traerme aquí.

Adrián tomó su mano.

—Gracias por aceptar venir.

Por la noche prepararon la cena juntos.

Mientras intentaban seguir una receta, comenzaron a reír por los pequeños errores que cometían.

—Creo que le puse demasiada sal —comentó Adrián.

Valeria probó un poco.

—Solo un poquito.

Ambos rieron.

Al final, la cena no quedó perfecta, pero disfrutaron preparándola.

—Definitivamente seguimos siendo mejores en otras cosas —dijo Valeria entre risas.

—Estoy de acuerdo.

Más tarde salieron a la terraza.

El cielo estaba completamente despejado y podían verse cientos de estrellas.

Valeria apoyó la cabeza en el hombro de Adrián.

—¿Sabes cuál es mi parte favorita de todo esto?

—¿Cuál?

—Que siempre podemos ser nosotros mismos.

Adrián sonrió.

—Eso nunca va a cambiar.

Ella levantó la vista hacia él.

—Prométemelo.

—Te lo prometo.

El domingo por la mañana, antes de regresar a la ciudad, caminaron una última vez por la orilla del lago.

Valeria recogió una pequeña piedra lisa y la guardó en su bolsillo.

—¿Para qué es?

—Quiero conservar un recuerdo de este lugar.

Adrián sonrió.

—Entonces yo también me llevaré uno.

Los dos guardaron una piedra como recuerdo de aquel fin de semana.

No era un objeto valioso.

Pero para ellos representaba un momento de paz antes de comenzar una nueva etapa.

Al subir al automóvil, Valeria miró una vez más la cabaña.

—Volvamos algún día.

Adrián encendió el motor.

—Después de la boda.

Ella sonrió.

—Es una promesa.

Mientras emprendían el camino de regreso, ambos sabían que ya faltaba muy poco para el día que habían esperado con tanta ilusión.

Y estaban más seguros que nunca de que habían encontrado el lugar donde siempre querían estar: uno al lado del otro.




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