El trabajo marchaba bien y ambos disfrutaban cada momento que compartían en casa.
Era sábado por la mañana.
Mientras desayunaban, Valeria dejó su taza sobre la mesa.
—Adrián, ¿te parece si hoy salimos un rato?
Él sonrió.
—Claro. Hace tiempo que no tenemos un fin de semana completamente libre.
—Podemos caminar por el parque.
—Me gusta la idea.
Después del desayuno, salieron a disfrutar del buen clima.
El parque estaba lleno de familias, personas haciendo ejercicio y niños jugando.
Mientras caminaban, escucharon unos pequeños ladridos.
Valeria miró hacia un árbol cercano.
—¿Escuchaste eso?
Adrián asintió.
Los dos se acercaron con curiosidad.
Detrás de una banca encontraron un pequeño cachorro de pelaje blanco con manchas color café.
Estaba solo.
El perrito movió la cola al verlos.
Valeria se agachó lentamente.
—Hola, pequeño.
El cachorro se acercó sin miedo y apoyó su cabeza sobre la mano de Valeria.
—Parece muy tranquilo —comentó Adrián.
Miraron alrededor para ver si alguien lo estaba buscando, pero no había nadie.
Esperaron varios minutos.
Preguntaron a algunas personas que estaban en el parque, pero nadie conocía al cachorro.
—Parece que está perdido —dijo Valeria con preocupación.
Adrián observó al pequeño animal.
—No podemos dejarlo aquí.
Valeria sonrió.
—Estaba pensando exactamente lo mismo.
Lo llevaron a una clínica veterinaria para comprobar que estuviera bien de salud.
El veterinario lo revisó cuidadosamente.
—Está sano. Solo parece haber pasado algunas horas sin comer.
También revisó si tenía algún medio de identificación, pero no encontraron ninguno.
—Pueden dejar sus datos por si aparece el dueño —explicó el veterinario.
Adrián y Valeria estuvieron de acuerdo.
Durante los siguientes días esperaron noticias.
Publicaron avisos y preguntaron nuevamente en el parque.
Sin embargo, nadie reclamó al cachorro.
Una noche, mientras el pequeño dormía sobre una manta en la sala, Valeria sonrió.
—Creo que ya se siente como en casa.
Adrián observó al cachorro.
—Y nosotros también nos acostumbramos a él.
Valeria lo miró.
—¿Qué opinas?
Adrián respondió con una sonrisa.
—Si nadie aparece para buscarlo... me gustaría que se quedara con nosotros.
Valeria no pudo ocultar su alegría.
—A mí también.
Llegó el plazo indicado por la clínica y nadie reclamó al cachorro.
Adrián y Valeria completaron los trámites necesarios para adoptarlo oficialmente.
Al regresar a casa, el pequeño corrió feliz por toda la sala.
—Ahora sí eres parte de la familia —dijo Valeria mientras lo acariciaba.
Adrián tomó una pelota y comenzó a jugar con él.
El cachorro movía la cola sin dejar de correr de un lado a otro.
Esa noche se sentaron en la terraza.
El pequeño perro descansaba a sus pies después de jugar durante horas.
—Todavía no tiene nombre —comentó Adrián.
Valeria sonrió.
—Entonces tendremos que pensar en uno.
Los dos comenzaron a proponer ideas entre risas.
El cachorro levantó la cabeza al escuchar sus voces y movió la cola una vez más.
Sin buscarlo, un nuevo integrante había llegado a sus vidas.
Y aunque era muy pequeño, ya había llenado el hogar de Adrián y Valeria de aún más alegría.
Editado: 31.07.2026