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Capítulo 57: Regreso a casa

Después de una semana inolvidable, Adrián y Valeria regresaron a la ciudad.

Al salir del aeropuerto, ambos sonrieron al volver a ver los lugares que formaban parte de su vida cotidiana.

—Ya estamos en casa —dijo Valeria.

Adrián tomó su mano.

—Y ahora comienza una nueva etapa.

Al llegar a su hogar, encontraron un pequeño arreglo de flores sobre la mesa.

Junto a él había una tarjeta.

"Bienvenidos. Les deseamos mucha felicidad en esta nueva vida juntos. Con cariño, Sofía y Mateo."

Valeria sonrió.

—Son un lindo detalle.

—Sí. Tenemos muy buenos amigos.

Al día siguiente, Adrián y Valeria regresaron a Grupo Velasco.

Los empleados los recibieron con aplausos.

—¡Bienvenidos!

—¡Felicidades!

Camila fue la primera en acercarse.

—¿Cómo estuvo la luna de miel?

Valeria respondió con una sonrisa.

—Maravillosa. Pudimos descansar y disfrutar mucho.

—Se nota. Los dos regresaron muy felices.

En la oficina principal, Mateo esperaba a Adrián.

—Todo salió bien mientras estuvieron fuera.

Le entregó un informe con los avances de la empresa.

Adrián lo revisó.

—Excelente trabajo.

—Ahora puedes volver sin preocupaciones.

—Gracias por encargarte de todo.

Mateo sonrió.

—Para eso están los amigos.

Mientras tanto, Elena Robles se reunió con Valeria.

—Tengo buenas noticias.

—¿Qué ocurrió?

—El proyecto entre Grupo Horizon y Grupo Velasco ha superado todas las expectativas.

Valeria sonrió.

—Me alegra muchísimo.

—Y queremos seguir desarrollando nuevos proyectos contigo.

—Será un gusto continuar trabajando juntos.

Al terminar la jornada, Adrián esperó a Valeria en la entrada del edificio.

—¿Lista para ir a casa?

Ella asintió.

—Sí.

Durante el camino hablaron sobre su primer día de regreso al trabajo.

—Pensé que me costaría volver a la rutina —comentó Valeria.

—¿Y qué pasó?

—Me di cuenta de que también disfruto mucho lo que hacemos.

Adrián sonrió.

—Yo también.

Al llegar a casa comenzaron a acomodar algunos recuerdos del viaje.

Sobre una repisa colocaron la pequeña piedra que cada uno había guardado junto al lago antes de la boda.

Valeria la observó con una sonrisa.

—Ahora sí tiene su lugar.

—Será un recuerdo de una etapa muy especial.

Ella asintió.

—Y cada vez que la vea recordaré esa promesa.

Esa noche cenaron juntos en la terraza de su hogar.

Mientras observaban el cielo, Valeria habló con una sonrisa.

—¿Sabes qué me hace más feliz?

—¿Qué cosa?

—Que ya no estamos planeando nuestro futuro.

Adrián la miró con curiosidad.

—¿Entonces?

—Ahora lo estamos viviendo.

Él tomó su mano.

—Y apenas estamos comenzando.

Los dos sonrieron.

La luna de miel había terminado, pero la aventura de construir un hogar, compartir sueños y apoyarse en cada paso apenas empezaba.

Y los mejores capítulos de su historia todavía estaban por escribirse.




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