El sol de la mañana se filtraba por las persianas rotas del pequeño apartamento de Kai, dibujando líneas de polvo dorado en el aire. Kai no había dormido ni un solo segundo. Frente a él, las paredes estaban cubiertas de recortes, mapas de la Academia y diagramas de flujo que detallaban la latencia exacta de cada movimiento que podía realizar. Sus ojos, inyectados en sangre pero brillantes con una intensidad gélida, no se apartaban de la pantalla de su computadora portátil. Había pasado la noche cronometrando el mundo. Descubrió que si sincronizaba su respiración con los latidos de su corazón, podía "sentir" el momento exacto en que su Eco se manifestaría. No era solo un retraso; era una grabación física de su existencia en el espaciotiempo. —Dos segundos —susurró Kai, su voz ronca por el desuso—. En dos segundos, una bala recorre setecientos metros. En dos segundos, un corazón late dos veces. Para ellos, es un suspiro. Para mí, es una eternidad de planificación. Se vistió con el uniforme gris de la Academia, el color asignado a los rangos más bajos. Mientras caminaba hacia el complejo de entrenamiento, notó cómo el mundo se movía. Veía a los estudiantes de Rango A desplazarse con una gracia casi sobrenatural, sus cuerpos imbuidos de maná. Veía a los de Rango B practicando ráfagas de fuego en los campos abiertos. Todos ellos eran rápidos, directos y arrogantes. Todos ellos confiaban en que la realidad respondía a sus órdenes de forma instantánea. Al llegar al Coliseo de Pruebas, el ambiente estaba cargado de una energía eléctrica. Era el día de la Prueba de Clasificación Mensual, el evento que determinaba quién recibía los recursos del Gremio y quién era relegado a las tareas de limpieza. —¡Miren quién decidió aparecer! —La voz de Ryner cortó el aire como un látigo—. Pensé que después de lo de ayer te habrías tirado por un puente, Caballero. ¿Viniste a darnos nuestra dosis diaria de comedia lenta? Un grupo de estudiantes estalló en carcajadas. Ryner estaba rodeado de sus seguidores, luciendo su uniforme azul oscuro de Rango B con orgullo. Sus ojos brillaban con pequeñas chispas eléctricas, un signo de su [Explosión de Velocidad]. Kai no respondió. No bajó la cabeza ni apretó los puños. Simplemente se detuvo a tres metros de Ryner y lo miró fijamente. En su mente, Kai ya estaba procesando datos. Objetivo: Ryner. Habilidad: Velocidad tipo impulso. Debilidad observada: Inercia tras el tercer movimiento. Probabilidad de ataque inicial: 94%. —Vaya, ni siquiera puedes hablar a tiempo hoy —se mofó Ryner, acercándose peligrosamente—. Prepárate. En la arena, no me detendré hasta que pidas el retiro de rodillas. El instructor de la Academia, un hombre con cicatrices en los brazos llamado Sargento Varg, golpeó el suelo con su lanza. —¡Silencio! La prueba de hoy es simple: Duelo de Supervivencia. Dos estudiantes entran, el primero en tocar el suelo con cualquier parte del cuerpo que no sean los pies, pierde. ¡Caballero contra Ryner, a la arena principal! El murmullo en las gradas fue inmediato. Era una ejecución pública. Nadie esperaba que Kai durara más de un segundo contra el estudiante más rápido de su año. Cuando Kai entró en la arena circular de arena blanca, sintió el peso de cientos de miradas cargadas de desprecio. Se colocó en una posición neutral, con las manos a los costados. A diferencia de Ryner, que estaba en una postura de salida de velocista, Kai parecía estar esperando un autobús. —¡Comiencen! —gritó Varg. En un parpadeo, Ryner desapareció. Su habilidad le permitía alcanzar velocidades que el ojo humano apenas podía seguir en distancias cortas. Para la mayoría, Ryner ya había ganado. Pero para Kai, el mundo se dividió en dos. Estaba el Presente, donde Ryner se lanzaba hacia su costado izquierdo con un puñetazo cargado de electricidad. Y estaba el Pasado, el lugar donde Kai ya había actuado. Dos segundos antes de que Varg diera la señal, Kai había movido sutilmente su pie derecho hacia atrás y había lanzado un golpe al aire vacío hacia su propia derecha. En ese momento, todos pensaron que estaba teniendo un espasmo de nervios. Ahora, esos dos segundos habían pasado. Ryner llegó al costado de Kai, su puño a centímetros de las costillas de Kai. Ryner sonreía, saboreando la victoria. Pero entonces, Kai hizo algo impensable: se inclinó hacia atrás, no para esquivar, sino para posicionarse. ¡CLACK! El Eco del golpe que Kai había lanzado al aire dos segundos atrás se materializó exactamente donde la cara de Ryner iba a