Chip, al despertar y recuperar la conciencia, se encontraba en la llanura, rodeado por el murmullo de los árboles y el olor a tierra batida. Estaba algo aturdido, tratando de asimilar lo ocurrido, cuando una voz áspera rompió el silencio.
—Hasta que despiertas, masa sin sentido —gruñó Hombar.
—Nosotros también despertamos hace apenas un momento, Hombar —intervino Hompel con voz queda.
—¡Cállate, Hompel!
Chip se incorporó lentamente, sacudiéndose el rastro del impacto.
—¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?
—Cuatro minutos exactos —respondió Homjo con precisión.
—Ya veo... Entonces, perdí —admitió Chip, sintiendo un peso extraño en su interior.
—Sí, pero aún te queda un enfrentamiento... —Homjo no pudo terminar la frase.
Hómbibo, que ya estaba brincando en medio del campo de batalla, agitaba un brazo con energía.
—¡Vamos, Chip! ¡Es nuestro turno! ¡Luchemos de una vez!
Chip aceptó el desafío. Se encaminó hacia el centro del campo de batalla y se plantó frente al ser de caucho. Hómbibo lucía una expresión radiante.
—Vaya, despertaste rápido. Apenas me diste tiempo para estirarme y calentar —bromeó.
—Esta vez no pienso perder —sentenció Chip, fijando su vista en la mirada elástica de su rival.
—¿Estás seguro de eso?
El silencio se apoderó del lugar. El único sonido era el crujir de las ramas lejanas. Entonces, una hoja seca se desprendió de un árbol y, al tocar el suelo, estalló la acción.
Fue un intercambio de golpes frenético. Hómbibo lanzaba puñetazos que Chip bloqueaba; Chip respondía con estocadas que Hómbibo esquivaba saltando de un lado a otro. La velocidad de ambos era tal que sus movimientos parecían estelas de luz. Chip comenzó a disparar esferas de su propia materia y Hómbibo respondió lanzando proyectiles de caucho. En un momento confuso, Chip atrapó y consumió una de las bolas de caucho, lo que hizo que Hómbibo detuviera el ataque a distancia. Volvieron al cuerpo a cuerpo.
—¡Jajaja! ¡Es divertidísimo luchar contigo! —exclamó Hómbibo mientras lanzaba una ráfaga de golpes que obligaron a Chip a retroceder en guardia cerrada.
—Yo no me estoy divirtiendo —replicó Chip, ganando distancia con un salto acrobático.
—¿En serio? Entonces, dejémonos de juegos.
Hómbibo se lanzó de nuevo, pero esta vez con un truco bajo la manga. Chip esquivó el primer embate, pero no contó con la elasticidad extrema de su oponente. El brazo izquierdo de Hómbibo se estiró como una serpiente y atrapó el tobillo de Chip, derribándolo. Antes de que pudiera reaccionar, el otro brazo de Hómbibo apresó su segundo pie.
—¿Qué te parece esto? —se mofó Hómbibo.
—Suéltame —dijo Chip.
—¿Y si hacemos lo mismo que Homjo? ¿Qué tal si te estrello contra el suelo una y otra vez?
Chip no esperó a averiguarlo. Transformó su mano en un látigo afilado, lo imbuyó con telequinesis y cortó los brazos de caucho que lo sujetaban.
—Eso no va a ocurrir.
—¿Estás seguro? —preguntó Hómbibo con un tono misterioso.
—¿Mm? —murmuró Chip.
—¡PRISIÓN DE CAUCHO!
Los fragmentos que Chip había cortado cobraron vida propia y saltaron sobre su cuerpo, pegándose como resina caliente.
—¡Espera, que aún no termino!
De pronto, un líquido blanco y viscoso comenzó a brotar del interior de Hómbibo. Mientras esa sustancia envolvía a Chip, el armazón de bambú de Hómbibo —esos colores rojos y naranjas— quedó hueco, como un caparazón vacío. Hómbibo se había transformado en una masa líquida y elástica que mantenía a Chip inmovilizado contra el suelo.
—¡JAJAJA! ¿Qué te parece? ¡No tienes escapatoria! —la voz de Hómbibo resonaba desde la masa blanca.
—¿Eso crees? —comentó Chip.
Chip forcejeó. Intentó usar su fuerza física, pero sus extremidades y todo su cuerpo estaban soldados al suelo por la viscosidad del pegamento viviente. Podría haber usado su telequinesis al máximo para librarse, pero decidió contenerse.
—Vamos, solo di que te rindes —le instó Hómbibo.
—Me rindo —susurró Chip, al no querer revelar más de su poder oculto.
—¡SÍ! ¡Gané! —celebró Hómbibo, soltando a Chip y regresando rápidamente a su cuerpo vacío con forma de bambú.
—¡Oye! ¡Eso es trampa! —protestó Hombar desde la orilla.
—En absoluto —lo corrigió Homjo—. Hómbibo usó su verdadera forma para asegurar la victoria.
—¿En serio se podía hacer eso? ¡En ese caso yo también habría ganado! —gruñó Hombar.
—Pero no lo hiciste. Así que cálmate —respondió Hómbibo con aires de triunfo.
—Te... felicito... Hómbibo... —murmuró Hompel, aunque nadie pareció escucharlo.
—Tch... tramposo... —susurró Hombar para sí mismo.
—¿¿Qué dijiste?? ¡JAJAJA! El punto es que ¡¡GANÉ!! ¡¡SOY EL MÁS GENIAL Y MÁS VELOZ DE AQUÍ!! —gritaba Hómbibo mientras saltaba de aquí para allá.
—No niego tu victoria, Hómbibo, pero difiero en que seas el más veloz de por aquí —rebatió Homjo.
—Lo... mismo... digo —añadió Hompel.
—¿¿Así?? —desafió Hómbibo.
Los tres se acercaron para estar cara a cara.
—¡Yo soy más veloz que ustedes, Chip apenas podía tocarme! —exclamó Hómbibo.
—¿Así? ¡Pues a mí se le dificultaba esquivarme! —replicó Homjo.
—¡Yo... no... LO DEJABA REACCIONAR! —exclamó Hompel.
—Entonces… solo hay una forma de ¡¡probarlo!! ¡UNA COMPETENCIA DE VELOCIDAD! —propuso Hómbibo, emocionado—. ¡Chip y Hombar serán los jueces!
—De acuerdo —aceptó Homjo.
—Está bien... —asintió Hompel.
Estando de acuerdo los tres, empezaron a discutir dónde se haría la competencia. Descartaron correr por las copas de los árboles por sugerencia de Homjo, ya que este podría hacer trampa; también descartaron el terreno boscoso por sugerencia de Hompel, pues dijeron que la pista sería muy corta debido a la densidad de los árboles. Estaban en un bosque y buscar terreno plano les tomaría mucho tiempo; necesitaban una pista larga de inmediato. Finalmente, Hómbibo sugirió correr sobre el agua de un río cercano que era largo. Homjo y Hómbibo estuvieron de acuerdo, pero Hompel palideció ante la idea y confesó que le tenía miedo al agua. Sin embargo, fue rápidamente convencido por sus compañeros, quienes argumentaron que allí nadie tenía ventaja y que correr sobre el agua era una excelente prueba de velocidad.