Esa mañana, cuando Chip despertó, se bajó de la copa del árbol donde había dormido. En la base del árbol, empezó a escuchar la voz de Godalchi, que le dijo:
—Buenos días, mi pequeña creación. Hoy no es un día cualquiera, ya sabes. Observa bien a tu alrededor... troncos, rocas, ramas, hasta el mismo suelo debajo de ti. ¿Ves todo eso?
—Sí, lo noté. ¿Qué tiene de especial?
—Nada especial... hasta ahora. Solo mira.
Todos los objetos que nombró Godalchi comenzaron a levitar, como las rocas y los troncos. Chip se sorprendió, retrocedió y vio cómo esos objetos se dirigían hacia él para atacarlo. Sin previo aviso, los objetos empezaron a atacarlo; Chip, con reflejos inmediatos, esquivó los troncos, saltándolos, y destruyó las rocas con sus pequeños puños.
—¡¿Qué pasa?! —preguntó (mientras estaba en el aire, esquivando dos troncos que se dirigían hacia él).
—Esquiva, resiste, destruye (Chip esquivaba). Vamos a ver de qué estás hecho (Sigue esquivando). Nada mal, pequeñín. Pero esto apenas comienza. ¡Prepárate!
Apenas Godalchi dijo esas palabras, el suelo donde estaba Chip comenzó a moverse, lo que hizo que perdiera el equilibrio. Luego de perderlo, las ramas de los árboles que lo rodeaban empezaron a atrapar a Chip, lanzándolo al suelo. Sin poder reaccionar, otra rama lo atrapó, pero esta vez lo lanzó al aire. Luego fue golpeado por una tercera rama que lo mandó a volar muy lejos, y Godalchi dijo: —¡Adiosín!—. Chip salió disparado como si de una pelota de béisbol se tratara.
Y así empezó el primer día de entrenamiento de Chip, estando todo el día esquivando objetos.
Esa noche, cansado de ser golpeado todo el día por los árboles y aplastado por las rocas, Chip se encontró camino a un lago para limpiarse, ya que estaba sucio. Luego de limpiarse, decidió buscar un árbol para dormir, pero de repente Chip sintió la necesidad de querer algo, una sensación similar al hambre, pero no igual.
Extrañado con esta nueva sensación, empezó a buscar qué era lo que su cuerpo le pedía. Absorbió rocas, pero su cuerpo lo rechazó. Absorbió ramas y hojas, pero su cuerpo también lo rechazó, expulsando cada objeto que Chip intentaba ingerir. Desesperado, empezó a absorber tierra, pero le dio indigestión, haciéndolo que se acostara.
Mientras estaba sucio, hinchado y moribundo, Godalchi comenzó a hablarle:
—¿Qué te pasó, pequeñín? Te ves como si hubieras comido piedras.
—Ugh... ayuda... me siento mal.
—¡Jajaja! No me digas que tragaste tierra.
—N-no lo sé... mi cuerpo pedía algo, lo intenté con todo y lo rechazó...
—Ah, claro. Casi lo olvido: llevabas tres días sin alimentarte. Tu cuerpo necesitaba nutrientes.
—¿Nu-... trientes?
—Nutrientes, sustancia vital. En tu caso... ¡Poliisopreno!
—¿Poli... qué? ¿Polii-... sopreno? ¿Qué es eso y dónde lo encuentro?
—Poliisopreno. Está en el caucho, y el caucho lo encontrarás en ciertos árboles. ¡Levántate! Te guiaré a ellos.
Con un esfuerzo, Chip, sintiéndose aún muy mal, se levantó y siguió las indicaciones de Godalchi. Esto lo guió hacia un bosque de árboles de caucho. Tras llegar, Chip le preguntó:
—Ahora, ¿debo comerme esos árboles?
—¡Jajaja! Por supuesto que no, déjame ayudarte.
Como por arte de magia, los árboles de caucho se partieron a la mitad, liberando todo el caucho que tenían dentro y haciendo un río de caucho que fue directo hacia Chip. Tras ser sumergido por el río de caucho, empezó a recuperarse y a crecer. Su forma de “T” cambiaba a una forma de “X”. Además, luego de medir 3 cm, su cuerpo creció hasta 1 m.
—Vaya, creciste bastante. ¡Hasta piernas te salieron!
Chip (emocionado):
—¡Me siento increíble! ¡Estoy como nuevo!
Godalchi (riendo):
—Sí, pero aún sin cabeza.
Chip sacó una forma de cabeza y preguntó:
—¿Y ahora?
—¡Jajaja, qué genial te hiciste una cabeza!
Y así Chip se recuperó y quedó listo para el día siguiente.
En el segundo día, Chip empezó su entrenamiento con mucho entusiasmo e incitó a Godalchi a que le lanzara objetos. Accediendo a su petición, el dios comenzó a levitar los objetos hacia Chip, quien los esquivó con suma facilidad. Gracias a sus piernas, a Chip se le hizo fácil dar saltos y saltar de objeto a objeto. Los troncos ya no eran rivales para Chip, ni las rocas, ni las ramas, ni el propio suelo.
Orgulloso de esto, se fue tranquilo a explorar, pero...
—Impresionante, Chip. Te adaptas muy rápido... ¡Digno de mi creación!
—Tu telequinesis ya no es rival para mí —afirmó Chip.
—¿Ah, sí? (Sonido de sonrisa con malicia.) Veamos qué opinarás de lo siguiente...
Caminando en busca de nuevos lugares, Chip se percató de que los objetos volvían a levitar, pero no le dio importancia, diciendo que sería muy sencillo. De la nada, incontables rocas se reunieron alrededor de Chip. Este, un poco sorprendido, se mantuvo en posición de ataque, pero cuando apenas hizo el minúsculo movimiento, todas las rocas empezaron a golpearlo. Chip, sin poder esquivar porque estas rocas iban a una velocidad a la que él no estaba acostumbrado, fue golpeado por muchas rocas hasta que lo dejaron todo desfigurado y en el suelo.
—Ugh... ¿qué fue eso?
—Nada especial. Solo aceleré un poco la telequinesis. ¿Demasiado para ti? (Ríe bajo)
Chip se volvió a formar y se levantó diciendo:
—¡Por supuesto que no! Solo me tomaste desprevenido.
—¿Ah, sí? Muy bien, entonces prepárate, porque aquí vienen más, y te advierto que los objetos cada vez serán más rápidos.
—¡Me parece bien, estoy listo! Los objetos de alrededor, como las rocas y las piedras, comenzaron a levitar nuevamente y atacaron a Chip con una velocidad sorprendente, pero este las esquivó y las destruyó, mostrando su rápida adaptación.
—Tu adaptación es envidiable, Chip. Aunque sé que dependes de que tu cuerpo vea en todas las direcciones, ¿cierto?
—Así es. Puedo ver y sentir desde cualquier parte de mi cuerpo.