Cicatrices

2. Elisabeth

Sábado, casi 11 de la noche.

Una chica normal estaría con su novio cenando, de fiesta con sus amigas o incluso viendo una peli en el sofá, pero yo no soy una chica normal. Elegí complicarme la vida y ahora estoy en el MRMC o más conocido "Marian Regional Medical Center"

Uno de los mejores hospitales de California, en concreto el hospital de Santa María.

Llevo ya un año aquí y aún no me he acostumbrado. Los pasillos se han teñido de un silencio total, lo único que se escucha son los pitidos de los monitores, el sonido de los ventiladores del techo y los fluorescentes que llevan demasiadas horas alumbrando ese suelo impoluto.

Hace 15 minutos estaba acomodando a la señora Stella, que no sé cuantas veces se le ha "caído" el cojín al suelo. Más bien, es que no consigue entrar en ese sueño profundo que a veces tiene, porque cada vez que se le ahueca el cojín te da una conversación para que te sientes con ella una hora.

Lleva aquí casi desde que llegué. Entró con un principio de infarto 1 semana después de que me hubiesen trasladado y desde entonces se ha convertido en una mujer muy querida. No voy a mentir, es una mujer muy fácil de querer.

Ahora me toca un descanso, se supone, porque aquí tan pronto estás descansando como te llaman para una urgencia. Bajo a la última planta y me saco un té de la máquina. Pueden parecer asquerosos, pero es que ya me he hecho adicta a ellos.

Me pongo la gabardina, me cambio los zuecos y salgo a que me dé un poco el aire.

Mientras doy una pequeña vuelta por el jardín me acerco a la parte de urgencias.

Me siento en un banco y soplo un poco mi té, cuando voy a mirar el reloj de mi muñeca para saber cuanto tiempo me queda de descanso, escucho el sonido que a nadie le trae buenos recuerdos. Entra una ambulancia con la sirena y las luces reflejando en la fachada del blanco hospital y se abren las puertas. Dejo mi té en la basura más próxima y me acerco cuando veo a un joven en camilla con una pinta bastante complicada de describir. Jen y Scott sacan la camilla y veo que necesitan ayuda cuando Jen empieza a llamarme.

Voy corriendo hasta la ambulancia, y me detengo en seco cuando se me queda a unos centímetros una moto. Me giro sobre mis talones y lo veo a él.

Un chico baja de su moto y la deja ahí en medio del parking de urgencias, como si pudiera aparcarla ahí. Se abre la visera y veo unos ojos oscuros llenos de rabia, dolor y tristeza. Se acerca pegando unas zancadas tras de mí en dirección a la ambulancia y mira por detrás de mi hombro.

- Perdona, pero necesito entrar con él. -Dice como si escupiera cada una de las palabras con dolor. No hace falta ser muy listo para saber que él viene con el chico de la ambulancia.

-¡Isa! Corre llama a Travis, este chico no va a aguantar mucho. - Me quedo mirando y veo que la situación es peor de lo que nos imaginábamos. El chico de la ambulancia parece que no va a pasar de esta noche.

-¡Voy Jen!- le digo a mi compañera que está intentando estabilizar un poco al paciente mientras bajan la camilla de la ambulancia. Me giro hacia el chico del casco y veo que su impaciencia es cada vez peor.

-Señor, por favor no puede estar aquí, tiene que irse a la sala de espera. - Se lo digo lo más calmada que puedo, estas situaciones siempre estresan a cualquiera.

- Y una mierda, él es como mi hermano, yo tengo que estar con él, ¿no lo entiende?- Se gira con brusquedad sobre sí mismo y me dice - Perdón, pero tiene que dejarme estar con él, se lo ruego, él no puede hacerme esto. - Este chico va aceleradísimo, si no se tranquiliza vamos a tener que sedarlo a él al final. Reúno toda la paciencia y calma posible y le digo:

- Lo entiendo, señor, pero si quiere que su hermano sobreviva, debe dejarnos trabajar. Por favor, estacione su moto en el parking y acceda a la sala de espera. Yo personalmente me encargaré de informarle de su situación. No se preocupe.

Le pongo una mano en el hombro y como si este chico fuese una torre de electricidad siento un escalofrío recorrerme todo el cuerpo. Él me mira a los ojos con sinceridad.

- Vale está bien. - Se da la vuelta sobre sí mismo y se vuelve para mirar a su hermano una vez más. Mientras, me giro y voy corriendo hacia mis compañeros que necesitan más que ayuda, necesitamos un milagro para recomponer a este chico.




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