Cero

CAPÍTULO 31: Amigos

“ Hubo una vez que me pregunté qué hubiera pasado si hubieramos sido amigos”

“No, yo no quería ser tu amigo”.

“Seguro tu tampoco querias ser mi amigo”

“Pero había otras formas de terminar esto”.

“Desapareciendo el ultimo dia de clases después de la entrega de diplomas mientras tu sufres las consecuencias de ser un mimado porque no estudiaste nada”

“ O yo convertido en militar como mi padre y tú … tu en la cárcel en un futuro”.

“De cualquiera de las dos formas ….

— No hubiera podido ser tu amigo — susurro connor.

El grito del monstruo hizo caer varios árboles detrás de ellos, mientras el báculo se acercaba más al corazón de Connor.

En una pelea de fuerzas, el báculo se inclinó hacia el cuerpo de Connor, el monstruo con más fuerza lo empujó para atravesarlo.

— Mierda …

Connor dio un segundo paso atrás.

Demasiada fuerza en un cuerpo que duplica el suyo y aliento que lentamente empezó a desaparecer.

Los gritos del monstruo eran eco en los oídos de Connor que no pudo evitar dar otro paso atrás. De repente sus sentidos se detuvieron, vio abajo.

Desvió su zapato y pudo ver una flor rota.

De repente sonrió, un sentir ahogado brotó de sus labios. Una última respiración antes de que el báculo se deslizara por sus manos.

Rápido, hizo que el báculo desapareciera y la mano del monstruo cayó sobre él. En el suelo, el monstruo saltó y volvió a golpearlo. Esta vez en su pecho, donde el sonido de los huesos fracturados de Connor solo eran indicios para animar al monstruo.

— Dylan! — gritó Connor.

Su mano fue hacia la flor.

Y el monstruo se detuvo por un segundo. Sus puños vibraron, quiso continuar golpeando.

— Mira, monstruo — Connor, continuó.

Enseñó la flor desaparecer en sus manos y crear una nueva flor, más linda y perfecta.

— Este es … e-el último — su voz ahogada se rompió.

Pronto la flor desaparece.

Un temblor inició, un sismo fuerte y rápido y un terremoto levantó al monstruo.

Grito por cada extremo, buscando una fuente desesperada mientras Connor con una mano se sentó. Inclinó un poco su cuerpo, estirándose al sentir cada hueso roto curándose en su ubicación.

En silencio, vio al monstruo. Aunque quiso comprender sus movimientos y gritos que lanzó, el dolor le provocó masajear su cuello.

— que raro —susurró él.

Nuevamente, sus ojos se encontraron con los del monstruo.

No era la última estancia de Dylan. Era rabia y miedo.

El monstruo se lanzó hacia él pero el báculo apareció, Connor empujó la base mientras la hoja dorada del arma apareció para arremeter en el corazón del monstruo.

Connor se levantó rápido, con toda la fuerza que le quedaba. Mientras se intensificaba el terremoto y con cada caída de los árboles, los talones del monstruo terminaron en el vacío.

Las garras en los pies de esa criatura se ajustaron en la tierra, arañando el borde mientras pequeñas piedras se desprendían hacia la oscuridad.

— Dylan —llamó connor.

El monstruo gritó.

Y Connor alzó la mirada. Vio su mirada, la misma intensidad que tuvo Dylan cuando lo mató.

Los mismos ojos buscando asesinar a alguien.

Espera, ¿Enserio voy a morir? Ni siquiera pude golpearlo.” ese pensamiento lo hizo sacudir la cabeza. Su propio recuerdo cuando Dylan lo lanzó por el acantilado sin poder defenderse.

— ¡DYLAN PEDAZO DE BASURA ESCUCHAME!

El monstruo gruñó. Sus garras se hundieron más profundo en la tierra mientras intentaba afirmarse.

— Se acabó el juego.

Connor soltó el báculo.

El monstruo se inclinó hacia atrás. Alzó las manos para detenerse, pero el puño de Connor aterrizó en su rostro.

La cabeza de Dylan se sacudió hacia un lado. Los dientes cayeron al suelo y el pedazo de tierra debajo de él desapareció. Un círculo perfecto se abrió bajo sus pies para dejarlo caer, mientras Connor solo observó desde su lugar.

El monstruo intentó saltar de vuelta al campo, estirando las garras hacia el borde, pero miles de portales aparecieron sobre él.

Eruptaron árboles y rocas.

Sin escapatoria.

Inició a escalar sobre ellas, empujándose entre troncos quebrados y piedras que caían sin cesar. Pero, en el momento en que tablones de madera lo golpearon, miró uno de los portales.

El más grande.

De donde salía la cabaña del campamento.

Solo con el sonido de los pedazos golpeando el cuerpo del monstruo, Connor se mantuvo en silencio.

No sonrió.

No demostró ningún atisbo de sentimiento por los gritos de Dylan, cada uno más recóndito y apagado.

Hundido por cada objeto que Connor creó.

— Nunca hubiéramos podido ser amigos — susurró el adolescente.

Exhaló con fuerza.

Giró sobre un pie y se volvió hacia el campo. Lo recibió un claro sucio y deshabitado. Solo quedaba un árbol en pie, perdido a lo lejos entre la destrucción.

Connor recorrió el lugar con la mirada.

Nadie.

—Apúrate —se dijo a sí mismo.

Alzó ambas manos.

Por un instante, el aire se deformó entre sus dedos.

Entonces el báculo reapareció.

Lo hizo girar sobre su cabeza y golpeó la tierra con la punta del báculo.

Un portal apareció debajo de sus zapatos, pero los cientos de portales que aún flotaban sobre el campo, los mismos que habían estado arrojando árboles y rocas contra Dylan, comenzaron a temblar.

Uno por uno se fusionaron.

Los círculos dorados abandonaron sus posiciones y se deslizaron por el cielo. Al principio despacio, luego cada vez más rápido. Chocaron entre sí, fusionándose en destellos cegadores.

Lentamente el portal se extendió, y la respiración de Connor se detuvo.

Los portales continuaron uniéndose hasta formar uno solo.

Tan enorme que cubrió gran parte del cielo.

—¿Qué...?

Retrocedió un paso.

Vio el cielo y luego la tierra llena de grietas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.