Caminaron mucho, tal vez demasiado entre tantos árboles y una línea de rocas ordenadas.
« ¿Por qué? » fue en lo único que pudo pensar Zoe. Después de las pruebas, por alguna extraña razón los separaron en dos filas.
« Esto es demasiado raro » siguió ella. Fue obediente en caminar, un poco alejada de los militares. Aunque, algo en su garganta le pico. En esas dos filas, el profesor Emanuel y Leonardo estaban en su misma fila. Tres pasos adelantes, otros adolescentes. En la fila opuesta, rostros que pasaban entre el miedo, la incertidumbre y cansancio.
La sensación fue inquietante. Como si esa división no fuera casual.
Fue entonces que desvió su mirada, solo un poco, hacia la maleza. Allí Terri avanzó en paralelo, silencioso, casi fundido con la oscuridad.
« Por favor ten cuidado » fue lo único que pensó antes de voltear hacia atrás.
« Tú también, Connor. »
El bosque ardía en varios puntos. Lenguas de fuego iluminaban los troncos y, entre el crepitar, se escuchaban disparos lejanos. Secos. Constantes. Zoe tragó saliva.
Apretó los dedos alrededor del bate, aunque ya no lo necesitaba. Leonardo lo notó. Primero dudó antes de tensar la mandíbula, la concentración de la chica lo obligó a revisar su alrededor.
Sus compañeros, profesor y los militares.
Sus ojos viajaron rápido, como si debatiera algo consigo mismo antes de detenerse, mientras Zoe continuó su caminar ajena a todo y todos. En el momento que se encontró cerca de él, tomó la de Zoe.
El contacto la sobresaltó.
Giró el rostro, lista para apartarse, pero se detuvo. Leonardo le sonreía. No una sonrisa confiada ni burlona. Era pequeña, torpe, sincera. De esas que no saben esconder nervios.
— Al fin nos vamos a casa —susurró él.
Por un segundo, la escena le pareció casi irreal. Las luces en los cascos de militares parecía un fondo romántico bajo las estrellas y la mano cálida del chico contra la suya, por un segundo se sintió protegida.
Pero, el humo del fuego detuvo todo lo que podía sentir.
Con el olor de la maleza quemada extendiéndose en todo lo que una vez fue el bosque. Zoe retiró la mano con cuidado, pero con firmeza.
—Leonardo —dijo en voz baja—. Me gusta Connor.
Él parpadeó, sorprendido, aunque no molesto.
—Y quiero ir a buscarlo —añadió, con la voz temblando apenas—. No puedo quedarme aquí sin saber si está bien.
Leonardo asintió despacio, serio ahora.
— zoe, tu lo dijiste —Leonardo dio un paso a ella— ¿crees que Connor lanzó esa bengala por las puras?
— ¡ATENCIÓN!
El grito del militar los obligó a voltear, todos atendieron al equipo uniformado. Frente a una colina baja se pudo ver una carretera.
— Al fin saldremos — susurró emocionada una chica.
Cada uno empezó a llorar de la alegría, pero Zoe, por su lado, bajó la mirada y volteo lentamente hacia Terri sentado, esperando su orden.
— Nos van a traer dos camionetas, nos vamos a separar no se preocupen los llevaremos directo a su colegio! — anunció el militar — todos estan bien, asi que con calma vamos a esperar arriba.
Zoe lo comprendió bien, pero un segundo estallido de fuego la alarmó. Vio a todos caminar rápido, en pisadas firmes contra la tierra y luego, al fondo, hacia donde todos corrían, la berma maltratada. Por su lado, ella solo dio unos cuantos pasos.
Sintió un tirón en su corazón y exhalo con fuerza, casi desamarrando.
« Lo sé … sé que estoy haciendo mal.»
« Pero, quiero proteger a connor »
— ¿Zoe? — la escucho cerca de ella.
Leonardo, estaba sujeto con su propia fuerza de las piernas en la colina y sus ojos en la chica.
— ¿Qué pasa? nos esperan — anunció el profesor emanuel antes de ver a Zoe, enfocada hacia atrás— no, no otra vez.
Rápido, se dejó caer. aterrizó muy cerca a Zoe y tomó sus hombros.
— zoe, no puedes ir — dijo con fuerza— es hora de que pienses en tu propia vida.
Los ojos castaños de la joven volaron en el profesor, vio su furia, su miedo, sintió las pesadas manos del hombre en ella. Luego volteo a sus compañeros subiendo por la colina.
— Lo decidí — susurro zoe— ¡lo decidí!
La calma en sus palabras asustaron a Emanuel, apretó sus dientes en la impotencia por querer jalar a la joven y tener al frente suyo, escondido, a terri vigilando.
— ¿Que tipo de persona soy si no hago algo para ayudar? — soltó ella. Apretando el bate de béisbol— siempre quise ser el tipo de líder que … avanza con sus compañeros y que no se lleva el mérito.
Fue entonces que golpeó el bate contra el suelo. Su tono cada vez se hizo más serio, a punto de gruñir.
— Nunca quise matar a Alonso y no voy a dejar que Connor muera.
— Zoe — volvió a decir Emanuel.
La desesperación creció en el rostro de los dos hombres.
— Es así desde niños —continuó ella— impulsivo y ayudando … pero yo, solo me quedo sentada llorando. Antes no pude hacer nada, pero ahora
Zoe volteo a terri.
— Terri, ataca
Con solo una orden, el animal saltó separó al par de Zoe creando en el proceso una barrera de fuego que los obligó a alejarse y Zoe, una oportunidad para correr.
Militares también, corrieron al rescate de Emanuel y Leonardo.
Por otro lado, Connor avanzaba despacio, con el cuerpo inclinado hacia delante. Concentrado únicamente adelante, ni siquiera hizo caso a los militares esparcidos entre la hojarasca negra, algunos inmóviles, otros respirando con dificultad, apoyados contra troncos chamuscados. Cascos torcidos. Armas caídas. Uniformes manchados de hollín y sangre seca.
Connor pasó entre ellos sin mirarlos demasiado.
— O … Oye
La voz era áspera, rota, pero viva. Connor se detuvo apenas. Solo sus ojos voltearon. El hombre tenía la pierna torcida en un ángulo que no debía existir y la cara empapada de sudor frío.
—Co… corre —jadeó—. No te quedes aquí.
Connor lo observó en silencio, no respondió. Vio como el fuego iluminaba el miedo en los ojos del hombre, fue entonces que se acercó.