Solo faltaba un día.
El jardín donde se celebraría la boda ya estaba casi listo.
Los trabajadores colocaban las últimas flores, acomodaban las sillas y hacían las pruebas de iluminación.
Todo comenzaba a parecerse al lugar con el que Adrián y Valeria habían soñado.
Aquella mañana, Valeria despertó muy temprano.
Miró el calendario y sonrió.
—Mañana...
Todavía le costaba creer que el gran día hubiera llegado tan rápido.
Mientras desayunaba, recibió un mensaje de Sofía.
Sofía: Hoy no puedes estresarte. Nos vemos en unas horas.
Valeria respondió con una carita feliz y guardó el teléfono.
En otro lugar de la ciudad, Adrián terminaba de revisar unos documentos.
Mateo entró a su oficina.
—¿Sigues trabajando?
Adrián levantó la vista.
—Solo estoy dejando todo organizado para no pensar en la empresa mañana.
Mateo sonrió.
—Esa sí es una buena idea.
Adrián cerró la carpeta.
—A partir de este momento, solo quiero pensar en Valeria.
—Así me gusta.
Al mediodía, Sofía y Camila acompañaron a Valeria al jardín para una última revisión.
La encargada les mostró cada espacio.
—Las flores llegarán mañana muy temprano y el pastel estará aquí antes del mediodía.
Valeria observó el lugar con emoción.
—Está quedando hermoso.
Sofía sonrió.
—Mañana este lugar estará lleno de personas que los quieren.
Mientras tanto, Adrián y Mateo revisaban el traje por última vez.
—¿Todo listo? —preguntó Mateo.
—Sí.
—¿Los anillos?
Adrián sonrió y sacó una pequeña caja.
—Aquí están.
—Perfecto.
Mateo respiró aliviado.
—Creo que no olvidamos nada.
Por la tarde, Adrián y Valeria hablaron por videollamada.
Habían decidido no verse en persona para conservar la emoción del día siguiente.
—¿Cómo estás? —preguntó Adrián.
—Un poco nerviosa.
—Yo también.
Los dos rieron.
—Mañana, a esta hora, ya seremos esposos —dijo Valeria.
Adrián sonrió.
—He esperado este momento desde hace mucho tiempo.
—Yo también.
Permanecieron unos segundos en silencio.
Ninguno quería terminar la llamada.
—Descansa mucho —dijo Adrián.
—Tú también.
—Nos vemos mañana.
—Hasta mañana.
Los dos colgaron con una gran sonrisa.
Esa noche, Valeria abrió el álbum de fotografías que Sofía le había regalado.
Fue pasando cada página lentamente.
Recordó su primer día como becaria, los proyectos, la gala, el compromiso y todos los momentos que la habían llevado hasta allí.
Al cerrar el álbum, tomó una hoja de papel.
Era el borrador de sus votos.
Lo leyó una vez más.
Sonrió satisfecha.
Después lo guardó con mucho cuidado.
En su departamento, Adrián también releía los suyos.
Esta vez no cambió ni una sola palabra.
Sabía que estaban escritos exactamente como los sentía.
Antes de dormir, miró por la ventana y respiró profundamente.
—Mañana empieza la mejor etapa de mi vida.
La ciudad descansaba en silencio.
Mientras tanto, en el jardín, las luces permanecían encendidas.
Todo estaba preparado.
Las flores esperaban ser colocadas al amanecer.
Las sillas aguardaban a los invitados.
Y el altar esperaba a dos personas que, después de un inesperado match, estaban a solo unas horas de prometerse un amor para toda la vida.
Editado: 24.07.2026