Charlotte X Giulia

Capítulo 14. — Ni rastro de CQ.

El médico en turno entró a la habitación poco después del episodio, con la calma práctica de quien llega cuando lo peor ya pasó, pero sabiendo que lo que queda es igual de delicado. Revisó a Charlotte con rapidez, sin perder tiempo en comentarios innecesarios, y tras evaluar sus signos ordenó un calmante que fue administrado casi de inmediato. No hubo resistencia esta vez; el cuerpo de Charlotte, agotado, terminó cediendo, y poco a poco la tensión que la había mantenido en ese estado extremo comenzó a aflojarse hasta que finalmente se quedó dormida.

Fue entonces cuando una enfermera entró en silencio y, con movimientos precisos, la canalizó. El suero comenzó a descender lentamente, marcando un ritmo distinto en la habitación, uno más clínico, más controlado. Charlotte no había ingerido ni agua en más de doce horas, y esa simple intervención dejaba en evidencia algo más profundo que la falta de apetito: una desconexión total incluso con lo más básico.

El médico se giró hacia Giulia.

No eran cercanos, no compartían la confianza que tenía con Marie, pero se reconocían lo suficiente como para hablar sin rodeos.

—Clínicamente ya no hay mucho más que hacer —dijo, en un tono directo—. Vamos a dejarla en observación esta noche, pero mañana, si no hay otra crisis como la que vimos… le daremos el alta.

Giulia asintió, procesando.

—Lo que podíamos hacer por su cuerpo… ya está hecho —continuó él—. Ahora la ayuda que necesita es otra.

Hizo una pausa breve, lo suficiente para que el peso de lo que iba a decir se instalara.

—Psiquiátrica.

Giulia no respondió de inmediato.

—En su condición actual, lo más probable es que necesite ayuda para dormir… y vigilancia constante. Veinticuatro horas —añadió—. Le recomiendo que consiga al menos un par de enfermeras con experiencia en pacientes como ella.

Giulia frunció apenas el ceño al escuchar la palabra, como si necesitara procesarla antes de aceptarla del todo.

—¿Cómo… como ella?

El médico no dudó en responder.

—Agresiva.

La palabra cayó sin matices, seca, sin adornos ni intención de suavizar su impacto, instalándose entre ambos con una claridad incómoda.

Giulia dejó escapar el aire lentamente, como si ese solo gesto fuera necesario para sostener lo que implicaba.

—Yo me haré cargo.

El médico la observó un segundo más de lo habitual, evaluando no solo la respuesta, sino a quien la estaba dando, y cuando volvió a hablar lo hizo con un tono ligeramente distinto, menos clínico, pero no por eso menos firme.

—Doctora… sé que no somos amigos, que no nos conocemos lo suficiente, pero usted es médica. Es cirujana. Trabaja con bebés, muchos de ellos ni siquiera han nacido aún… y sinceramente, usted no está preparada para manejar sola una situación como esta.

Giulia no se movió, no desvió la mirada ni intentó suavizar su postura.

—Es mi esposa.

El médico asintió apenas, sin contradecirla, pero sin ceder en lo esencial.

—Y precisamente por eso necesita asegurarse de que tenga la ayuda correcta.

El silencio se tensó entre ambos por un instante, breve pero suficiente, hasta que Giulia terminó asintiendo con una contención impecable.

—Gracias, doctor.

Fue una respuesta formal, medida, sin dejar espacio a más discusión.

El médico inclinó la cabeza levemente y se retiró, dejando tras de sí un espacio que, por un segundo, pareció más pesado.

Giulia permaneció en el pasillo un instante más, sin moverse, como si necesitara ese margen mínimo para reorganizarse, para reconstruir desde dentro la firmeza que había sostenido hasta ese punto, y solo entonces volvió a entrar en la habitación.

La escena había cambiado.

Evelyn estaba de regreso, de pie al otro lado de la cama, y Sophia ocupaba el espacio más cercano, sentada en el borde, sosteniendo la mano de Charlotte con una delicadeza casi temerosa, limpiando con toallitas húmedas los restos de café que aún quedaban sobre su piel, como si ese gesto pudiera borrar algo más profundo que la simple mancha.

—¿Qué le pasó? —preguntó Sophia sin levantar la mirada, con la voz quebrada, sostenida apenas por la necesidad de entender.

Giulia se acercó despacio, sin invadir el momento, sin romper la dinámica que ya estaba ahí.

—Una crisis nerviosa.

Sophia alzó la vista de inmediato, el impacto reflejándose en su expresión.

—¿Qué…?

La palabra no llegó a completarse, quebrándose a mitad de camino.

Giulia no intentó explicarlo más, no porque no pudiera, sino porque entendía que ninguna explicación iba a ordenar lo que Sophia estaba sintiendo. En lugar de eso, dio un paso más, se colocó a su lado y apoyó las manos sobre sus hombros con suavidad, inclinándose apenas para dejar un beso sobre su cabeza.

No había palabras suficientes.

Y no las forzó.

Fue en ese momento, con Sophia a su lado, con Evelyn presente al otro extremo de la cama, y con Charlotte finalmente en silencio, que Giulia se permitió algo que hasta ese instante no había podido hacer.

Acercarse de verdad.

Se inclinó junto a la cama con cuidado, como si cada movimiento tuviera que ser medido, y tomó la mano de Charlotte con una delicadeza casi contenida, dejando un beso sobre sus nudillos. Luego apartó con suavidad un mechón de cabello que había caído sobre su rostro y, con una ternura que no necesitaba testigos, besó su mejilla.

Fue un gesto lento, suave, cargado de un amor intacto.

El mismo amor que Charlotte, despierta, ya no le permitía darle

Las horas comenzaron a pasar sin que nadie en la habitación pudiera medirlas realmente. El tiempo dejó de organizarse en minutos o en relojes y se volvió algo más denso, más pesado, una continuidad silenciosa marcada únicamente por la respiración de Charlotte, constante, profunda, ajena a todo lo que ocurría a su alrededor.

Charlotte seguía dormida.

Sophia no se separaba de ella.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.