Por primera vez podían llamarse oficialmente esposo y esposa.
Valeria observó el anillo en su mano y sonrió.
—Buenos días, esposo.
Adrián rió.
—Buenos días, señora Velasco.
Ella lo miró divertida.
—Todavía tengo que acostumbrarme.
—Yo también.
Después del desayuno, regresaron unos minutos al jardín para despedirse de los organizadores y agradecerles por el excelente trabajo.
La encargada del lugar sonrió al verlos.
—Fue una boda hermosa. Les deseamos toda la felicidad del mundo.
—Muchas gracias por ayudarnos a hacer realidad este día —respondió Valeria.
Al salir del jardín, un automóvil los esperaba para llevarlos al aeropuerto.
Mateo y Sofía habían organizado una pequeña despedida.
—Disfruten mucho el viaje —dijo Mateo mientras abrazaba a Adrián.
—Y no se preocupen por la empresa —añadió Sofía—. Todo estará bajo control.
Valeria abrazó a su amiga.
—Gracias por acompañarme en cada etapa.
—Siempre.
Después de despedirse, subieron al automóvil.
Horas más tarde, el avión aterrizó en una hermosa ciudad costera.
El hotel donde se hospedarían estaba frente al mar.
Desde el balcón de su habitación podían escuchar el sonido de las olas.
Valeria quedó maravillada.
—Es precioso.
Adrián sonrió.
—Esperaba que te gustara.
—Me encanta.
Esa misma tarde caminaron por la playa.
La arena era suave y el mar estaba tranquilo.
Mientras avanzaban, Valeria tomó la mano de Adrián.
—¿Recuerdas cuando soñábamos con este momento?
—Claro.
—Ahora estamos aquí.
Adrián la miró con cariño.
—Y todavía tenemos muchos sueños por cumplir.
Al anochecer cenaron en un restaurante con vista al mar.
Hablaron de los momentos más bonitos de la boda y de todo lo que habían vivido desde aquel inesperado match.
—¿Cuál fue tu momento favorito? —preguntó Valeria.
Adrián sonrió.
—Cuando dijiste "sí, acepto".
Ella rió.
—El mío fue cuando te vi esperándome en el altar.
Los siguientes días estuvieron llenos de nuevas experiencias.
Recorrieron el malecón, visitaron un mercado de artesanías, probaron la gastronomía local y disfrutaron de largos paseos junto al mar.
No hablaban de reuniones, proyectos ni trabajo.
Solo disfrutaban del tiempo juntos.
Una tarde, mientras contemplaban el atardecer desde un mirador, Valeria apoyó la cabeza en el hombro de Adrián.
—Gracias por todo.
—¿Por qué?
—Porque cada etapa de nuestra historia ha sido especial.
Adrián besó suavemente su frente.
—Y todavía quedan muchas páginas por escribir.
Valeria sonrió.
—Entonces prometamos seguir disfrutando cada una.
—Te lo prometo.
Cuando el sol desapareció en el horizonte, ambos permanecieron unos minutos en silencio, contemplando el mar.
No necesitaban decir nada más.
Habían encontrado, el uno en el otro, el lugar al que siempre querían regresar.
Y aquella luna de miel era solo el primer capítulo de la nueva vida que comenzaban como marido y mujer.
Editado: 31.07.2026