El vestuario de la Academia de Cazadores solía ser un lugar de ruido, jactancia y el olor metálico del maná residual. Pero esa tarde, mientras Kai Caballero se quitaba la camiseta gris empapada de sudor, el silencio era tan pesado que podía oír el tic-tac del reloj de pared en el pasillo. Los otros estudiantes, aquellos que antes no dudaban en tropezarlo o lanzarle insultos, ahora se mantenían a una distancia prudencial, observándolo como si fuera una granada con el seguro quitado. Kai ignoró la tensión. Su mente estaba ocupada procesando la nota de cera negra que descansaba sobre su banco. "Cero Absoluto. Te estamos observando. El tiempo no es lo único que se puede romper." Acarició el papel. La textura era de alta calidad, un tipo de pergamino que solo los gremios de alto nivel o las organizaciones clandestinas podían costear. Alguien había entrado en su casillero, evadiendo los sistemas de seguridad de la Academia, solo para dejarle un mensaje. No era una amenaza común; era un reconocimiento. Análisis de riesgos: 1. Identidad del remitente: Probabilidad de Gremio Independiente (40%), Organización Antigobierno (35%), Entidad desconocida (25%). 2. Intención: Reclutamiento o eliminación. 3. Tiempo de respuesta estimado: 48 horas antes del próximo contacto. —Caballero. —La voz profunda del Sargento Varg rompió su flujo de pensamientos. El instructor estaba parado en la entrada del vestuario. Sus brazos cruzados dejaban ver las cicatrices de encuentros con bestias de Rango S. Miraba a Kai no con desprecio, sino con una curiosidad analítica que era mucho más peligrosa. —El Director quiere verte. Ahora —sentenció Varg. Kai asintió. No mostró sorpresa, aunque en su mente ya había calculado este escenario desde el momento en que Ryner tocó el suelo de la arena. Ganar era necesario para sobrevivir, pero ganar de forma tan inexplicable atraía el escrutinio de los de arriba. Y en un mundo de poder, lo que no se entiende, se intenta controlar o se destruye. Caminó por los pasillos de mármol de la zona administrativa, consciente de que cada cámara de seguridad estaba siguiendo su rastro. Al entrar en la oficina del Director, se encontró con una habitación que destilaba autoridad. El Director Thorne, un hombre cuya habilidad de [Manipulación de Gravedad] lo hacía uno de los pilares de la ciudad, estaba sentado detrás de un escritorio de obsidiana. —Kai Caballero —dijo Thorne, sin levantar la vista de unos documentos—. Rango F. Habilidad: Eco de Retraso. Diez años de informes que indican una latencia física del 100%. Y sin embargo, hoy dejaste en coma al mejor prospecto de Rango B del año. Explícame cómo un "error del sistema" logra eso sin hacer trampa. Kai se mantuvo en el centro de la habitación. Sabía que Thorne estaba usando una fracción de su gravedad para presionar sus hombros, una prueba de voluntad. —No hubo trampa, Director —respondió Kai. Su voz llegó dos segundos tarde, manteniendo esa cadencia extraña que ahora resultaba inquietante—. Solo hubo geometría y matemáticas. Ryner es rápido, pero su trayectoria es predecible. Si sabes dónde estará un objeto en dos segundos, no necesitas ser rápido. Solo necesitas estar allí antes. Thorne levantó la vista. Sus ojos eran como pozos oscuros. —Muchos lo han intentado. Nadie con un Rango F ha logrado sincronizar ataques de eco con tal precisión. Los expertos dicen que tu habilidad es pasiva, que no puedes controlar cuándo se manifiesta el efecto. —Los expertos se equivocan porque analizan mi cuerpo, no mi entorno —replicó Kai—. Mi habilidad no es un retraso de mis acciones, es una grabación del espacio. Si aprendes a leer la cinta, puedes decidir qué parte de la grabación reproducir. La mentira era sutil. Kai no quería revelar que su mente había evolucionado para procesar la realidad en múltiples capas temporales. Prefería que pensaran que era un genio técnico, un estratega obsesivo, antes que un mutante temporal. Thorne guardó silencio durante un largo minuto. La presión gravitatoria