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Capítulo 64: Un día en familia

El sábado llegó con un clima perfecto.

Después de varias semanas ocupados con el trabajo, Adrián y Valeria decidieron dedicar todo el día a disfrutar juntos.

Y esta vez no serían solo ellos dos.

Bruno también sería parte del plan.

Desde temprano, Bruno corría por toda la casa emocionado.

Valeria preparaba una pequeña mochila con agua, comida y algunos juguetes.

—Creo que alguien sabe que vamos a salir.

Adrián miró al cachorro, que no dejaba de mover la cola.

—No ha parado de seguirnos desde que despertó.

Valeria sonrió.

—Está feliz.

Los tres fueron a un parque tranquilo en las afueras de la ciudad.

Había áreas verdes, senderos para caminar y lugares donde podían descansar.

Bruno salió corriendo con alegría mientras Adrián y Valeria caminaban detrás de él.

—Nunca imaginé que terminaríamos haciendo esto —dijo Valeria.

Adrián la miró.

—¿Pasear con un perro?

Ella rió.

—Sí. Nuestra vida cambió mucho.

—Y me gusta cómo cambió.

Después de caminar un rato, encontraron un lugar para hacer un pequeño picnic.

Valeria sacó la comida mientras Adrián jugaba con Bruno.

El cachorro corría detrás de una pelota y regresaba orgulloso cada vez que la atrapaba.

—Creo que tiene demasiada energía.

—Se parece a alguien que conozco.

Valeria levantó una ceja.

—¿A quién?

Adrián sonrió.

—A ti cuando estás emocionada por un proyecto nuevo.

Ella comenzó a reír.

Durante la tarde, tomaron varias fotografías.

Una de ellas fue de los tres juntos sentados sobre el pasto.

Valeria miró la imagen en su teléfono.

—Quiero guardar esta.

—¿Por qué?

—Porque representa nuestra vida ahora.

Adrián asintió.

—Me gusta.

Antes de regresar a casa, caminaron cerca de un pequeño lago.

Bruno se sentó junto a ellos observando el agua.

Por unos minutos todo estuvo tranquilo.

Sin llamadas.

Sin reuniones.

Sin preocupaciones.

Solo ellos disfrutando del momento.

Al llegar a casa, Bruno quedó completamente cansado.

Se acomodó en su cama y cerró los ojos casi inmediatamente.

Valeria lo observó desde el sofá.

—Creo que tuvo un gran día.

Adrián se sentó junto a ella.

—Nosotros también.

Ella apoyó la cabeza en su hombro.

—A veces las cosas más simples son las que más recordamos.

Adrián tomó su mano.

—Por eso quiero seguir teniendo muchos días así contigo.

Esa noche, antes de dormir, colocaron la fotografía del parque en la biblioteca junto a los demás recuerdos importantes.

La piedra del lago.

El separador de libros.

Las fotografías de la boda.

Ahora también estaba esa imagen de un día común que se había convertido en un recuerdo especial.

Porque la felicidad no siempre estaba en los grandes acontecimientos.

A veces estaba en una caminata, una risa, una tarde tranquila y en un pequeño cachorro que había llegado para formar parte de su historia.




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