El sótano del Distrito 9 estaba sumido en una penumbra azulada, solo interrumpida por el parpadeo del transpondedor de datos que Kai había robado. Sobre la mesa metálica, el holograma desplegaba nombres, rostros y registros financieros. Eran los "perros" de Thorne: agentes que operaban en las sombras para mantener el control del Gremio Colmillo sobre la ciudad. —¿A quién estamos buscando exactamente? —preguntó Lian, frotándose los ojos cansados. Había estado vigilando los sensores térmicos durante seis horas seguidas. Kai no apartó la vista de la pantalla. Sus dedos se movían con una precisión mecánica, descartando perfiles de asesinos psicópatas y fanáticos leales. —Buscamos a alguien que tenga algo que perder, Lian. La lealtad en los gremios de élite no se basa en el honor, sino en el miedo o el beneficio. Si encontramos a alguien cuyo miedo al gremio sea mayor que su beneficio, tendremos nuestra entrada. Kai se detuvo en un perfil: Marcus Vane. Rango C. Habilidad: [Rastreo de Feromonas]. — Aquí está. Marcus ha servido a Thorne durante siete años. Según estos registros, su hija está enferma con "Anemia de Maná", una condición que requiere pociones de Rango A cada mes para sobrevivir. El gremio le proporciona las pociones a cambio de su silencio y su trabajo sucio. —Es un esclavo con contrato —susurró Mina, sintiendo una punzada de simpatía. —Es una pieza de ajedrez que ha sido sacrificada antes de empezar el juego —corrigió Kai— . Y hoy, vamos a ofrecerle un nuevo tablero. Esa noche, Kai se dirigió a los suburbios del Distrito 5, una zona residencial de clase media donde los empleados del gremio vivían vidas aparentemente normales. Marcus Vane caminaba hacia su casa, con los hombros hundidos por el peso de un día lleno de persecuciones y espionaje. No detectó a Kai; nadie detectaba a Kai si él no lo permitía. Usando el Cristal de Sincronía, Kai caminaba exactamente dos segundos detrás de la percepción sensorial de Marcus, moviéndose en sus puntos ciegos temporales. Cuando Marcus insertó la llave en su puerta, sintió un frío repentino en la nuca. —No entres todavía, Marcus —dijo una voz que pareció surgir del aire mismo—. Tenemos mucho de qué hablar sobre el cargamento de pociones que no llegará este mes. Marcus se giró rápidamente, activando su habilidad. Sus fosas nasales vibraron mientras intentaba rastrear al intruso, pero se quedó congelado. No había rastro. No había olor. Era como si estuviera hablando con un fantasma. —¿Quién eres? ¿Un enviado de los Gremios Rebeldes? Si Thorne se entera de que estás aquí... —Thorne cree que estoy muerto —dijo Kai, emergiendo de las sombras de un callejón cercano. Llevaba la capucha puesta, pero sus ojos grises brillaban con una intensidad que hizo que Marcus retrocediera—. Y si Thorne cree eso, tú también deberías estar preocupado. He visto los registros, Marcus. El Gremio Colmillo ha recortado el presupuesto de pociones de Rango A en un 15%. Tu hija no recibirá su dosis la próxima semana. Marcus palideció, su fachada de dureza desmoronándose. —¿Cómo sabes eso? Esa información es confidencial de nivel 4. —Soy el error que el sistema no pudo borrar —respondió Kai, dando un paso adelante—. No vengo a amenazarte. Vengo a darte una opción. En este frasco hay tres dosis de extracto de Núcleo Puro, recolectado directamente de la Mazmorra de Hierro. Es más potente que cualquier cosa que Thorne te haya dado. Kai mostró un pequeño vial de color azul eléctrico. Era uno de los núcleos inestables que había estabilizado usando sus Ecos de Resonancia para purificar las impurezas del maná. —¿Qué quieres a cambio? —preguntó Marcus, mirando el vial con una mezcla de hambre y terror. —Información —dijo Kai—. Quiero los códigos de acceso a la red privada de mensajería de Thorne. Y quiero que, la próxima vez que te envíen a rastrear a un "fantasma" en el Distrito 9, informes que solo encontraste ratas y escombros. —Si me descubren, me matarán. A mí y a mi familia —susurró Marcus. —Si no aceptas, tu hija morirá de todos modos —replicó Kai con una lógica brutal—. Conmigo, tienes una posibilidad de ganar. Con Thorne, solo tienes una prórroga de tu sentencia. Tienes dos segundos para decidir, Marcus. Mi tiempo es literal. Marcus miró hacia su casa, donde una luz tenue brillaba en la ventana del piso superior. Luego miró a Kai. Sabía que estaba pactando con el diablo, pero este diablo hablaba con una claridad que el gremio nunca tuvo. —Acepto. Pero necesito garantías. —Tus garantías son que sigo vivo —dijo Kai, lanzándole el vial. Marcus lo atrapó en el aire—. Mañana, a medianoche, deja los códigos en el buzón muerto del Sector 7. Si intentas traicionarme, recuerda esto: puedo golpear tu corazón hoy y dejar que deje de latir pasado mañana. No me verás venir, porque ya habré estado allí. Kai desapareció antes de que Marcus pudiera responder. El rastro de Kai no era físico, era temporal, lo que lo hacía imposible de rastrear para alguien con la habilidad de Marcus. Al regresar a la base, Kai encontró a Elara practicando con su vapor. Había logrado crear una esfera de agua tan densa que podía desviar la luz, volviéndose casi invisible por breves momentos. —El reclutamiento ha comenzado —anunció Kai, sentándose frente a sus mapas—. Marcus nos dará los ojos dentro del gremio. Lian, necesito que empieces a monitorear las frecuencias de radio que Marcus nos proporcionará. Mina, prepara los núcleos inestables. Vamos a crear una serie de "señuelos de eco" por toda la ciudad. —¿Señuelos? —preguntó Mina. —Haremos que el Gremio Colmillo persiga fantasmas —explicó Kai, una sonrisa gélida extendiéndose por su rostro—. Usaremos los núcleos para emitir mi firma de maná con retraso en diferentes puntos estratégicos. Mientras ellos gastan recursos persiguiendo ecos del pasado, nosotros estaremos golpeando sus fuentes de ingresos en el presente. Kai abrió su cuaderno y tachó el nombre de Marcus Vane de la lista de enemigos, moviéndolo a una columna nueva: Activos Involuntarios. —Fase 3: Infiltración Sistémica —murmuró Kai—. El Director Thorne cree que el tablero es suyo. No se ha dado cuenta de que ya he movido mis piezas antes de que él siquiera se sentara a jugar. La noche continuó en el Distrito 9, con el sonido de los teclados y el zumbido de los núcleos resonando en el sótano. Kai no sentía cansancio. Cada segundo que pasaba, su conexión con el Cristal de Sincronía se fortalecía. Empezaba a sentir que el retraso de dos segundos ya no era una limitación, sino una ventaja táctica que le permitía vivir en una dimensión donde el arrepentimiento no existía, porque cada acción ya había sido calculada, ejecutada y sentenciada antes de que el mundo pudiera reaccionar. —Capitán —dijo Lian, mirando una señal que acababa de entrar—. Marcus ha enviado el primer paquete de datos. Es... es el horario de transporte del Gremio para la próxima semana. Llevan un cargamento de Cristales de Despertar. Kai se levantó, sus ojos brillando con una luz peligrosa. —Ese cargamento no llegará a su destino. Es hora de que los "Descartes" tengan su primer gran banquete.
Editado: 29.03.2026