en la habitación aumentó ligeramente, haciendo que las juntas del suelo crujieran. Kai no flaqueó. Su "Eco" mental estaba calculando el punto de ruptura de la estructura de la oficina. —El Gremio Colmillo está furioso —dijo finalmente Thorne—. Ryner es el hijo de su líder. Dicen que usaste un artefacto prohibido para simular ataques invisibles. Quieren que seas expulsado y entregado para una "inspección de seguridad". Kai entrecerró los ojos. Sabía lo que significaba una "inspección" en manos de un gremio herido en su orgullo: disección o esclavitud por contrato. —¿Y qué dice la Academia? —preguntó Kai. —La Academia protege a sus talentos... siempre que sean útiles. Demuéstrame que lo de hoy no fue un golpe de suerte. Mañana hay una incursión de práctica en las Mazmorras de Nivel 1. Irás como líder de un escuadrón de "Descartes". Si logras que todos regresen con vida usando tus "estrategias", ignoraré las demandas del Gremio Colmillo. Si fallas... bueno, el río bajo el puente Siete Almas es muy profundo. Kai salió de la oficina con una nueva variable en su ecuación. Era una trampa. Thorne lo estaba enviando a una mazmorra con los estudiantes más débiles, probablemente con la esperanza de que muriera "accidentalmente" para calmar al Gremio Colmillo, o para ver si realmente era el genio que aparentaba ser. Al regresar a su habitación, Kai se sentó en el suelo y sacó su cuaderno de cuero negro. Empezó a escribir nombres. Necesitaba un equipo. Pero no quería a los fuertes; los fuertes eran arrogantes y difíciles de manipular. Quería a los rotos. Candidato 1: Lian. Habilidad: [Visión Térmica Débil]. Problema: Solo ve calor a 2 metros de distancia. Utilidad para Kai: Sensor de proximidad para ataques de eco en puntos ciegos. Candidato 2: Mina. Habilidad: [Endurecimiento de Uñas]. Problema: Inútil en combate frontal. Utilidad para Kai: Creación de trampas de micro-impacto. —Si el mundo me da descartes, construiré una máquina perfecta con sus piezas —susurró para sí mismo. De repente, un movimiento en la ventana lo puso en alerta. Un pequeño dron, no más grande que una mosca, revoloteaba cerca del cristal. Kai no se movió hacia él. En su lugar, lanzó un bolígrafo hacia la pared opuesta. Uno... dos... El Eco del bolígrafo no golpeó la pared, sino que se manifestó en el aire justo donde el dron intentaba maniobrar para escapar. El impacto invisible derribó al pequeño aparato, que cayó sobre su escritorio. Kai lo tomó y lo desarmó en segundos. En el interior, no había una marca de fabricante, pero sí un pequeño chip que proyectó un holograma de apenas tres palabras en el aire: "Fase 1: Superada." Kai aplastó el chip con el pulgar. Sus enemigos se estaban multiplicando, y el tiempo, aunque él lo dominara en ráfagas de dos segundos, se le estaba agotando en la vida real. Si quería sobrevivir a la mazmorra de mañana, tenía que perfeccionar su técnica definitiva. Pasó el resto de la noche entrenando en el espacio confinado de su cuarto. Lanzaba golpes rítmicos, moviéndose en una danza que parecía errática pero que seguía una secuencia matemática perfecta. Estaba aprendiendo a "apilar" ecos. Si lanzaba tres golpes al mismo punto con intervalos exactos, podía crear una resonancia que multiplicaba la fuerza del impacto original. Lo llamó [Impacto de Resonancia Cero]. A las 4:00 AM, Kai se detuvo. Sus manos sangraban ligeramente, pero su mente estaba en paz. Había trazado 142 escenarios posibles para la incursión de mañana. En 140 de ellos, su equipo sobrevivía. En los otros 2, él se convertía en algo que el mundo nunca olvidaría. —Mañana —dijo Kai a la oscuridad—, les enseñaré que no se necesita un rango para ser un dios. Solo se necesita saber dónde colocar la primera pieza del dominó. Se acostó y cerró los ojos, pero su cerebro continuó funcionando, simulando la mazmorra, las variables de los monstruos y la inevitable traición que Thorne le tenía preparada. Kai Caballero ya no dormía para descansar; dormía para calcular.
Editado: 29.03.2026