Cicatrices

1. Ryan

California, el final del verano se acerca, está presente en el aire fresco que anuncia el comienzo inminente del otoño. Su brisa seca y caliente ya no se siente contra mi piel, en cambio, un suave viento mueve con gracia las hojas de los árboles.

El atardecer se siente increíble desde mi Kawasaki Ninja 650. No conozco una mejor sensación que salir del trabajo y huir de esa pesadilla. No es que odie mi trabajo, pero ser el conductor encargado de recoger coches estrellados, rotos o averiados en medio de una de estas infernales carreteas de California no es precisamente mi pasión.

Son apenas las nueve de la noche y me detengo en la gasolinera más cercana. Si no quiero quedarme tirado más me vale que alimente a esta pequeña. La detengo en el primer surtidor y saludo a un par de motoristas. Parece que ellos han tenido la misma suerte que yo.

Termino de rellenar el depósito y no puedo evitar mirarlos mientras busco mi cartera para pagar. ¿Cuándo seré yo así de afortunado? Evidentemente, son una pareja y se les ve muy enamorados. Entonces recuerdo la última vez que yo escuche una risa detrás de mí, sentada y agarrada a mi cintura. Cierro con brusquedad el bolsillo y saco la cartera.

Nunca podré perdonar lo que Ashley me hizo.

Entro en la pequeña tienda de la gasolinera. El dependiente, que ya me conoce de la cantidad de veces que apuro el depósito, me saluda.

- Hombre Ryan, ¿Cómo tú por aquí chaval? - se está burlando de mí como no, este tío siempre está de coña.

- Dave, ¿Qué raro tú detrás de ese mugroso mostrador no? - no es el único que está de coña. Se me queda mirando y no puede evitar reírse

- El surtidor 5, ¿No? - Me pregunta con esa amable sonrisa que tiene siempre estampada en su cara.

-Así es, con tarjeta, porfa. - Me saco la tarjeta de la cartera y cuando está marcando el importe en el datáfono me quedo pensativo a su comentario

- Antes ha estado por aquí Dan, me ha parecido verlo un poco nervioso, ¿sabes si tiene problemas con algo?- me dice con cara un poco preocupada.

A ver, sé que suena raro, pero no es que un cualquiera se preocupe por mí y mi mejor amigo. Dave nos ha visto crecer detrás de ese mostrador, desde que nos sacamos el carnet de moto. Es de esas personas que te dan consejos muy valiosos, consejos que un padre debería de darte. Pero siendo chavales de padres ausentes no hemos corrido esa suerte.

- No, que va tío, ¿por?- Le lanzo la pregunta de vuelta mientras deslizo la tarjeta encima del datáfono.

- No sé, lo he visto llegar bien, pero cuando iba a entrar por la puerta, algo en su móvil le ha desencajado la cara y se ha ido quemando rueda. Toma, devuélvele las vueltas que no me ha dado tiempo ni a eso. - Dave, me extiende unas monedas junto con mi ticket del repostaje. Me quedo pensativo, no sé qué le habrá pasado a Dan, no suele ser así con nadie y menos tratar así a Dave.

- Gracias, Dave, ahora iré a verlo. - Imagino que la cena puede esperar. Miro a Dave con cara de agradecimiento y un poco confundido. Y salgo de la tienda.

Enciendo la pantalla del teléfono y veo 3 llamadas perdidas de Dan de hace 10 minutos.

-Mierda.




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