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Capítulo 63: Un nombre para el nuevo integrante

Desde que el pequeño cachorro llegó a casa, la rutina de Adrián y Valeria cambió por completo.

Cada mañana era recibida con el sonido de unas pequeñas patas corriendo por el pasillo y una cola que no dejaba de moverse.

—Creo que ya es el dueño de la casa —dijo Valeria entre risas.

Adrián sonrió.

—Y nosotros solo vivimos aquí.

El cachorro era muy curioso.

Le gustaba seguir a Valeria cuando ella preparaba el desayuno y esperaba pacientemente junto a Adrián cuando este leía algún informe de la empresa.

Una tarde, incluso entró a la biblioteca de la casa y se quedó dormido sobre una alfombra.

—Parece que también le gustan los libros —comentó Valeria.

—O simplemente encontró el lugar más cómodo de la casa.

Los dos rieron.

Esa noche decidieron que había llegado el momento de elegir un nombre.

Valeria llevó una libreta.

—Anoté algunas opciones.

Adrián la miró divertido.

—Sabía que harías una lista.

—Claro.

Comenzó a leer.

—¿Qué te parece Toby?

Adrián observó al cachorro.

—No está mal.

—¿Y Max?

—También me gusta.

—¿Lucas?

Adrián negó sonriendo.

—No creo que ese sea.

Los dos siguieron diciendo nombres durante varios minutos.

El cachorro parecía ignorarlos y seguía jugando con una pelota.

De pronto, Valeria sonrió.

—¿Y si se llama Bruno?

El cachorro levantó la cabeza al escuchar la palabra.

Corrió hasta donde estaban ellos y comenzó a mover la cola con entusiasmo.

Adrián soltó una carcajada.

—Creo que él ya eligió.

Valeria volvió a decir:

—¿Bruno?

El cachorro ladró una vez y apoyó sus patas delanteras sobre las piernas de Valeria.

—Definitivamente le gusta.

—Entonces ya tenemos nombre.

Adrián acarició al pequeño.

—Bienvenido a la familia, Bruno.

Los días siguientes fueron muy divertidos.

Bruno aprendió rápidamente dónde estaban sus juguetes y cuál era el lugar donde dormía.

También esperaba a Adrián junto a la puerta todas las tardes cuando regresaba del trabajo.

—Mira quién vino a recibirnos —dijo Valeria.

Bruno corrió hacia Adrián moviendo la cola.

—Creo que alguien nos extrañó.

El fin de semana llevaron a Bruno al parque por primera vez.

El cachorro corría de un lado a otro lleno de energía.

Conoció a otros perros y jugó durante horas.

Valeria lo observaba con una sonrisa.

—Se ve muy feliz.

Adrián asintió.

—Y nosotros también.

Mientras regresaban a casa, Bruno caminaba orgulloso entre los dos.

Parecía saber que ya tenía un hogar.

Esa noche, después de cenar, Bruno se quedó dormido a los pies del sofá.

Valeria lo miró con ternura.

—Quién iba a pensar que un paseo por el parque cambiaría otra vez nuestra vida.

Adrián tomó su mano.

—Las mejores cosas suelen llegar cuando menos las esperamos.

Valeria sonrió.

—Como aquel match.

—Exactamente.

Los dos observaron al pequeño cachorro dormir tranquilamente.

Su hogar era ahora un poco más alegre, un poco más ruidoso y mucho más cálido.

Y estaban seguros de que todavía les esperaban muchos momentos felices junto a Bruno.




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