La madera quemada brillaba en la noche como brasas vivas. El aire olía a resina y ceniza.
Leonardo, con el cuerpo raspado por la huida, se arrastró por el suelo y vio a Dante respirando con dificultad, el pecho subiendo y bajando con dolor. Levantó la vista y se quedó helado: Vio a Zoe en el medio del claro, rodeada por pequeños pedazos de fuego y dos pedazos del tronco dividido y al frente, un perro en llamas.
—Qué… qué mierda pasa aquí… —susurró Leonardo.
Karina frunció el ceño, las venas de su cuello palpitando mientras sus látigos se agitaban nerviosos. Miró a Sebastián, ambos con la misma duda en el rostro, ante esa criatura imposible.
—¿Qué es eso? —gruñó Karina.
Zoe, tambaleante, se sostuvo firme y en poco tiempo, se enderezó. Aunque el sudor y las lágrimas aún brillaban en su cara, dejó escapar una sonrisa tenue.
— Se llama Terri
El animal resopló, las llamas que lo cubrían se alzaron como un faro.
—Fue mi perro—continuó Zoe, con la voz cargada de emoción y rabia—. Murió en la primera ola, hace siete años, pero siempre estuvo conmigo. Siempre fue él quien me protegió … ¡Si! soy una maldita suertuda!
Esa vez sonrió, confiada.
“Woof”
El ladrido resonó como un trueno. Las llamas alrededor del golden retriever crecieron, iluminando todo el claro con un resplandor anaranjado. Los adolescentes, escondidos tras los árboles, sintieron que por primera vez la oscuridad retrocedía.
Emanuel apretó la rama con tanta fuerza que sus nudillos crujieron, y sus labios se curvaron en una sonrisa breve, incrédula.
— Un perro guardián… —murmuró, casi para sí mismo.
Karina rugió, mostrando sus dientes afilados.
— ¿Y CREES QUE ESO ASUSTA?! — grito Karina— ¡Voy a arrancarte esa sonrisa de una vez!
Dio un paso adelante, todo su cuerpo empezó a transformarse. Su piel se desprendio, ondeando en fragmentos hasta solo ser músculos convertidos en cuchillas. Sus piernas se transformaron en grandes piernas preparadas para correr grandes kilómetros.
Los tentáculos se agitaron, se envolvieron en una pinza. Como un escorpión. Sebastián gruñó con furia, sus garras arañando la tierra. Sus huesos se dislocarón, en un sonido doloroso que afectó los oídos a los más cercanos. Mientras su cuerpo se transformaba, cuatro patas aparecieron en su espalda.
Su mandíbula bajó centímetro por centímetro, afilados dientes crecieron mientras su rostro se dividía en dos. La mayor parte por su quijada a punto de devorar cuerpos.
Dio un solo paso, cuando un fugaz rayo rojo se atravesó por su lado. Cuando se dio cuenta, su tercera pata fue arrancada, ahora en el hocico del perro de fuego.
“Woof”
— Buen muchacho —susurró ella.
— Ya me tienen harta — masculló Karina y dio un paso adelante. Su cuerpo destruido con varios látigos volando por su cuerpo— ¡LOS MATARE A TODOS!
Alzó cada uno de sus látigos convertidos en dagas, pero de pronto dos espadas voladoras cortaron sus dagas. Después, más espadas, cortaron su cuerpo.
— No, yo los mataré a todos.
Se escuchó cerca, Connor llegó a lado de Renato y Diana, sus ojos rodó sobre ambos monstruos. Los analizó con cuidado, los dos pedazos de tronco quemados, el perro y al final a Zoe con el silbato en las manos.
Sus ojos lagrimosos, como la primera vez que lo vio tras renacer y sus manos apretaron el silbato. Sonrió al verla, orgulloso.
— Mataré a cada monstruo.
— ¡No, si yo te mato a ti! — Sebastian grito.
Se lanzó sobre Connor, pero terri saltó a Sebastian. Usó su cola para enrollar el cuerpo del monstruo y lanzarlo contra el suelo. En segundos, rostizó a Sebastian.
“Woof”
El hocico quemado del perro se recuperó, las flamas por su rostro se apagaron y por unos segundos, se vio a un golden retriever. Esa vez, Connor se sorprendió, tomó su báculo y se lanzó contra Sebastian. Clavó su arma contra su pecho.
“Activa el aro de luz — se escuchó de aquella voz infantil”.
Y tal como escuchó, lo hizo. Un aro amarilo se dibujó debajo del monstruo, el viento y la tierra se levantaron. Bajo los pies de Connor, el monstruo empezó a derretirse hasta volverse coágulos de sangre y terminar como una simple mancha de sangre seca.
Sin poder hablar, Connor dio unos pasos atrás.
“Woof”
— Woow …— susurró y se agacho al perro. Lo acaricio— hola terri. ¿Cómo estás aquí?
— Al parecer, soy un alma generosa y un corazón honesto — Zoe llegó a ellos — ¿Crees que él me protege del virus?
— Tendría sentido, siempre has tenido suerte — Connor se acercó a ella y tomó el silbato de sus manos— buen trabajo.
Zoe extendió su sonrisa.
— Entonces, ¿volvimos a ser amigos?
Connor alzó una ceja, revisó la palma sucia de la joven. Fue entonces que sus ojos viajaron por su cabello con cenizas de madera, mejillas rojizas, ropa sucia y zapatos llenos de lodo. Con cada paso, su expresión se suavizó.
Su mano se levantó,a punto de estrecharla cuando vio los pedazos de Karina juntarse a velocidad. Se tejieron fácilmente hasta que un látigo con daga voló a ellos. Entonces,apretó la muñeca de Zoe y la jalo detrás de él. Terminó arrodillada, con el impacto de navajas y báculo resonando sobre ella.
— Muerete de una vez — gruño el adolescente.
Karina pudo escucharlo, al mismo tiempo que varios látigos se alzaron. En el momento que uno se acercó a Leonardo, Dante con su última fuerza empujó a su amigo, la daga terminó en su espalda. Junto a cuatro adolescentes más, los cuerpos se levantaron.
Brochetas humanas en cada látigo. Se escucharon los arrullos de dolor y gimoteos ahogados mientras se deslizaba poco a poco.
Pronto, el claro se pintó en charcos de sangre, brochetas de cuerpos hundidos por las dagas.
— Que horror —connor gimoteo, se puso delante de Zoe. Cubriendo su cuerpo del ataque.
Pudo ver de reojo, Dante cayó al suelo con un hueco en la espalda.