Después del tranquilo fin de semana junto al lago, Adrián y Valeria regresaron a la ciudad con energías renovadas.
La boda estaba cada vez más cerca.
Solo faltaban diez días.
El lunes por la mañana, Grupo Velasco volvió a llenarse de actividad.
Valeria revisaba los últimos detalles del proyecto con Grupo Horizon cuando Elena Robles se acercó a su escritorio.
—Tengo una buena noticia.
—¿Cuál?
—El proyecto fue aprobado por todas las empresas participantes.
Valeria sonrió con alegría.
—¡Eso es maravilloso!
—Y quiero felicitarte. Tu coordinación fue clave para lograrlo.
—Gracias, Elena. Todo el equipo hizo un gran trabajo.
Elena sonrió.
—Esa es una de las razones por las que todos disfrutan trabajar contigo.
Mientras tanto, Adrián terminaba una reunión con los directivos.
Mateo esperó a que todos salieran de la sala.
—¿Nervioso?
Adrián soltó una pequeña risa.
—Más de lo que imaginaba.
—Faltan diez días.
—Lo sé. Y siento que todavía hay muchas cosas por hacer.
Mateo le dio una palmada en el hombro.
—Todo saldrá bien.
Esa tarde, Sofía acompañó a Valeria a la última prueba del vestido.
La diseñadora realizó pequeños ajustes.
—Ahora sí está perfecto.
Valeria se observó en el espejo.
Por primera vez pudo imaginar con claridad el momento en que caminaría hacia el altar.
Sonrió emocionada.
—No puedo creer que ya falte tan poco.
Sofía tomó su mano.
—Será un día inolvidable.
Al salir de la boutique, ambas decidieron detenerse en una cafetería.
Mientras tomaban café, Sofía preguntó:
—¿Ya escribiste tus votos?
Valeria abrió mucho los ojos.
—¡Los votos!
Sofía comenzó a reír.
—Sabía que se te había olvidado algo.
—Con tantos preparativos, no había pensado en eso.
—Todavía tienes tiempo.
Valeria sacó una libreta de su bolso.
—Esta noche empezaré a escribirlos.
Por la noche, Adrián también intentaba escribir los suyos.
Tenía varias hojas sobre el escritorio.
Leía una frase, la tachaba y volvía a comenzar.
Mateo, que había ido a dejar unos documentos, lo encontró rodeado de papeles.
—¿Qué pasó aquí?
Adrián sonrió con vergüenza.
—Intento escribir mis votos.
—¿Y cómo va?
—Muy mal.
Mateo soltó una carcajada.
—Solo habla con el corazón.
Adrián guardó silencio unos segundos.
—Creo que tienes razón.
Tomó una hoja nueva y empezó otra vez.
Esta vez, las palabras comenzaron a salir con naturalidad.
Los días pasaron rápidamente.
Las invitaciones ya habían sido confirmadas.
El jardín estaba reservado.
Las flores, la música y la decoración estaban listas.
Solo quedaba esperar.
Una noche, mientras caminaban por el mismo parque donde tantas veces habían compartido sus sueños, Valeria miró a Adrián.
—¿Te das cuenta de que dentro de poco seremos esposos?
Él sonrió.
—Lo pienso todos los días.
—¿Tienes miedo?
Adrián negó con la cabeza.
—No.
—¿Ni un poquito?
—Solo tengo una preocupación.
—¿Cuál?
—Que ese día pase demasiado rápido.
Valeria rió.
—Entonces tendremos que disfrutar cada minuto.
Adrián tomó su mano.
—Y así será.
Los dos continuaron caminando bajo las luces del parque.
La cuenta regresiva había comenzado.
Y cada amanecer los acercaba un poco más al día que marcaría el inicio de una nueva etapa en sus vidas.
Editado: 24.07.2026