Chef Kisses

Capítulo 29 | Easton

Easton

No sé qué estaba pensando al decirle a Hazel sobre mi padre, fue sin pensar. Papá y yo habíamos hablado horas atrás, nos habíamos reunido después de que me insistiera que debíamos vernos, al principio, me rehusaba a ello, pero en cuanto me enteré por Mia que papá estaba haciendo tratos con Marshall Laurier, decidí que sería bueno enterarme de ellos.

Estaba comenzando a odiarme por hablarle a mamá para decirle que no iba a poder ir a verla porque me reuniría con papá, sabía que a ella no le molestaba la idea, pero a mí sí.

Cuando te alejas de una persona después de saber que de algún modo te ha dañado, volver a ella no siempre es igual, te cuesta hacerlo porque sabes bien que una parte de ambos se rompió y por más que intentes repararla las cosas jamás volverán a ser como antes.

Siempre pienso que mi relación con mi padre es una cosa perdida, los dos no nos llevamos bien, siempre terminamos discutiendo y hay cosas que los dos nos hemos dicho, nos hemos lastimado de diferentes formas que sé que no puedo perdonarlo.

Una vez que me relajo bajo la comodidad de mi cama, pienso en Hazel, en el hecho de que haya preparado mi comida favorita sin saber que lo es y aunque no soy la clase de persona que se suele cuestionar las cosas una y otra vez, pienso quién pudo ser esa persona que le ha llamado de última instancia, ¿será que ve a alguien?

No es como que sea de mi incumbencia, pero jamás he visto a un chico venir a buscarla, al menos, no en el tiempo en que he estado en casa.

De tan solo pensar que podría haber alguien más en su vida, creo que una parte de mi siente cierta desilusión, es cierto que entre los dos existe cierta distancia que no nos atrevemos a romper, pero por mi parte me cuesta derrumbar aquellas barreras que he ido creando con el tiempo, es complicado.

Suelto un enorme suspiro y decido dormir de una vez antes de que comience a hacerme distintas teorías en la cabeza.

***

A la mañana siguiente, decido llamar a la puerta de Hazel temprano, aprovechando que es nuestro día libre, creo que es buena idea que los dos vayamos de compras para la cena que organizaremos en el hospital, tan pronto como le explico porque estoy buscándola tan temprano, me pide que le dé un par de minutos para alistarse, espero en su sala de estar y me es inevitable no contemplar una de las fotografías que hay en la barrita decorativa que tiene en la pared.

Hay una mujer de cabello rubio abrazando a una niña pequeña que estoy seguro de que es Hazel, supongo que es su madre y Hazel me lo confirma segundos después cuando aparece de vuelta en la habitación.

─Es mi madre ─dice con una pequeña sonrisa en los labios, con pasos lentos acorta la distancia entre los dos─. Fue en mi cumpleaños número ocho ─me permito darle una mirada rápida y me parece que su sonrisa se ensancha un poco más ante el recuerdo─. Lo celebramos en el parque, fue uno de mis cumpleaños favoritos.

Dejo la fotografía en su lugar de nuevo, sintiéndome un poco como un intruso por tomar la fotografía sin su permiso y me aclaro la garganta más tarde.

─Debes de extrañarla.

─Todos los días ─me confirma manteniendo la sonrisa─. Siempre la recuerdo así, sonriente.

Me explica y de nuevo dirijo mi mirada hacia la fotografía para contemplarla.

─Es una hermosa fotografía ─decido decir y en verdad la es, Hazel era preciosa de pequeña.

─Gracias.

Veo que su sonrisa es sincera.

─¿Estás lista? ─Pregunto y asiente.

Decidimos ir en mi auto, de nuevo, me percato de que Hazel no hace ningún escandalo mientras bajamos las escaleras, conmigo por delante asegurándome de que no haya ningún insecto que pueda asustarla y me sorprende, pero evito hacer un comentario sobre el hecho de que no ha pensado en rociar los escalones con insecticida como de costumbre.

Hacemos las compras, las cuales nos toman casi dos horas aproximadamente y tengo que decir que compartir mi tiempo con ella comprando se siente agradable, casual, entretenido, como si los dos encajáramos bien en la rutina, como si fuera cosa nuestra hacer las compras juntos todo el tiempo y me pregunto si así sucede con el resto de las personas, si realmente es posible encontrar a alguien con quien apenas y convives y sientes que ya es parte de tu rutina, que hacer las cosas a su lado se sienten normales, como si fuera algo que hacen siempre juntos.

No puedo evitar observarla mientras escoge un par de verduras, su ceño está fruncido mientras las analiza y pienso en que siempre noto ese gesto en ella mientras cocina, a veces su ceño se frunce cuando observa las frutas y verduras como si estuviera buscándoles un defecto que alterara toda su receta.

Cuando se percata de que estoy observándola y me da una dulce sonrisa, decido acercarme más a ella con el carrito de compras, terminamos de echar al carrito el resto que nos hace falta y media hora más tarde nos encontramos yendo a casa de nuevo, le digo que no hace falta que me ayude a cargar las bolsas cuando subimos las escaleras primero para abrir la puerta de mi departamento, sé la ansiedad que le produce subir y bajarlas una vez por su fobia así que prefiero dar un par de vueltas por mi cuenta cargando el mandado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.