Chip: Camino a la leyenda

Capítulo 6: “EL PROPÓSITO DE UNA EXISTENCIA”

A la mañana siguiente, Chip levitaba sobre un sendero del gran bosque. Se había propuesto encontrar a las demás creaciones, cuando, de pronto, el destino se le adelantó.

​—¿Ustedes? ¿Qué hacen aquí reunidos? —preguntó Chip con desconcierto.

​Se había topado con casi todos sus antiguos adversarios, a excepción de Homvepa y Ades. Confundido, detuvo su marcha y los observó con una desconfianza evidente.

​—Estamos aquí por un encargo —respondió Homjo con solemnidad.

​El ambiente se volvió tenso de inmediato. Todas las miradas se clavaron en Chip hasta que Hómbibo, fiel a su naturaleza alegre, decidió intervenir para romper el hielo.

​—¡Bueno! —exclamó, saltando al centro del grupo—. Ya que estamos todos aquí, ¿no les parece que deberíamos presentarnos... de nuevo? —Sus ojos brillaron con un entusiasmo infantil.

​Ante la propuesta, nadie opuso resistencia.

​—¡Muy bien! Como nadie se queja, empezaré yo —continuó Hómbibo—. Me llamo Hómbibo y me encanta que estemos todos reunidos —añadió mientras hacía una exagerada reverencia.

​—Yo soy Chip —dijo el joven—. Un gusto... supongo.

​—Mi nombre es Homjo.

​—Tch... Me llamo Hombar —masculló el ser de barro, visiblemente molesto por la situación.

​—Ah... yo... soy Hompel. Es un placer conocerlos —murmuró el ser de papel, encogiendo los hombros mientras retrocedía un paso con timidez.

​Tras las presentaciones, Chip comentó con un tono algo mordaz:

​—Vaya, no sabía que la criatura de barro naranja tenía nombre.

​—¡¿Cómo me has llamado?! —rugió Hombar, encarando a Chip de inmediato.

​—Chicos, calma. No estamos aquí para alimentar rivalidades... creo —intervino Hómbibo tratando de apaciguar los ánimos.

​—El caucho viviente tiene razón —secundó Homjo.

​—¿Perdona? —replicó Hómbibo, ofendido por el apodo.

​—Estamos aquí por una misión —continuó Homjo, ignorándolo—, y es vital que aprendamos a convivir.

​—Qué fastidio tener que aguantarlos, sobre todo a esta masa sin sentido —gruñó Hombar, alejándose de Chip.

​Chip, ignorando los insultos, se centró en lo importante:

​—Dijiste que están aquí por una misión. ¿De qué se trata?

​—Más que una misión, es una orden directa —corrigió Hombar.

​—Díganme cómo supieron que estaría por aquí —exigió Chip.

​—Dios nos convocó aquí con un solo propósito —explicó Homjo—: entrenarte.

​Chip soltó una carcajada seca.

​—Eso no tiene sentido.

​—Lo tiene, y mucho. Él nos informó sobre tus derrotas contra Hominio y Homtrepaz —respondió Homjo con calma.

​—No conozco a ningún Hominio. Perdí contra alguien llamado Ades. Y respecto a Homtrepaz, supongo que hablas de Homvepa; así se hace llamar ahora.

​—¡Vaya! ¡Se cambiaron los nombres! ¡Qué genial! —celebró Hómbibo con una risotada.

​—Ya veo... con que hicieron eso —asintió Homjo—. Bueno, comencemos el entrenamiento.

​Chip cruzó los brazos, escéptico.

​—¿Cómo voy a confiar en seres que ni siquiera pudieron derrotarme? A ti te destruí —dijo señalando a Homjo—, y al chico blanco de allá también —apuntó a Hompel.

​—¡Te recuerdo que a mí no me derrotaste! —estalló Hombar, aumentando su tamaño por la furia.

​—Es cierto que perdimos —admitió Hómbibo extendiendo sus brazos—, pero aunque fuimos derrotados por ti a excepción de Hombar, ¡podemos ayudarte a mejorar!

​—Sigo sin confiar, aunque Dios lo haya ordenado —insistió Chip.

​—¡Oh, vamos, Chip! —Hómbibo se acercó y le pasó un brazo sobre los hombros—. Somos creaciones, igual que tú. ¡Y todos somos guiados por el mismo Dios!

​—Aunque no queramos, tenemos que estar aquí por nuestro propósito, masa sin sentido —añadió Hombar, refiriéndose a Chip.

​Chip se quedó pensativo unos instantes mientras Hómbibo lo soltaba. El silencio fue interrumpido por la voz tímida de Hompel:

​—Creo... que ya... deberíamos empezar... ¿no creen?

​—Tienes razón, Hompel. Dejemos la charla y vamos al entrenamiento —asintió Homjo—. Sugiero que hagamos lo siguiente...

​—Enfréntense todos contra mí —interrumpió Chip.

​Un silencio sepulcral cayó sobre el bosque.

​—¿Te has vuelto loco? ¿Crees que puedes con todos a la vez? —se burló Hombar.

​—Sí —afirmó Chip con seguridad.

​—Chip, reconocemos tu fuerza, pero eso es exagerado —dijo Hómbibo asombrado.

​Pero Homjo lo interrumpió antes de que pudiera seguir explicando.

​—No tienes oportunidad —sentenció el anciano de hojas—. Combinados somos imparables. Ya nos conocemos y sabemos sincronizarnos. Además, apenas lograste empatar con Hombar la última vez.

​—Eso fue antes. Ahora soy más fuerte —replicó Chip, acercándose desafiante a Homjo.

​—¿Y qué te hace creer que nosotros no? —desafió Homjo—. Demuéstralo.

​El grupo se dispersó para ganar espacio.

​—¡Bien! —anunció Homjo—. Pelearemos uno a uno para evaluar tu nivel actual.

​Todos asintieron, desde el entusiasmo de Hómbibo hasta el susurro de Hompel.

​—Entonces vamos a un lugar más amplio —sugirió Chip.

​Se dirigieron a una llanura rodeada de árboles colosales. Durante el trayecto, Chip preguntó:

​—¿Por qué no están aquí Homvepa y Ades?

​—No tenemos idea —admitió Hómbibo.

​—Quizás no están porque ellos son el objetivo. Entrenamos para que puedas vencerlos —concluyó Homjo—. Dios no nos dio más detalles.

​—¡Ya llegamos! ¡Este parece un buen lugar para pelear! —exclamó Hómbibo al alcanzar el claro.

​Antes de que Homjo pudiera establecer un orden, Chip y Hombar ya se habían posicionado en guardia. Homjo se mostró sorprendido por la rapidez de ambos.

​—¡Relájate, Homjo, y disfrutemos el espectáculo! —dijo Hómbibo, sentándose sobre una roca para observar.

​—¡He esperado mucho por esta revancha! —rugió Hombar—. ¡Esta vez presenciaré mi victoria!



#140 en Ciencia ficción
#1776 en Otros
#320 en Acción

En el texto hay: peleas intensas, progresión de poder

Editado: 12.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.