Charada

Capítulo III

POV. CHARLOTTE

Martes 05 de agosto de 2025

Camino de un lado a otro, el tiempo pasa mucho más lento cuando uno trabaja, tengo mil informes por hacer y recién he terminado el primero, tengo que agradecer que mi colega ha tomado mis pacientes de la tarde, porque sino, estuviese atada a este consultorio toda la semana. Miro el reloj de la pared, son las tres de la tarde y estoy lejos de terminar, la idea es salir de la clínica a las cinco de la tarde para llegar justo a tiempo al club de lectura, pero así como voy, me temo que llegaré un poco tarde.

toc toc

—Adelante —digo, sentándome en la silla.

—Luciana me dijo que hoy no has salido de la oficina, te traje un sándwich de pollo —dice Victoria.

Victoria es de las pocas amigas que tengo en la clínica, es la jefa de pediatría, su área está contigua a la mía. Nos conocimos en una de las tantas reuniones que se tienen con los jefes de servicio, yo soy jefa de ginecología y obstetricia, nuestras áreas siempre tienen que estar en constante comunicación. En una de las tantas reuniones, se me acerca, yo era nueva y ella me ayudó a mucho a soltarme y a conocer a los demás jefes.

—Gracias Vicky. Te juro que los informes de fin de mes me tienen estresada.

Le di un primer mordico al sándwich, Victoria ríe porque casi me atraganto.

—Yo tampoco tengo cuando terminar, por eso he venido a verte y a molestarte un rato.

Victoria se sienta frente a mi. Los primeros días de cada mes es lo mismo, siempre hay uno o dos días que nos tomamos haciendo nuestros informes, Vicky viene a mi consultorio, o yo voy al de ella, o vamos al de Mauricio, y la última opción al de Leandro, que para ser sincera me sorprende que esos dos no estén aquí.

—Los últimos serán los primeros.

Reímos.

toc toc

—Están aquí —dije —. Adelante —digo, alzando la voz lo suficiente para que las personas del otro lado escuchen.

—¿Atadas a los informes? —pregunta Mauricio.

—Si —dijimos, Vicky y yo al unísono.

—Agradezco no ser jefe —añadió Mau.

—Me queda uno —dice triunfante Leandro.

Mauricio, el señor callado del grupo, nuestro anestesiólogo, qué seria de nosotros sin él. Leandro, nuestro loquillo enamorado y jefe de neurología.

Rodamos los ojos.

Es lo de siempre, Leandro no espera la última semana como nosotras para terminar los informes mensuales. El a partir de la quincena está llevando un control de sus pacientes, las camas desocupadas, la rotación de pacientes de su área, algunas incidencias entre otros indicadores.

—Me cansé —dije, recostándome en mi mesa.

—Vamos a beber algo saliendo de la clínica mejor —dice Leandro, guiñando su ojo.

—Buena idea. Char, debes desestresarte. Debemos —ahora habla Victoria, moviendo mi mano derecha.

—Me encantaría, pero hoy tengo club de lectura.

Un silencio invadió la habitación por unos segundos, risitas silenciosas logro reconocer.

—Vamos Char, todo el día estás entre libros y documentos, no creo que sea tan agradable seguir viendo papel y más papel —sostiene Leandro.

—Una amiga me invitó, no puedo fallar —repliqué, retomando el llenado de informes en la computadora.

—Entonces mañana.

—Mañana tampoco puedo Mau.

—Somos los típicos amigos que quieren quedar pero no pueden porque nadie puede.

—Y eso que trabajamos en el mismo lugar Vic —dice Leandro, sentándose a su lado.

Mauricio y yo nos miramos de manera cómplice, el entender que Leandro está enamorado de Victoria es una realidad, Victoria no se da cuenta, o no quiere hacerlo, es demasiado inteligente para no captar las señales de Leandro. El rubio siempre para pendiente de ella, suele ir a su consultorio para que vayan a comer juntos, la invita a salir, a veces cuando Victoria no trae carro se ofrece a llevarla. Y sé que Victoria no confía en él, todos sabemos que Leandro es el típico doctor que se acuesta con media clínica, todas las enfermeras e internas lo conocen y no precisamente es por su trabajo.

Así nos pasamos un par de horas. Mis amigos haciéndome conversación y yo rellenando mis informes. Leandro se fue a la media hora de entrar a mi consultorio, lo llamaron de emergencia por un caso en cuidados intensivos, me quedé con Victoria y Mauricio.

—El otro mes cumples un año con Tyler ¿Qué tienen planeado? —pregunta Mau.

—No tengo ni la más mínima idea, sé que en su familia es tradición hacer algo, pero no hemos hablado sobre eso —dije, sin apartar la vista de la pantalla.

—Tyler no tendrá algún hermano que me presente.

Reí fuerte por el comentario de Victoria, siempre anda en busca de algún novio, hace más de dos años que terminó con su prometido. Desde que lo encontró en la cama con la que creía que era su mejor amiga, se alejó de todos a su alrededor, y dejó de creer en el amor, pero a veces cada tanto pregunta si conozco a un hombre bueno que la quiera con sus locuras.

—Tienes para escoger, porque tiene dos. Aunque el único soltero es Matt, así que no puedes escoger.

—Preséntamelo.

—Y no tienes una amiga para mi.

—¿Me han visto cara de celestina? —dije, riéndome.

—Eres la única casada y con un hombre que te respeta, eso significa que eliges bien.

—Bueno Vicky, ya llegará esa persona que te ame como Tyler me ama.

—También dame buenos deseos —dice Mau, haciendo un puchero inocente.

—También llegará la mujer que aguante tus infidelidades Mau.

—No engañé a Diana, ella me engañó a mi, yo solo me vengué.

—Eres callado pero toda una joyita.

El tiempo con mis amigos se pasó volando, necesitaba esto para no sentir presión, me queda solo un informe, he podido avanzar regular el día de hoy, yo calculo que mañana lo tendré listo. Son las cinco de la tarde, mis amigos ya se habían ido a sus casas, estaban muy cansados, así que tomo mi chaqueta, cuelgo mi bata en mi perchero y coloco el estetoscopio que llevo en el cuello en la mesa.




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