Charlotte

Capítulo 87. — La deuda se cobra en público.

La tarde cayó sobre Nueva York con una lentitud engañosa, de esas que parecen tranquilas pero esconden una intención clara. Charlotte llegó al restaurante siguiendo la dirección que Jonathan había enviado por correo, puntual, impecable, con la mente ya preparada para una cena que no le pertenecía del todo. Desde que bajó del coche supo que aquello no iba a ser una simple celebración: el lugar era demasiado correcto, demasiado calculado, demasiado ajeno a sus costumbres habituales como para ser casual.

Al entrar, la anfitriona la reconoció sin necesidad de presentación y la condujo de inmediato al salón principal. Fue entonces cuando Charlotte entendió el alcance real de la jugada. La mesa ya estaba completa. El equipo que Jonathan y Adele habían traído desde Londres ocupaba casi todo el perímetro: productores, asistentes, músicos, las coristas conversando entre ellas con esa energía ligera que Charlotte observaba como algo funcional pero ajeno. Adele estaba sentada cerca del centro, luminosa, tranquila, como si la presión no supiera cómo alcanzarla.

Jonathan estaba a su lado.

Y en la cabecera de la mesa, con una naturalidad que rozaba la provocación, estaban Richard Queen y Evelyn.

Charlotte se detuvo apenas un segundo. No fue sorpresa; fue evaluación. Richard no solía asistir a este tipo de cenas. Evelyn, menos aún. Y ella jamás. Sin embargo, allí estaban los tres, sentados como si aquella composición hubiera sido inevitable.

Solo quedaba una silla vacía.

Justo al lado de Jonathan.

Charlotte avanzó sin prisa, se quitó el abrigo y tomó asiento con la elegancia fría de quien se niega a admitir que el escenario ha sido diseñado sin su consentimiento. Jonathan inclinó ligeramente la cabeza al verla.

—Charlotte.

—Dickins —respondió ella, sin adornos.

Richard la observó con una sonrisa satisfecha, de esas que siempre llevaban implícita la idea de propiedad. Evelyn, en cambio, la miró con una suavidad distinta, casi expectante, como si supiera algo que Charlotte todavía se resistía a nombrar.

La cena comenzó sin ceremonias. Los platos llegaron con una precisión casi militar, el vino se sirvió con discreción y las conversaciones fluyeron hacia donde siempre fluían en ese tipo de mesas: cifras, resultados, proyecciones. Se habló del impacto inmediato del álbum, de la respuesta del mercado, de la necesidad de sostener el ritmo sin quemar la narrativa. Jonathan y Richard intercambiaban datos con la comodidad de dos hombres acostumbrados a medir el mundo en porcentajes. Adele intervenía de vez en cuando, con comentarios breves, sinceros, sin darse demasiada importancia, como si aún no terminara de asumir que el centro del huracán era ella.

Charlotte se mantuvo en su papel. Ejecutiva. Directora. La mente que ordenaba el caos y lo convertía en estructura. Habló de giras, de plazas estratégicas, de inversión real y no simbólica. Ajustó calendarios, corrigió entusiasmos prematuros y dejó claro, con su tono habitual, que el éxito no se celebraba antes de consolidarse.

Sin embargo, en medio de la conversación, algo la inquietó. No Jonathan. No Richard. Fue Adele. En dos o tres momentos, Charlotte sintió la mirada de la cantante sobre ella, una mirada distinta, cargada de una complicidad silenciosa que no correspondía al contexto profesional. Adele sonreía como si aquello —la mesa, la composición, la tensión— fuera normal. Como si Charlotte fuera la única que no quería admitirlo.

Charlotte no respondió a esas miradas. Bebió. Continuó hablando. Dirigió.

Cuando los platos principales fueron retirados y los meseros regresaron con el postre, la atmósfera cambió. No de forma romántica ni sutil, sino con esa tensión específica que Charlotte reconocía de inmediato: la sensación de estar a punto de perder el control del tablero.

Jonathan se puso de pie.

Charlotte lo supo antes de que hablara. No porque fuera intuitiva, sino porque llevaba toda la vida aprendiendo a detectar el segundo exacto en que alguien iba a mover una ficha sin pedir permiso.

Jonathan se aclaró la garganta y recorrió la mesa con la mirada antes de hablar.

—Quiero felicitar a Adele —comenzó—, no solo por el talento, sino por la disciplina. Por sostener el trabajo cuando el aplauso ya parecía garantizado.

Adele sonrió, visiblemente incómoda y feliz a la vez.

—También quiero felicitar al equipo —continuó Jonathan—. A quienes estuvieron desde el inicio, a quienes se sumaron en el camino y a quienes entendieron que esto no era una apuesta corta, sino un proyecto serio.

Varias copas se alzaron. Charlotte permaneció inmóvil.

Jonathan giró entonces hacia ella.

—Y quiero felicitar a Charlotte —dijo—. Por su dirección, por su forma de ver el tablero completo cuando los demás todavía están contando fichas.

Charlotte sostuvo su mirada sin expresión.

—Incluso quiero felicitarme a mí mismo —añadió Jonathan con una sonrisa leve— por haber insistido cuando lo fácil habría sido retirarse.

Un murmullo recorrió la mesa. Jonathan giró entonces hacia Richard.

—Y a usted, señor Queen, por la hija que tiene.

Richard sonrió satisfecho, como si ese reconocimiento confirmara algo que siempre había dado por sentado. Evelyn miró a Charlotte con una dulzura peligrosa, de esas que incomodan más que cualquier crítica.

Charlotte supo entonces, con una claridad incómoda, que todos en esa mesa sabían algo que ella se había negado a verbalizar.

Jonathan extendió la mano hacia ella.

Charlotte lo miró un segundo. Lo suficiente para que él entendiera que estaba evaluando no el gesto, sino el costo. Aun así, le dio la mano. No por disposición. No por romanticismo. Por principio.

Jonathan sostuvo su mano con firmeza y habló con voz clara, sin florituras.

—Quiero compartirles que Charlotte y yo estamos oficialmente en una relación. Una relación importante para ambos.

El silencio fue inmediato. Evelyn fue la primera en reaccionar. Se puso de pie y cruzó la distancia sin dudar, abrazando a Charlotte con una cercanía que no era performativa. Un abrazo real. Humano.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.