Easton
1 mes después...
Tomo mi maleta una vez que la recepcionista me entrega la llave de la habitación y me dirijo hacia el ascensor. Pienso en lo que estoy haciendo y tal vez es una locura, pero después de todo lo que han pasado estas últimas semanas, me he dicho a mí mismo que lo mejor es no seguir con rodeos y tomar las riendas de mi vida, romper todas esas paredes que he construido con el tiempo.
Mamá tiene razón cuando dice que suelo ser igual de testarudo que mi padre y no es mi frase más favorita de todas y es por eso por lo que he llegado hasta aquí. Francia.
Una vez que dejo las cosas en mi habitación, salgo del hotel para pedir un taxi y dirigirme al restaurante, las manos me sudan de los nervios que siento en estos momentos y estoy pensando en que probablemente es la decisión más loca que he tomado en mucho tiempo, pero siempre hay una primera vez para romper las barreras que hemos ido construyendo.
Pago el taxi y salgo de este para luego dirigirme al interior del Laurier, pido una mesa y me alegro de que aun haya algunas disponibles. Leo la carta y definitivamente la encuentro distinta al Laurier, lo primero que se me viene a la mente es que debe ser por Hazel, quizás ha tenido la oportunidad de transformar el menú en uno completamente nuevo, su propio estilo.
Sonrío ante la idea porque sé muy bien que no es fácil convencer a nuestros padres y si consiguió convencer al suyo de dejarla transformar el menú en uno completamente nuevo no debió de ser fácil.
Pido uno de los platillos que más me llama la atención después de preguntarle a uno de los meseros cuál considera que es el mejor platillo, lo degusto como de costumbre y aunque no puedo evitar hacer una critica ante el sabor, es realmente bueno y me veo sonriendo para mis adentros.
Termino bebiendo un par de copas de vino para pasar el rato después de terminar mi comida, quizás no es la mejor alternativa, pero necesito distraerme con algo hasta que me arme de valor para buscarla.
Al final de cuentas, ese es el motivo por el que he venido a Francia, ella.
─¿Se le ofrece algo más, señor? ─Me pregunta el mesero y niego antes de ofrecerle una sonrisa.
─Estoy bien gracias, pero podrías traerme la cuenta…
─Perfecto, en un momento más se la traigo.
Asiento y lo veo desaparecer en el interior de la cocina y en lo único que pienso es si ella estará allí adentro, cocinando para todos.
Con cada segundo que pasa Hazel parece meterse más en mi cabeza y no puedo dejar de pensar en lo mucho que anhelo verla, hablarle, disculparme por ella, decirle que durante todo este tiempo no he dejado de pensar en ella, en nosotros.
Creo que a veces nos damos cuenta demasiado tarde de nuestros errores, nuestras necedades no siempre nos permiten avanzar y en el peor de los casos nos hacen cometer situaciones que después nos arrepentimos. Yo terminé alejándome de Hazel sin pensar que las cosas entre los dos terminarían de ese modo, ella yéndose a Francia, poniendo una gran distancia de por medio entre nosotros.
Pero a veces hace falta distanciarse de alguien para percatarse de nuestros sentimientos.
La quiero. Eso no ha cambiado y pienso que entre más pasa el tiempo más seguro estoy de ello.
─Aquí tiene, señor.
Dice el mesero una vez que me trae la cuenta, le entrego mi tarjeta y aguardo a que regrese con ella.
─Gracias.
─Gracias a usted por venir.
Me responde amablemente y me guardo la cartera en los bolsillos de mis pantalones.
─¿Puedo preguntarte algo? ─Le pregunto antes de que se marche de mi lado, el chico duda por unos instantes, pero asiente.
─¿Se encuentra el chef por aquí?
─Sí ─asiente, pero no suena muy convencido de ello─. ¿Tiene algún inconveniente que nos quiere dejar saber?
La preocupación corre por su rostro y niego tan pronto como puedo.
─No, para nada ─le aseguro─. Todo ha sido fantástico, es solo que he escuchado que el chef aquí es uno de los mejores, si bien, es la señorita Hazel Laurier, ¿no es así?
Él asiente sonriente.
─Así es, es la señorita Laurier nuestro chef estelar.
Sonrío para mí mismo.
─¿Crees que podría hablar con ella?
Su ceño se frunce, confundido y se rasca la cabeza un poco.
─Por lo general, no suele salir de la cocina al menos que sea una situación especial y…
─Por favor ─le suplico con la mirada y él luce más confundido que antes─. Escucha, soy un viejo amigo suyo y me gustaría saludar, puedes decirle quien soy si no me crees. Es probable que me reconozca.
─Bien ─dice no muy convencido─. ¿Cuál es su nombre?
─Easton Barlowe. ─Me apresuro a responder con una media sonrisa. Se siente raro usar el apellido de mi padre, pero creo que de ese modo suena más sincero, más justo para los dos. Es como si me presentara por primera vez ante ella.
Sin mentiras.