Cero

CAPÍTULO 17: Experimento

"Jiahh!" "Jiahh!" "Jiahh!"

El aliento frío salió entre los labios de Connor, blanco como humo, disipándose en la penumbra.

Se dejó caer contra el tronco áspero de un árbol, y el dolor en su costado lo obligó a apretar los dientes. La herida ardía como fuego líquido. Sus ojos, cansados y turbios, se movían de un árbol a otro.

—Oye… —murmuró, y luego, más alto, golpeándose suavemente la sien con los nudillos—. Oye.

El dolor en la cabeza se mezcló con un mareo, pero no le importó. Otra vez:

— niño.

"¿Me llamas? —la voz resonó, frágil y lejana— Es raro que inicies la conversación."

—¿Qué fue lo que vi? —su voz salió ronca, como si hablara con la garganta llena de ceniza—. Vi un hospital.

El silencio se alargó. Ni un insecto sonó. Connor golpeó otra vez su sien, más fuerte, sin lastimarse.

—Niño. Respóndeme… —gruñó—. ¿Por qué vi un hospital? ¿De qué doctor hablabas? Y Dylan… ¿Cómo demonios se convirtió en un monstruo? Él no debió… no debió morir después de que…

"No"

La voz lo interrumpió, cortante. Connor alzó la vista hacia la nada, su respiración se quebró.

"No creo que se haya convertido en un monstruo como ellos… o como los que tú conoces. Dylan es diferente."

Connor esta vez no respondio, estiró sus piernas y luego, apreto sus rodillas contra su pecho. A punto de esconder su rostro, escuchó:

“Levántate, ¿no irás por zoe y los demás?”

Sus ojos rodaron y apreto sus piernas.

— No me cambies de tema, mocoso. Respondemme, ¿qué exactamente es Dylan? Me atacó tan fácil … ¿no se supone que yo sería el más poderoso? — su voz se quebro, irritado— dijiste que soy el primero en la lista.

“Lo eres … eres unico. Y, por unos minutos yo también lo fui. Antes de morir”

Connor alzó la mirada, dudoso mientras aves se posaron en las ramas de los árboles alrededor de él.

"Jiahh!" "Jiahh!" "Jiahh!"

— Yo vi tus recuerdos, ¿no? — solto pero no espero respuestas— tú, eres la cura para que las personas no se conviertan en monstruos. ¿Que quisiste decir con los médicos son peligrosos?

“ Primero, no soy ninguna cura” — respondio rapido.

Connor alzó la cabeza y negó bruscamente.

— Pero, yo no me he transformado en monstruo, y es porque tengo tu poder y vives en mi.

"Jiahh!" "Jiahh!" "Jiahh!"

Las aves empezaron a rodear al muchacho, en una tormenta de aves. Connor solto sus rodillas, preparado para levantarse.

Y de pronto, todo se volvió oscuro.

“Aún tengo un poco de poder, déjame mostrarte algo”

De repente, todo cambió. La oscuridad se desvanecio, un día soleado brillo en una habitacion con balcón, vista al bosque, una silla de ruedas vacía a lado de una hamaca en un suave meo, sujeto a un niño.

“Ese día empezó con dos golpes en la puerta”

Aquel niño tomó un bastón. Como una polea, se inclinó y lanzó contra la silla. Con toda su fuerza en los brazos, se acomodo.

— Es hora — un hombre, anciano y de sonrisa amable se asomo— andando, mi niño. Seguro hoy será nuestro ultimo dia aqui, será una lastima, ¿no? este bosque es lindo

— ¿A dónde iremos? — preguntó el niño. Estiró su cuello, sus ojos pegados al anciano calmado.

— En la ciudad, conozco a unas personas que te van a cuidar bien.

— ¿Este poder — susurró el niño— en verdad salvará al mundo?

Bajo su mirada a sus manos, brillando en un leve amarillo.

— La voz de un hombre a veces me habla, me dice que no deberiamos estar aquí …

— Te lo juro, yo mismo te sacaré de aquí —susurró el viejo. Se agacho un poco, cerca al niño— no deberia existir sufrimiento.

Avanzaron por un pasadizo blanco, el niño vio cada mayolica cuadrada hasta que un par de pies se acercaron. Cuando volteo, un médico, vestido de bata blanca y lentes de aumento.

Su saludo fue simple, alzaron las comisuras de sus bocas, en una delicada sonrisa. Pero, el más viejo no sonrio. Pasó de largo apretando sus postizos.

— Brujo de la grasa — gruño lo más bajo posible.

“Nunca entendi lo que quiso decir, aunque tampoco pude preguntar. Cuando llegué a la sala, mi médico estaba ahíy ese hombre tan misterioso también”.

— Será una anestesia profunda, pero no te preocupes todo saldrá bien, señor wiracocha — dijo el médico con lentes.

Su sonrisa se amplió, pero no hubo ternura. Era un genuino interes por el muchacho.

Meditabundo, sintio cada cable conectarse a su cuerpo, cada pincho y un dolor en la espina dorsal. Cada vértebra y lentamente su cadera.

Su pelvis se movio sola y una gran mancha de sangre brotó de su abdomen hacia la tela blanca.

—Él es compatible. Hasta ahora, fue el único que logró pasar cada prueba —dijo un médico uniformado, revisando el cuerpo inmóvil.

— Ni siquiera la sangre de los monstruos pudo corromperlo —exclamó emocionado otro médico, con el rostro cubierto por dos capas de mascarilla—. No solo es compatible… ¡Él puede ser la cura!

“Despues de eso … No recuerdo nada. Pero, cuando desperte, te escuché. los jiahh jiahh te dieron una oportunidad” — volvió a hablar el niño— “por eso lei tu mente … sufriste y decidi apoyarte.”

Connor abrio los ojos, de vuelta al bosque. Sus ojos volaron a cada ave abriendo vuelo. En poco tiempo, se quedó solo.

— no eres un experimento, ¿Wiracocha?

“ya no siento nada …te mostre mucho — la voz del niño se acortó— pero yo no soy wiracocha. Solo tengo su sangre, y como vivia en ti, tu has estado alimentadote de mi sangre —cortó él, con dolor — Usando el poder de la deidad, por eso, eres el primero en la lista”

— Espera —Connor interrumpio— ¿vivias?

Se levanto rapido. Tanteo su cuerpo y luego su cabello.

Sus ojos brillaron amarilentos, el lugar se torno negro. Mareado, negó varias ceces y cuando volvió a abrir los ojos, se encontró parado sobre una laguna, una sola capa de agua y al frente, aquel niño de ojos rojos.




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