Charlotte Queen

Prologo. — La mañana después.

La mañana llegó despacio.

Una luz pálida de invierno se filtraba por las cortinas del apartamento cuando Charlotte comenzó a despertar. No fue un despertar brusco ni inquieto como tantos otros que había tenido a lo largo de su vida; fue lento, tibio, acompañado por una sensación de calma tan nueva que tardó unos segundos en reconocerla.

Abrió los ojos.

Giulia estaba despierta.

Apoyada sobre un codo, la observaba en silencio mientras la punta de sus dedos recorría con cuidado el rostro de Charlotte, como si estuviera aprendiendo sus facciones otra vez. Dibujaba la línea de su nariz con una suavidad casi distraída, seguía el arco de sus cejas, rozaba su mejilla con una ternura que hacía que Charlotte quisiera permanecer allí para siempre.

Cuando Charlotte terminó de despertar del todo, sonrió.

Fue una sonrisa distinta a las que solía ofrecer al mundo: más tranquila, más dulce, más sincera. Una sonrisa suave que parecía decir que, por primera vez en mucho tiempo, nada dentro de ella estaba fuera de lugar.

—Buenos días —murmuró con la voz aún un poco dormida.

Giulia no respondió de inmediato. Solo continuó acariciándole el rostro un momento más antes de devolverle una sonrisa igual de tranquila.

Permanecieron así durante un rato largo.

Sin hablar.

El silencio entre ellas no era incómodo ni frágil; era un silencio lleno, cómodo, el tipo de silencio que solo aparece cuando dos personas ya no necesitan explicarse nada para entenderse.

Finalmente Giulia inclinó un poco la cabeza.

—¿Qué hiciste desde que te fuiste a Zúrich?

Charlotte respondió casi sin pensarlo.

—Me encerré en mi habitación.

Giulia arqueó una ceja con curiosidad mientras Charlotte seguía hablando con la misma honestidad tranquila.

—Trabajé… dormí… comí en la cama.

Hizo una pequeña pausa.

—Básicamente eso.

Luego dudó un momento, como si estuviera revisando algo en su memoria.

—Y también hice cosas que nunca había hecho.

Giulia se inclinó hacia ella y dejó un beso suave sobre su pecho desnudo antes de volver a levantar la mirada.

—¿Entonces ya no eres tú desde entonces?

Charlotte dejó escapar una pequeña risa.

—Nunca he sido más yo.

La respuesta salió con una seguridad serena que Giulia reconoció al instante.

Charlotte la acercó un poco más y la besó con esa calma que había reemplazado la urgencia de la noche anterior.

Fue un beso breve, pero lleno de esa nueva certeza que ahora parecía sostenerlas a ambas.

Cuando se separaron, Giulia la observó un segundo más.

Entonces hizo la pregunta que llevaba un rato esperando.

—¿Qué pasó con Sophia?

Charlotte guardó silencio durante un momento.

Sus ojos se perdieron en algún punto del techo mientras parecía ordenar las palabras, como si incluso después de todo lo que había pasado todavía estuviera aprendiendo a hablar de aquello sin sentir que el suelo se movía bajo sus pies.

Cuando volvió a hablar, su voz fue tranquila.

—Sophia ya lo sabe todo.

Giulia levantó ligeramente la cabeza, apoyada todavía contra el pecho de Charlotte.

Charlotte pasó una mano por su cabello con un gesto distraído antes de continuar.

—Se lo conté antes de que nos fuéramos a Suiza —explicó—. Antes de que todo explotara del todo.

Hizo una pequeña pausa.

—Los hombres de Stefani la recuperaron y la llevaron con ella.

Giulia frunció ligeramente el ceño.

Charlotte suspiró.

—En realidad… solo se lo confirmé.

Giulia la miró con más atención.

—La hija de Alice ya se lo había dicho antes.

El silencio volvió a instalarse entre ellas por un segundo.

Charlotte dejó escapar un suspiro más largo esta vez.

—Sophia explotó con Stefani.

Giulia no dijo nada, pero su mano se movió lentamente sobre el estómago de Charlotte, esperando.

—Y… —Charlotte dudó un momento antes de continuar— Stefani le dijo que no estaba intentando ser su madre.

La frase quedó suspendida en el aire.

Charlotte volvió a suspirar, esta vez con un cansancio que todavía no había desaparecido del todo.

—Fue muy tenso.

Sus dedos siguieron moviéndose distraídamente por el cabello de Giulia.

—Después de eso Sophia pidió irse con sus padres.

Charlotte giró ligeramente la cabeza para mirar a Giulia.

—Y yo… simplemente se lo di.

Giulia levantó un poco la cabeza sobre el pecho de Charlotte y la miró con curiosidad.

—¿Entonces Sophia sigue en Zúrich?

Charlotte dejó escapar una pequeña risa, una de esas risas suaves que aparecían cuando la respuesta era demasiado evidente.

—¿De verdad crees que vamos a poder librarnos de ella tan fácil?

Giulia sonrió.

Charlotte negó con la cabeza, todavía divertida por la idea.

—Está aquí.

Giulia alzó las cejas.

—¿Aquí?

Charlotte asintió con tranquilidad.

—En el apartamento.

Giulia soltó una pequeña carcajada.

Charlotte suspiró con una mezcla de resignación y afecto.

—Seguramente ahora mismo está luchando con esa voz imprudente que tiene en la cabeza… la que siempre le dice que se meta donde no la llaman.

Giulia ya estaba riendo.

Charlotte continuó:

—La misma voz que, probablemente, está intentando convencerla llamar para averiguar qué pasó anoche.

Giulia se acomodó un poco más contra ella.

—¿Y crees que ganará esa batalla?

Charlotte miró hacia la puerta del dormitorio con una expresión divertida.

—Conociendo a Sophia…

hizo una pequeña pausa.

—No apostaría mucho dinero por eso.

Giulia permaneció unos segundos más recostada sobre el pecho de Charlotte, dibujando círculos distraídos sobre su piel con la yema de los dedos mientras pensaba en lo que acababa de escuchar.

Luego levantó ligeramente la cabeza para mirarla.

—¿La invitamos a desayunar? —preguntó con una pequeña sonrisa—. Así le contamos antes de que decida fundirte el teléfono por curiosidad.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.