estar en su trayectoria de máxima velocidad. Fue como si Ryner hubiera chocado contra una pared de ladrillos invisible que apareció de la nada. El impacto fue tan fuerte que el sonido del hueso chocando contra el aire sólido resonó en todo el coliseo. Ryner salió despedido hacia atrás, con la nariz sangrando y los ojos desorbitados por la confusión. No entendía qué lo había golpeado. Kai no se había movido. —¿Qué... qué demonios fue eso? —balbuceó Ryner, limpiándose la sangre. Las gradas quedaron en un silencio sepulcral. El Sargento Varg entrecerró los ojos, confundido. —Eso fue un error —gruñó Ryner, su orgullo herido superando su dolor—. ¡Solo suerte, maldito lento! Ryner activó su habilidad al máximo. Rayos azules empezaron a bailar alrededor de sus piernas. Se movió de nuevo, esta vez creando imágenes residuales. Atacó desde tres ángulos diferentes en menos de un segundo. Kai, sin embargo, empezó a caminar. No corría, solo caminaba en un patrón extraño, como si estuviera siguiendo un mapa invisible en el suelo. Cada vez que Ryner lanzaba un golpe, Kai ya no estaba allí, pero no porque fuera rápido, sino porque se movía hacia lugares donde Ryner, por su propia velocidad e inercia, no podía girar a tiempo. "La velocidad es una línea recta", pensó Kai mientras esquivaba un tajo eléctrico por milímetros. "La estrategia es un círculo". Kai empezó a lanzar golpes al aire en direcciones que parecían aleatorias. Golpeó arriba, abajo, a su izquierda, incluso hacia atrás. Ryner se reía mientras esquivaba esos ataques "lentos" que ocurrían con dos segundos de retraso. —¿Te volviste loco, Caballero? ¡Estás golpeando al fantasma de tu abuela! —gritó Ryner mientras se preparaba para su ataque final, un impulso frontal que terminaría el duelo. Ryner se lanzó. Era su movimiento más potente. Pero Kai se detuvo y simplemente cruzó los brazos. —No estoy golpeando fantasmas, Ryner —dijo Kai. Su voz salió desfasada, pero sus labios formaron las palabras con una calma aterradora—. Estoy construyendo tu jaula. En ese instante, los dos segundos de los ataques "aleatorios" de Kai expiraron todos al mismo tiempo. Ryner, en medio de su carga frontal, se encontró de repente rodeado por una ráfaga de impactos invisibles. Los golpes que Kai había lanzado al aire momentos antes se manifestaron como una serie de trampas temporales. Un impacto le dio en el tobillo, otro en el hombro, un tercero directamente en el plexo solar. Ryner no pudo esquivarlos porque los ataques no venían de un oponente que pudiera ver; venían del pasado. Era como si el aire mismo se hubiera convertido en el puño de Kai. El velocista perdió el equilibrio, su inercia se volvió en su contra y rodó por la arena, chocando pesadamente contra el suelo. Intentó levantarse, pero su pie golpeó otra trampa de eco que Kai había dejado preparada en el suelo. ¡BAM! Ryner cayó de cara, quedando completamente fuera de combate. El silencio en el coliseo era tan denso que se podía escuchar la respiración agitada de Kai. Kai caminó hacia el cuerpo caído de Ryner y lo miró desde arriba. —El problema de ser tan rápido —dijo Kai, esperando los dos segundos para que su voz se sincronizara con el momento en que Ryner lo mirara— es que nunca te detienes a pensar en lo que dejas atrás. Yo controlo lo que dejas atrás. Varg tardó varios segundos en reaccionar antes de levantar su lanza. —Ganador... ¡Kai Caballero! No hubo aplausos. Solo hubo miedo y confusión. Habían visto a un Rango F derrotar a un Rango B sin siquiera esforzarse físicamente. Pero Kai no estaba celebrando. Sabía que esto era solo el comienzo. Había revelado una fracción de su potencial, y en un mundo sediento de poder, eso lo convertía en un objetivo. Regresó a los vestuarios, ignorando las miradas de terror de sus compañeros. Al abrir su casillero, encontró una nota que no estaba allí antes. Tenía un sello de cera negra con la forma de un reloj de arena roto. "Cero Absoluto. Te estamos observando. El tiempo no es lo único que se puede romper." Kai apretó la nota en su puño. Sus cálculos no habían previsto una interferencia externa tan pronto. Su mente empezó a trabajar de nuevo, trazando nuevas líneas, nuevas posibilidades. El juego acababa de escalar, y para sobrevivir a los próximos 75 capítulos de esta guerra, Kai necesitaba algo más que ecos. Necesitaba aliados que fueran tan descartables como sus enemigos. —Que vengan —susurró Kai—. He calculado mil formas de que pierdan, y solo necesito una para que ocurra.
Editado: 29.03.2026