Es increíble lo rápido que pueden cambiar los planes y la vida, un día estamos y al otro no lo sabemos por eso siempre debemos estar a cuenta con Dios.
—¡Mamá no, deja eso!—chillo mientras mi madre abre la ventana de la habitación.
Son como las siete de la mañana y mi madre ya se está despierta tratando de levantarme de la cama. Anoche luego de que los novios se fueron nos quedamos contando una que otra anécdota de la cantidad de locuras que hacía nuestro pequeño grupo unos años atrás y viendo como poco a poco las responsabilidades de la vida adulta nos están quitando nuestras poca juventud. Lo cierto es que terminamos durmiendo en la madrugada y todavía tengo sueño.
—Si piensas quedarte aquí no tienes que pararte tarde, es una casa ajena y debes estar despierta lo más temprano posible, no porque sea Beatriz la dueña de la casa quiere decir que no la ayudarás en lo que puedas —me dice mi madre a forma de regaño
—Si mamá, ya me voy a parar —susurro entre las sábanas
—Bueno yo solo vine a despedirme, ya tu papá está llevando las maletas al auto.
Cierto, mis padres junto con mi hermano menor se van hoy, al igual que el resto de familiares de los novios que habían quedado.
—Adios mamá, nos vemos dentro de una o dos semanas —Le doy un abrazo para despedirme
—¡Dos semanas! —escucho a mi padre decir desde la puerta de la habitación
—Bueno, puede que sea solo una —vacilo en mis palabras, en realidad si me quiero quedar unas dos semanas, de igual manera lo dudo porque no puedo faltar tanto al trabajo y también tengo compromisos de la iglesia.
—Eso espero —dice mi padre mientras viene hacia mí para darme un abrazo —Adios hija, cuídate mucho.
Mis padres salen de mi habitación y luego de ducharme y arreglarme salí a despedirme de ellos, solo estamos mis papás y mis hermanos porque la señora Beatriz y el Señor Moisés han salido al pueblo a comprar unas cosas y ya mis padres se habían despedido de ellos.
Todo indica que ya los hermanos de Bárbara se fueron muy temprano de casa y por ahora solo quedamos mi hermano, Juan y yo. Nunca he sido muy cercana ni a Moisés ni a su esposa él siempre ha sido arrogante, al igual como es Matteo ahora, antes era una persona más amable pero las personas cambian y es triste que no podamos ser los mismos.
Decido entrar a la casa para pasar un rato leyendo un libro en el jardín interno está casa es una quinta muy hermosa que está algo alejada del pueblo. En el jardín del centro hay una fuente y unas cuantas sillas para pasar el rato, alrededor del jardín interno están los pasillos que llevan a las habitaciones de las cuales hay muchas, supongo porque es unas de esas casa antiguas.
La casa está llena de helechos y otras plantas de flores, también a la entrada hay unas palmas llaneras altísimas que van a los alrededores de las carreteras.
Está finca es bellísima y lo más lindo es el jardín que tiene la casa (donde se realizó la boda el día de ayer) cuando me levante vi que ya estaban arreglando el jardín, ya la casa esta volviendo a la normalidad luego de los dias caóticos por lo que se ha pasado organizando la boda, pero aún asi se siente un vacío en ella, me imagino a Bárbara y a sus hermanos creciendo aqui y jugando por las extensas praderas o corriendo en los pasillos de esta casa, que triste se ve cuando todos comienzan a irse y dejan un gran vacio, aunque es un comienzo para ellos donde inician su historia, su familia y muy pronto estaran otros pequeños jugando y corriendo en estos pasillos.
—Hola Amelia —escucho la voz de la señora Beatriz venir desde la entrada.
—Hola, ¿cómo está? —pregunto
—Muy bien, perdón por no atenderlos me imagino que deben tener hambre ya es la hora de desayuno, es que tuve que ir por unas cosas a la tienda.
—No se preocupe, acabo de levantarme a despedirme de mis padres, Andrés y Juan aún duermen
—Que lastima que tus padres no pudieran quedarse un tiempo más. Bueno me pondré en marcha a hacer el desayuno para cuando los chicos despierten
—Yo la puedo ayudar —cierro mi libro y me dirijo hacia donde está ella
—Si, vamos
La señora Beatriz responde con una gran sonrisa en su rostro y nos dirigimos a la cocina donde un rato más tarde ya casi tenemos todo listo y pasamos a servir a la mesa del patio trasero donde ya están Juan y Andrés hablando junto con el señor Moisés .
Unas de las maravillas de estar aquí es estar desayunando mirando este paisaje tan hermoso lleno de caballos, lagunas flores y árboles, aquí se respira mucha paz. Que bonitas son las creaciones de Dios.
—Buenos días —Decimos al llegar y los chicos se levantan a ayudarnos a poner la mesa.
Ya todos estamos sentados y comenzamos dando una oración por los alimentos y luego seguimos a comer, mi hermano y Juan parece que no han comido nunca se devoran la comida en un instante y hablan y hablan de una que otra tontería.
—Yo no fui —trato de defenderme de una historia de mi hermano donde dice que de pequeños por mi culpa terminamos perdidos en medio del mar
—Claro que fuiste tú, porque si no ha sido por tú idea nosotros no nos fuéramos montados en ese yate —Escucho su voz que viene detrás de mi ¿no y que se había ido? ¿por qué tiene que estar aquí?
—Viste que si es verdad, no solo yo lo recuerdo, ahí también estaba Matteo —Responde Andrés, cosa que yo no recuerdo porque lo que yo recuerdo es que conocí a Matteo hace unos diez años cuando mi hermano me lo presento
—Hola hijo —le dice la señora Beatriz mientras el se acerca a darle un beso en la mejilla y saludar a su padre
—¿Ustedes tres se conocen desde niños? —pregunta juan
—Si, sus padres siempre han sido nuestros amigos y Andrés y Amelia son como mis hijos, solo que cuando nos mudamos perdieron un poco la comunicación —responde el padre de Matteo
En verdad les tengo un gran aprecio a los padres de Bárbara, desde que soy amiga de Bárbara ellos me han adoptado como una hija más y mi hermano ni se diga, él desde hace años está viniendo a esta finca de vacaciones, por eso yo tenía entendido que se habían conocido en una de esas vacaciones y no que ya se conocían desde antes, supongo que nunca me lo habia preguntado.
Editado: 26.02.2026