Cero

EPÍLOGO

Muchas horas después …

"Jiahh!" "Jiahh!" "Jiahh!"

— ¡Connor! ¡Connor! ¡Connor! ¡ABRE LOS OJOS!

"Jiahh!" "Jiahh!" "Jiahh!"

.

.

.

— ¡Debemos llevarlo al hospital rápido!

“¿Hospital?”

“El hospital … ese niño? ¿Dónde estás?”

Un par de ojos marrones se abrieron, una respiración agitada frente a un techo blanco en movimiento.

— Alejense, Connor Ayala abrió los ojos

Un extraño cosquilleo inundó su cuerpo al intentar levantarse. Mientras los gritos de adultos resonaban en ese pequeño espacio en movimiento, Connor pudo ver a su alrededor.

Enfermeros y guardias, dentro de una ambulancia. Todo pulcro y sin nadie conocido a su alrededor.

Por un instante pudo relajarse, pero en el momento que una línea dorada pasó por su vista, reaccionó.

Se sentó y detuvo a los adultos.

Por segundos, el sonido del tráfico era lo único que podía escuchar.

— Señor Ayala —dijo una mujer— debe calmarse, nos estamos yendo al hospital militar.

Connor volteó a la mujer, sus ojos grises debajo de un par de lentes no lo calmaron. En cambio, una nueva línea dorada cubrió su visión.

Fue entonces que hizo aparecer su báculo, golpeó a cada enfermero y en un simple golpe abrió en dos las puertas de la ambulancia.

En movimiento por la avenida, frente a Connor vio a un carro siendo conducido por Emanuel y a su lado Zoe.

— ¡CONNOR!

Su grito claro para los oídos del adolescente aceleraron su corazón.

No lo dudo, y saltó al techo de ese nuevo carro. Abrió la puerta y en un salto ingresó.

Leonardo fue el primero en sonreír, pero los ojos de Connor viajaron en su profesor y en Zoe.

— ¿Qué pasó? — susurro— zoe, nosotros estábamos

— El profesor nos sacó de ahí —dijo ella y mostró su brazo.

Un pequeño punto se tiño en negro.

— pero no entiendo — continuo connor — ¿porque yo estaba ahí?

— creímos que era una ambulancia normal — Emmanuel habló, su brazo afuera de la ventana intentando salir del carril.

— Pero sentí algo raro —zoe intervino— desde que me diste tu sangre, creo puedo sentir si te pasa algo. Estaba preocupada.

Tras sus palabras, una calidez cubrió el pecho de Connor. Esta vez con una respiración más profunda, no pudo evitar sonrojarse.

— ¿Qué mierda es eso?!

El grito de Emanuel obligó a los tres adolescentes voltear, hacia una silueta salir de un portal, al interior de la ambulancia.

Con una tijera blanca en mano, atravesó la cabeza de cada personal y apretó el cuello de la enfermera.

— Escapa — dijo Zoe— Emanuel, ¡voltea!

El carro dio un giro, cambió de carril y avanzó rápido. En ese corto tiempo, Connor estiró su cabeza, vio desde la ventana a ese hombre sacar una muñeca del cuerpo de la mujer.

Por un instante, perplejo Connor se sujeto del báculo.

— Oigan —empezó él— Déjenme aquí, debo regresar

— ¿De qué hablas? — Emanuel fue el primero en hablar.

Mientras Zoe inclinó su cuerpo hacia él.

— yo podía hablar con un niño. Él me dio este poder, debo regresar y buscar un hospital.

— ¿AH? — salió disparado de la boca del mayor.

Sus ojos en el retrovisor se dieron cuenta de la calma del adolescente.

— ¿Quieres volver? ¿estás loco? — Leonardo gritó en su oído.

Sujetó su ropa ensangrentada.

— Hagámoslo — zoe detuvo.

Los tres chicos voltearon a verla. Se revolvió en su asiento, y se arrodillo con su mirada sobre Connor.

— si en ese lugar, connor tuvo poderes y yo, pude encontrarme con terri. Tal vez, podamos saber porque aparecieron nuevos monstruos — su rostro emocionado retuvo las reacciones.

Demasiado inocente, o tal vez curiosa. Zoe no pudo evitar guiñar el ojo al adoolescente.

— Sea como sea, me vas a proteger, ¿no?

Su respiración se retuvo por un segundo, mientras sus hombros dejaron su tensión incomoda y sus cejas lentamente se relajaron; apretó sus labios aguantando una sonrisa genuina.

— Si, a todos.

Fue entonces que la velocidad del auto cambió. Emanuel aceleró y cruzó rápido por la avenida.

— Soy su profesor, así que los cuidare — dijo con tanta fuerza como al girar el carro— necesitaré algunas armas.

Connor trago hondo, sus ojos viajaron sobre cada uno de sus nuevos compañeros y sus manos apretaron el báculo en el regazo.

— Gracias.

— ¿Por cierto Cero, mataste a Dylan? — la pregunta atravesó en el auto. Leonardo apenas reaccionó con miedo— lo siento, co

— No sé qué le pasó — intervino Connor. sus ojos aún pegados al báculo— no creo que haya sobrevivido.

— Leonardo —llamo zoe— discúlpate bien, connor es

— Está bien — volvió a intervenir Connor— no sé si sigo siendo humano o no. Pero sé que puedo hacer más cosas que cualquiera, así que me gusta. Ser cero.

Nota de la autora:

Hola a todos, muchas gracias por acompañarme en esta novela, muy pronto podrán conocer el final de la saga.

Por Favor, esperenme.

Nos vemos en Septiembre.

Mientras tanto, sean bienvenidos a leer la primera parte de esta saga: Katu la bruja de la isla.

También pueden leer Atte. El fantasma, una novela de misterio , venganza y un poco de romance.




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