Emma
Luego de terminar de hablar con Connor, di un paseo por la ciudad. Necesitaba aire fresco y estirar las piernas. Había pasado los últimos tres días encerrada en mi departamento, escribiendo sin parar.
Pasé la tarde recorriendo las calles, hasta detenerme a contemplar el atardecer desde un mirador. Amaba ver el cielo teñido de tonos naranjas, lilas, amarillos y rojos mientras la luna empezaba a asomarse con claridad. Buscar siluetas en las nubes que se deslizaban lentamente me relajaba como pocas cosas.
Cuando la noche cayó, retomé el camino hacia mi edificio, pero sin darme cuenta terminé frente a la estación de policía, específicamente en el estacionamiento. Para mi suerte —o no— Jay salía por la puerta trasera justo en ese momento y me vio.
—¿Emma?
Respiré hondo antes de acercarme a paso lento. Él se apresuró, como si le inquietara verme ahí.
—Hola, Jay —me detuve a unos dos metros de él, pero acortó la distancia con su andar seguro.
—¿Estás bien? ¿Pasó algo? —me miró con esa mezcla de preocupación y alerta que siempre lleva cuando se trata de proteger a alguien.
—Todo bien —respondí con una sonrisa, lo suficiente para calmarlo—. Solo iba camino a casa y terminé caminando sin rumbo.
Su mirada se suavizó.
—¿Caminando sin rumbo? Eso no se parece mucho a ti.
—Hoy almorcé con Will y Connor, luego decidí salir a despejarme —mi tono se animó un poco, lo suficiente como para que él también sonriera. Esa sonrisa suya, ligera pero genuina, era una que conocía bien.
—Así que te dio la noticia —dijo con una media sonrisa, ahora comprendiendo la razón de tu encuentro con Will.
—Sí. April es increíble, hacen una buena pareja. Y Will... bueno, se ve feliz. Se lo merece.
El silencio nos envolvió por un momento. Jay bajó la mirada, luego volvió a clavarla en la mía. Sabía que estaba reuniendo valor para algo.
—Llevo un tiempo pensando en esto. Si no quieres, lo entenderé —empezó con ese tono algo torpe que rara vez se le escapaba. Jay Halstead no titubeaba fácilmente... salvo en momentos como este—. El sábado es la gala. Todos irán y... cada quien llevará a alguien.
—Ah, sí... Anny y Kim me lo mencionaron —dije, sintiendo un pequeño nudo formarse en mi estómago. Sabía adónde iba esto.
—¿Vendrías conmigo? —dijo por fin, casi en un susurro.
Mi corazón dio un pequeño salto. Jay, por más que fuera rudo o reservado, tenía esa forma de ponerte nerviosa sin siquiera intentarlo. Sabía que si tardaba mucho en contestar, pensaría que lo estaba rechazando.
—Sí —respondí al fin, con una sonrisa que él replicó enseguida. Su alivio fue evidente.
—Perfecto. Paso por ti a las siete —asintió.
—A las siete está bien.
Y sin pensarlo, me envolvió en un abrazo cálido y firme. Nunca me cansaría de esos abrazos ni del aroma de su colonia. Era uno de mis favoritos, solo comparable con el olor a libros, lluvia, vainilla y manzana con canela.
—Debo irme —dijo al separarse—. Nos vemos el sábado.
—Nos vemos.
Se despidió con una seña antes de dirigirse a su camioneta, una GMC Sierra 2019. Jay siempre había sido de estilo práctico, pero ese modelo le quedaba perfecto. Altura, presencia... todo en él imponía.
Mientras caminaba de regreso a casa, pensé en lo útil que sería tener un auto propio. Me gustaba caminar, pero necesitaba algo más práctico.
Al día siguiente desperté ansiosa. Tenía que buscar un vestido para la gala. Las chicas se ofrecieron a acompañarme aprovechando su hora libre, ya que la unidad estaba algo más tranquila.
Después de desayunar y alistarme, fui al centro comercial. Tenía una idea del tipo de vestido que quería: azul o negro, largo y elegante. Al llegar, las vi junto a las escaleras eléctricas. Me acerqué y me recibieron con un abrazo efusivo.
—Sabía que Jay te iba a invitar, era cuestión de tiempo —Kim no podía ocultar su emoción.
—Tenemos que encontrar el vestido perfecto para que se le caiga la baba —añadió Anny con su clásico tono pícaro.
—No empieces, Anny. Solo quiero encontrar algo apropiado para la gala, nada más —repliqué, aunque no pude evitar sonreír.
Entramos a una tienda con vestidos de gala. Había opciones para todos los estilos y cuerpos. Fui directamente hacia los vestidos en tonos azules. Hermosos todos... pero ninguno me convencía del todo.
—¿Y este? —Anny apareció con un vestido rojo ceñido y escote profundo.
—Demasiado. ¿Acaso no me conoces en lo absoluto?
—Deberías intentar algo más atrevido —bufó antes de seguir buscando.
Me reí mientras seguía mirando. Kim, por su parte, sabía más de mis gustos. Elegante pero sencillo, sin llamar demasiado la atención.
—Emma, mira este —me mostró un vestido azul oscuro, escote corazón, encaje en el torso y caída suelta.
Era perfecto.
—Me encanta —tomé el vestido y fui a probármelo.
—Creo que lo encontró —dijo Kim.
—Igual pienso que debería ir más sexy —murmuró Anny.
Mientras me lo ponía, las escuchaba debatir como si yo no estuviera ahí. Salí del vestidor y ambas me miraron. Anny sonrió satisfecha. Kim estaba prácticamente saltando de emoción.
—Me lo llevo —dije, complacida, y volví al vestidor.
—Jay va a derretirse. Es su color favorito —comentó Anny cuando salí.
—También es el mío. Deja de buscar dobles intenciones.
Después de pagar el vestido, compramos los zapatos y un bolso para acompañarlo.
—¿Qué pasa entre tú y Kelly? —preguntó de pronto a Anny mientras salíamos de la tienda.
—Nada —respondí rápidamente.
—La otra noche parecía que eran pareja —intervino Kim, cruzándose de brazos.
—Siempre ha habido algo de tensión, sí. Pero nada más —suspire, algo incómoda con el tema.
—Se nota lo mucho que le atraes. Severide tiene esa energía... ya sabes —dijo Anny, y Kim asintió.
—Sí, lo sé. Ahora, vámonos. Se nos hace tarde.
Editado: 27.07.2025