El frío de la noche empezó a atacar sobre los rostros de cada adolescente y Emanuel. Él volteó de reojo a los menores, algunas chicas apretaban sus manos entre sí, resistiendo al miedo.
— No se separen —ordenó con voz baja, casi un susurro áspero que, aun así, resonó entre los árboles.
—No, sí deberían —se escuchó.
En segundos, apareció Karina junto a aquel profesor. Zoe tragó saliva, el sudor frío pegándose a su cuello. Sus ojos se clavaron en Karina, o en lo que quedaba de ella.
— Karina …
Zoe inclinó su cabeza, apretó sus manos detrás de su cuerpo. Y por el lado de Karina, ella entrecerró sus ojos, desbordó una sonrisa fascinante ante la chica de mirada triste.
— Me alegro que estés viva Zoe — siseo Karina. Relamio sus dientes alegre — te comeré.
Emanuel avanzó un paso y empuño su rama como espada. Sujetada por sus dos manos, su espalda fue hacia atrás aportando fuerza hacia atrás. Se interpuso entre ambas.
— Sebastian — anunció Emanuel hacia el profesor musculoso que hacía bailar sus hombros— lo siento, pero tuviste que correr más rápido. Teníamos que salvar a los niños.
— Ah —gimió el monstruo musculoso— ¿que no sabes? este profesor empujó a la vieja jazmin. Fue tragada por un mocoso convertido en monstruo y Sebastian huyó. Claro, que el tarado no tuvo suerte y me lo Comi. Ahora tengo su cuerpo, él es muy sano y muy fuerte.
— No puede ser — anunció Karina — esta niña sigue enamorada de este estupido.
—Atrás todos. —Su voz sonó seca. Emanuel fue firme delante de los adolescentes.
—No —dijo Zoe aún con su rama. Se adelantó con un movimiento brusco. Su voz temblaba, pero se mantuvo en pie—. Yo quiero hablar con Karina.
Emanuel la miró como si estuviera loca, pero los ojos de Zoe no se movían del monstruo.
—Karina, no con la cosa que se comió a Karina. ¿Me escuchas?
Por un instante, los gruñidos de Karina se detuvieron. Su sonrisa se congeló, y en sus pupilas, como un parpadeo maldito, surgió una chispa humana.
—¿Hablar? —susurró Karina, arqueando la cabeza como un ave carroñera—. ¿De qué? ¿De béisbol? Maldita estupida, esta niña te repudia quiere verte muerta, escucharte gritar mientras te como viva. Escuchar tus hueso romperse y tu último aliento
Karina empezó a reír, ni siquiera se cubrio la boca. Sus hombros temblaron en cada gimoteo, sus ojos enfocados en Zoe apretando sus puños , aguantando el miedo, mientras el frío viento golpeaba su cabello en un rapido estremecimiento.
— jaja … Karina es una sádica, ¿no crees?
Zoe apretó los puños.
— No … — susurro Zoe.
Hinchó su pecho, en una profunda respiración. Aguantando el miedo de desviar abajo su mirada.
— Karina es una buena chica — gimoteo con fuerza — nunca se rinde, es de las personas que no dejan de entrenar. ¡Aún si ella me odia!, ¡siempre, ¡SIEMPRE! ¡trabajo para el equipo! Para que todas podamos ganar!
Un gruñido brotó de Karina, esta vez más bajo, más visceral. Su rostro se retorció, entre sonrisa y rabia.
— Zoe, cállate — pidió Emanuel
Fue entonces que Zoe se alarmó, lo vio a él y luego apretó sus labios. Sin embargo, los labios de Karina temblaron.
— Una imbécil —dijo Karina— ¡una completa imbécil!
La voz se quebró, entre humana y monstruosa.
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“Una imbecil”
Ese día que ganamos el trofeo de béisbol, una hora antes yo no pude tener un home run. Mi bate …
Yo, no lo logre. Fueron tres intentos y no pude, volvi a la banca y ahí, Zoe se preparó y me dijo.
— ¡Oye Karina! No te estreses, esas chicas están locas. Pero, ¡Podemos vencerlas!
Justo después, hiciste un home run. Ganaste.
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— Lo odié… Te odié porque tú sí lo lograste, Zoe. Tú siempre fuiste la estrella. ¡LA MALDITA SUERTUDA!
La voz de Karin se quebró, entre humana y monstruosa. Sebastian dio un paso adelante, pero Karina extendió su brazo y lo detuvo, casi reclamando la presa como suya.
Su brazo se pintó. Líneas la rodearon hasta sus manos, pinchos puntiagudos y afilados crecieron.
Zoe tragó saliva, dio un paso más y gritó con una fuerza que ni ella sabía que tenía:
—¡Yo también me equivocaba, Karina! ¡También fallaba, pero quería que lo intentaras conmigo! Siempre quise que todas llegáramos juntas. Y todavía — pauso y volvió a respirar — ¡Escúchame bien! quiero ir a la universidad con Connor, quiero tener reuniones después de graduarnos… y no voy a dejar que ni siquiera tú nos detengas! ¡Haré que todos podamos volver a ver a nuestras familias! ¡QUIERO QUE TODOS VIVAMOS! ¡MALDITA SEA!
Las palabras se reventaron como fuego en el aire. Los adolescentes detrás de ella dejaron de temblar; Leonardo la miraba con los ojos brillando, como si Zoe hubiese encendido un sol en medio de la noche.
Emanuel apretó la rama con fuerza y sonrió apenas. Zoe, bajo su mano, tanteó aquel silbato en su bolsillo y lo tomó.
—Bien dicho.
Pero Karina gruñó, los músculos de su cuello inflándose, y de su espalda emergieron tentáculos que se agitaban como látigos.
— ¡Cállate, Zoe! voy a devorarte!
Levantó un árbol como si fuera un palo de béisbol.
Emanuel reaccionó y gritó:
— ¡Corran!
El tronco se desplomó sobre ellos. El grupo gritó y se dispersó por el bosque, chocando entre ramas y raíces, algunos arrastrando a otros de puro instinto. Leonardo apenas logró jalar a Dante; Emanuel se lanzó detrás de un árbol, y Zoe, con un gesto desesperado, llevó el silbato a sus labios.
El pitido retumbó, largo, intenso.
Karina y Sebastián se detuvieron en seco, cubriéndose las orejas monstruosas. El sonido parecía desgarrar el aire. Hasta Morales y Dylan, a la distancia, interrumpieron su brutal combate, gimiendo de dolor.
Y entonces…
“Woof.”
.
.
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El mundo se apagó. La visión de Zoe se volvió blanca, el ruido del bosque se disolvió. Sintió un calor envolver su cuerpo, llenando poco a poco su corazón. Su pulso, antes frenético, se calmó lentamente. Lágrimas calientes rodaron por sus mejillas.