La campana del colegio sonó. Connor tomó su mochila, de nuevo en el silencio de un día aburrido. Con algún nuevo golpe en el cuerpo y en su rostro, desgano, un sentimiento derrotado como siempre.
Camino como cualquier otro día, la cabeza gacha esperando no ser visto.
— ¡Cero!
Volteo lento, Dylan lo siguió. Camino rápido, con su mochila en la espalda.
Fue entonces que se detuvo, preparado para el golpe.
“Connor, ¡CORRE!” — era la voz del niño.
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Un silbido largo y lejano rasgó el bosque.
Connor corrió sin pensar, lo más rápido que pudo. Usaba la corteza como apoyo para girar, se impulsaba chocando contra los árboles, arrancando trozos de tronco a su paso.
La madera crujía, se quebraba.
Entre el caos, alcanzó a ver a Dylan recibiendo cada impacto.
— ¡Fue sin querer! — gritó Connor—. aunque siempre quise golpearte las bolas.
— ¡VEN AQUÍ!
Dylan tomó el tronco en su espalda. Usó toda su fuerza y lo sujetó. Rugió, alto y fuerte, hizo vibrar las ramas y caer hojas. Bajo un poco su espalda y con una simple patada contra la parte baja del tronco, lo lanzó contra Connor.
El chico se dio cuenta rápido, su báculo apareció en sus manos, preparado. Pero, el tronco se pulverizó en potentes llamas delante de él. En reacción, dio unos pasos atrás, sin saber qué ocurrió, sus ojos volaron a cada lado del campo hasta que vio a terri y Zoe detrás de árboles.
— Zoe …
Un suspiro, un poco agotado. Pero pronto, sintió un gigante alivio en sus hombros.
— ¡IDIOTA! — grito de nuevo— ¿porque carajos no te fuiste con los otros?
Sobresaltada y con la respiración irregular, su pecho colgó en busca de aire, su rostro se distorsionó en lo desconocido. Cerró sus puños en el bate, sus cejas se apretaron y con la mirada fija en Connor, agrieto una amarga sonrisa.
— ¿PERO QUÉ TE PASA?!.
Aún paralizada, pudo inclinar el bate de béisbol contra el aire.
— ¡Sinvergüenza! — volvió a gritar ella— ¿sabes lo preocupada que estaba?
“Aj …” Como un motor de auto la boca de Dylan gruño. Un disgusto que salió desde lo más profundo de su garganta.
— Hola, zoe — siseo Dylan.
Zoe al fin volteo, su rostro cambió radicalmente al ver la piel colgada de ese monstruo.
— Dylan …
Fue un simple susurro. Un gesto sin expresión, un poco desagradable y un poco triste. La chica por un segundo pensó que Connor también tenía la misma expresión, pero en cuanto inclinó un poco su rostro, los ojos del joven se afilaron.
Un poco sanguineado, coronado por un brillo amarillo dibujado por el aro en sus pies.
— Te ves asquerosa —dylan gruñó llamando la atención de Zoe— demasiado sucia, ¿y ese bate?
Pronto, una pequeña sonrisa se levantó entre sus mejillas. Los dientes afilados y sucios relucieron a la vista de los adolescentes. Mientras un fuerte viento golpeo en la ropa y cabello de cada uno.
Como un incentivo, Dylan mostró sus colmillos, encorvó su cuerpo y con un simple impulso, fue hacia Zoe.
Un escudo dorado cubrió a la chica. Connor separó su báculo en dos, con dos espadas cortas corrió hacia él. Quería protegerla, es lo que pensaba al correr con todas sus fuerzas.
El reflejo dorado bajo sus pies brillaron inquebrantables sobre el escudo.
— ¡CERO! —grito Dylan
Un rugido, gargantuesco retumbó en sus oídos, Connor se detuvo un milisegundo pero fue suficiente para Dylan.
Con una sola mano, tomó el cuerpo de Connor, aun cuando fue perforado por sus armas, él se dedicó a una cosa. Matarlo.
Apretó su puño, las armas desaparecieron, Connor vomitó sangre por los nudillos gigantes del monstruo, el aro dorado parpadeo.
— ja, ja …
Gimoteos, casi susurros que Dylan no tuvo miedo en convertir en carcajadas, sin darse cuenta de su aspecto. Sus pupilas se delinearon en una fina línea, pixeleraron unas veces hasta que su atención cambió.
Sin Connor consciente, el escudo brillante sobre Zoe empezó a quebrarse.
Aunque duró más que las propias armas del chico, pero los crujidos de sus huesos fueron proporcional a cada quiebre de la media esfera protectora.
— Terri! — grito Zoe.
Pero Dylan dirigió a Connor hacia el perro.
— ¡Para! — volvió a gritar.
El perro cerró su hocico, su cola se volvió hacia abajo.
Un grito se escuchó, Zoe sintió su bate desaparecer, y en segundos, cambió de dirección. Alzó la cabeza, su protección se rompió en pedazos, unas gotas de sangre cayeron sobre su rostro. Connor gimoteo de dolor, sus ojos se cerraron con sangre por su ropa.
— ¿Qué dije esa vez? — dijo Dylan.
Sujeto la pierna de Connor, ajeno a todo lo que pasó a su alrededor, sin darse cuenta de las lágrimas que brotaron de Zoe, sin escuchar el sonido de los huesos de Connor al reconstruirse.
— Zoe — Dylan llamó.
Ella volteo a él, asustada. Sus manos subieron a su pecho, protegida por un salto de terri frente al monstruo.
— Acompáñame un rato.
Sus piernas largas le permitieron dar grandes pasos, mientras tanto su mano continuó jugando con Connor como si fuera un llavero colgante. Zoe intentó seguirlo.
Corrió a pesar de cada roca y raíz salida de los grandes árboles.
— Por favor, detente — ella corrió con fuerza.
Fueron varios pasos que hizo con sus ojos sobre Connor; mientras terri siguió su paso, en un trote rápido quemando la tierra bajo él y hocico candente de fuego.
Dylan permaneció reacio en su caminar, de vez en cuando revisó su alrededor hasta que volteo, sacudió a Connor el proceso. Gemidos salieron del muchacho al casi golpearse contra un árbol, parpadeo un par de veces.
Escucho los pasos fuerte del monstruo, escucho el gimoteo de Zoe al gritar por él y vio a terri correr.
Borroso y veloz, su visión nublada se interpuso sobre todo a su alrededor. En especial un árbol que flagelo por un instante antes de volver a su aspecto sólido.