A la mañana siguiente, Chip levitaba sobre un sendero del gran bosque. Se había propuesto encontrar a las demás creaciones, cuando, de pronto, el destino se le adelantó.
—¿Ustedes? ¿Qué hacen aquí reunidos? —preguntó Chip con desconcierto.
Se había topado con casi todos sus antiguos adversarios, a excepción de Homvepa y Ades. Confundido, detuvo su marcha y los observó con una desconfianza evidente.
—Estamos aquí por un encargo —respondió Homjo con solemnidad.
El ambiente se volvió tenso de inmediato. Todas las miradas se clavaron en Chip hasta que Hómbibo, fiel a su naturaleza alegre, decidió intervenir para romper el hielo.
—¡Bueno! —exclamó, saltando al centro del grupo—. Ya que estamos todos aquí, ¿no les parece que deberíamos presentarnos... de nuevo? —Sus ojos brillaron con un entusiasmo infantil.
Ante la propuesta, nadie opuso resistencia.
—¡Muy bien! Como nadie se queja, empezaré yo —continuó Hómbibo—. Me llamo Hómbibo y me encanta que estemos todos reunidos —añadió mientras hacía una exagerada reverencia.
—Yo soy Chip —dijo el joven—. Un gusto... supongo.
—Mi nombre es Homjo.
—Tch... Me llamo Hombar —masculló el ser de barro, visiblemente molesto por la situación.
—Ah... yo... soy Hompel. Es un placer conocerlos —murmuró el ser de papel, encogiendo los hombros mientras retrocedía un paso con timidez.
Tras las presentaciones, Chip comentó con un tono algo mordaz:
—Vaya, no sabía que la criatura de barro naranja tenía nombre.
—¡¿Cómo me has llamado?! —rugió Hombar, encarando a Chip de inmediato.
—Chicos, calma. No estamos aquí para alimentar rivalidades... creo —intervino Hómbibo tratando de apaciguar los ánimos.
—El caucho viviente tiene razón —secundó Homjo.
—¿Perdona? —replicó Hómbibo, ofendido por el apodo.
—Estamos aquí por una misión —continuó Homjo, ignorándolo—, y es vital que aprendamos a convivir.
—Qué fastidio tener que aguantarlos, sobre todo a esta masa sin sentido —gruñó Hombar, alejándose de Chip.
Chip, ignorando los insultos, se centró en lo importante:
—Dijiste que están aquí por una misión. ¿De qué se trata?
—Más que una misión, es una orden directa —corrigió Hombar.
—Díganme cómo supieron que estaría por aquí —exigió Chip.
—Dios nos convocó aquí con un solo propósito —explicó Homjo—: entrenarte.
Chip soltó una carcajada seca.
—Eso no tiene sentido.
—Lo tiene, y mucho. Él nos informó sobre tus derrotas contra Hominio y Homtrepaz —respondió Homjo con calma.
—No conozco a ningún Hominio. Perdí contra alguien llamado Ades. Y respecto a Homtrepaz, supongo que hablas de Homvepa; así se hace llamar ahora.
—¡Vaya! ¡Se cambiaron los nombres! ¡Qué genial! —celebró Hómbibo con una risotada.
—Ya veo... con que hicieron eso —asintió Homjo—. Bueno, comencemos el entrenamiento.
Chip cruzó los brazos, escéptico.
—¿Cómo voy a confiar en seres que ni siquiera pudieron derrotarme? A ti te destruí —dijo señalando a Homjo—, y al chico blanco de allá también —apuntó a Hompel.
—¡Te recuerdo que a mí no me derrotaste! —estalló Hombar, aumentando su tamaño por la furia.
—Es cierto que perdimos —admitió Hómbibo extendiendo sus brazos—, pero aunque fuimos derrotados por ti a excepción de Hombar, ¡podemos ayudarte a mejorar!
—Sigo sin confiar, aunque Dios lo haya ordenado —insistió Chip.
—¡Oh, vamos, Chip! —Hómbibo se acercó y le pasó un brazo sobre los hombros—. Somos creaciones, igual que tú. ¡Y todos somos guiados por el mismo Dios!
—Aunque no queramos, tenemos que estar aquí por nuestro propósito, masa sin sentido —añadió Hombar, refiriéndose a Chip.
Chip se quedó pensativo unos instantes mientras Hómbibo lo soltaba. El silencio fue interrumpido por la voz tímida de Hompel:
—Creo... que ya... deberíamos empezar... ¿no creen?
—Tienes razón, Hompel. Dejemos la charla y vamos al entrenamiento —asintió Homjo—. Sugiero que hagamos lo siguiente...
—Enfréntense todos contra mí —interrumpió Chip.
Un silencio sepulcral cayó sobre el bosque.
—¿Te has vuelto loco? ¿Crees que puedes con todos a la vez? —se burló Hombar.
—Sí —afirmó Chip con seguridad.
—Chip, reconocemos tu fuerza, pero eso es exagerado —dijo Hómbibo asombrado.
Pero Homjo lo interrumpió antes de que pudiera seguir explicando.
—No tienes oportunidad —sentenció el anciano de hojas—. Combinados somos imparables. Ya nos conocemos y sabemos sincronizarnos. Además, apenas lograste empatar con Hombar la última vez.
—Eso fue antes. Ahora soy más fuerte —replicó Chip, acercándose desafiante a Homjo.
—¿Y qué te hace creer que nosotros no? —desafió Homjo—. Demuéstralo.
El grupo se dispersó para ganar espacio.
—¡Bien! —anunció Homjo—. Pelearemos uno a uno para evaluar tu nivel actual.
Todos asintieron, desde el entusiasmo de Hómbibo hasta el susurro de Hompel.
—Entonces vamos a un lugar más amplio —sugirió Chip.
Se dirigieron a una llanura rodeada de árboles colosales. Durante el trayecto, Chip preguntó:
—¿Por qué no están aquí Homvepa y Ades?
—No tenemos idea —admitió Hómbibo.
—Quizás no están porque ellos son el objetivo. Entrenamos para que puedas vencerlos —concluyó Homjo—. Dios no nos dio más detalles.
—¡Ya llegamos! ¡Este parece un buen lugar para pelear! —exclamó Hómbibo al alcanzar el claro.
Antes de que Homjo pudiera establecer un orden, Chip y Hombar ya se habían posicionado en guardia. Homjo se mostró sorprendido por la rapidez de ambos.
—¡Relájate, Homjo, y disfrutemos el espectáculo! —dijo Hómbibo, sentándose sobre una roca para observar.
—¡He esperado mucho por esta revancha! —rugió Hombar—. ¡Esta vez presenciaré mi victoria!