POV. CHARLOTTE
viernes 01 de agosto de 2025
No entiendo por qué nadie se se acerca.
O sea, en serio.
Hay filas absurdas en otros stands y en librerías que venden libros comunes, manoseados, gente cargando bolsas llenas de libros que probablemente no leerán... y, en cambio, dicho stand frente a mí está completamente vacío. Es pequeño, está un poco escondido, pero visible. La chica rubia que está parece estar expectante quién pasa, intenta regalar volantes, pero a duras penas la gente lo recibe y otras simplemente la ignoran.
Opté por continuar, no solo estoy aquí para comprar libros, la principal razón es por la conferencia de una autora que llevo tiempo esperando hace más de cinco meses desde que anunciaron que llegaría a la feria del libro de este año.
Miro mi reloj. Son las dos y media de la tarde, me quedan dos horas para seguir recorriendo stands. Recuerdo que el año pasado había un gran stand de juegos de mesa donde compré tres juegos, así que me dirijo para allá, esa tienda tiene una dinámica muy divertida. Colocan mesas, y en cada una de ellas hay juegos al azar, cada vendedor se encarga de explicarte la mecánica de varios juegos y puedes interactuar con más personas, como estoy sola, iré a ver que juego me interesa y a observar a los jugadores.
El país invitado de este año es Italia, al entrar por la entrada principal, hay una gran maqueta de la Torre inclinada de Pisa y la decoración tiene mucho que ver con esa cultura, pequeños modelos de como son las casas en ese país, y hay varios lugares donde puedes tomarte fotos, si hubiese venido con mi mejor amiga o con mi hermana estuviéramos acomodándonos en cada rincón para sacarnos una foto.
—Buenos días señorita —dice un joven—. ¿Puedo ayudarla en algo?
—Buenos días. —Sonrío—. Estoy mirando. Gracias.
—Estaré por allá si me necesita.
El joven se aleja, quiero mirar varios juegos sin la presión de tener a alguien a mi lado, aunque sé cual es el juego que exactamente me interesa. La semana pasada entre miles de videos que me aparecen en tik tok, me emocionó un juego en particular, bueno, dos, así que los buscaré para comprarlos. Salem 1692 y hombres lobo de castronegro.
No tardé ni diez minutos en aquel stand cuando salí con mi bolsa de compras en la mano, la gente era cada vez más, el bullicio se hacía más latente, así que hui antes de que el lugar esté abarrotado, ahora iré en busca de algún libro interesante, no tengo en mente que quiero comprar pero si veo una portada que me llame la atención no dudaré en llevármela.
Recorro cada stand, mirando portadas, leyendo títulos al azar, deteniéndome donde no hay mucha gente y alejándome del bullicio si es que se volvía demasiado, la feria está llena, pensé que al llegar lo más temprano posible un día de semana no me encontraría con tanta gente, pero me equivoqué, igual, decido seguir caminando, mi reto de hoy es solo comprar uno o dos libros. Años anteriores decía lo mismo y salía con diez, quince libros.
Camino, pero por instinto vuelvo al stand vacío y observo que la gente sigue sin acercarse, frunzo el ceño pero sigo sin entender a que se debía. Sigo mi camino, aún me queda mas de una hora.
Una vuelta.
Vacío.
Segunda vuelta.
Vacío.
Tercera vuelta.
Vacío... otra vez.
Decido acercarme, estoy juzgando a las persona que no lo hacen y terminé metida en ese grupo. La joven impopular observa que me acerco a ella, sus ojos se abren, se le asoma un brillo y una sonrisa y junto a ella unos pequeños hoyuelos en sus mejillas. Se levanta de inmediato y me saluda.
—Buenas tardes señorita —dice, con una amplia sonrisa.
Una sonrisa muy contagiosa.
—Hola —dije, sonriendo.
Me quedé estática por un momento, pensando y mirando alrededor, y ahora entiendo un poco más por qué la gente no se acerca, literalmente no hay nada, no hay exhibiciones de libros, no hay juegos, no hay accesorios de libros, papelería, nada. Lo único que hay, es una mesita al pie del stand y unos veinte libros de un autor que desconozco.
La joven ríe, imagino que vio la confusión en mi rostro.
—No es una librería. Decidí alquilar este pequeño stand para promocionar mi libro, soy escritora, no hay editorial que confíe en mí, pero yo si lo hago —dice, rompiendo el silencio un poco incómodo que se había formado.
—Entiendo.
Me quedé en silencio por unos segundos.
—¿De qué trata?. —Sostuve uno de los libros e inmediatamente mis fosas nasales se inundaron de una mezcla de tinta de impresión y papel recién cortado, una sonrisa involuntaria se formó en mi rostro. Me detuve ante la portada. Un contraste de rojo y negro. En el centro, dos coronas doradas idénticas están unidas por sus bases, una apuntando hacia arriba y la otra invertida. No están solas; cadenas oxidadas se entrelazan en ellas. Acaricio la portada, mis dedos se deslizan fácilmente, siento un pequeño relieve en las letras y en la imagen —. Coronas de oro de Ada Vosbein.
—¿Te gusta la portada?
—Me encanta.
—Coronas de oro es el primer libro de una trilogía.
—Cuéntame un poco —insistí.
—Te vas a sumergir en una guerra entre dos naciones. Un mundo donde hay humanos, gente con poderes divinos y magos. —Eleva sus manos—. Una nación quiere acabar con los divinos y magos, la otra quiere salvarlos para eliminar solo a los humanos. Dos reyes, una guerra interminable, muchas personas muertas, sublevaciones, resistencias y mucho más.
La rubia baja sus manos. Me sostiene la mirada con una ligera sonrisa, invitándome a hablar.
—Cuéntame más— insistí.
—Tengo que dejar algo para cuando lo leas. Te va a gustar mucho, y no es porque lo haya escrito.
Reímos al mismo tiempo.
—Se ve interesante, y me parece raro que nadie se acerque —dije, confundida.
—Las personas van donde hay muchedumbre, y no se acercan a un stand vacío, porque eso es sinónimo de "un asco" —Ríe fuerte—. No me molesta, me frustra pero no me molesta, de todas maneras, esta es una de las muchas vías que tengo para promocionar mi libro.