Cicatrices

3. Ryan

Mierda. Joder. Dan nunca me llama por teléfono a no ser que sea demasiado urgente.
Me monto en la moto y le llamo de vuelta.
No hay repuesta, el sonido del contestador es todo lo que escucho al otro lado. Sin pensarlo más me dirijo hacia su casa que está a unos minutos de la gasolinera.
La angustia empieza a pesar en mi garganta, no sé qué puede haber pasado, pero una idea no para de recorrerme la mente.

Llego a la puerta de su casa y dejo la moto en la acera.
Me bajo y me dirijo hacia la puerta, pero me quedo a medio camino. La puerta de la casa de Dan se abre de golpe y sale él gritando, seguido por Alison, su novia, que chilla como una histérica.

- Dan, espera, puedo explicártelo. - Chilla Alison. Dan tiene la cara más que desencajada, le he visto muchas veces enfadado pero nunca así. - Espera Dan, por favor, te lo suplico, déjame que te lo cuente. - Dan no aguanta más y se gira

- ¿Qué cojones me vas a contar Alison? ¿Qué te estás acostando con tu jefe porque el muy cabrón te va a dar un ascenso? ¿Qué te lo estás tirando porque he estado unas semanas trabajando fuera para pagar tus putos caprichos? No me toques más los huevos y ves a terminar lo que estabas haciendo. Corre ves, lo nuestro se ha acabado y más cuando lo has estado metiendo en nuestra casa. - Vaya, joder tú. No me imaginaba que Alison llegaría tan lejos. Sabía que Dan me había contado alguna sospecha, pero hasta eso no. Dan a pesar de todo la quiere tanto que es incapaz de insultarla, me ve y me mira con dolor, va a decirme algo, pero de repente Alison le alcanza.

- Dan espera, no es eso, déjame hablar contigo, yo te quiero, amor, por favor. - La verdad que Alison no tiene pinta de haber estado esperando a Dan sola ahora mismo con ese pelo despeinado y ese jersey holgado que solo cubre hasta sus muslos. Pero a él no le importan sus falsos sollozos.

- Vete a la mierda Alison, tú no sabes querer a nadie, solo sabes tener las piernas abiertas. Te lo repito, se acabó. Ves buscándote otro sitio donde tirártelo. - En un movimiento brusco se suelta de su agarre y se dirige a su Yamaha YZF-R6, aparcada al lado de mi Kawasaki.
Mierda, es una malísima idea que Dan suba así a la moto. Alison sigue chillando de fondo y con la mirada de Dan le entiendo perfectamente. Nos subimos a las motos y nuestros intercomunicadores ya están conectados.

-Dan, espera- suelta Alison poniéndose delante de la Yamaha. - Espera, por favor.

-Apártate de mi vista Alison- grita Dan bajándose la visera del casco.

Alison se echa a un lado y salimos del infierno que está viviendo de mi amigo.
Nos adentramos en la carretera enseguida y Dan no tiene intención de reducir la velocidad. Los motores de nuestras motos rugen contra nuestros pechos y veo que Dan empieza a alejarse un poco cuando pasamos los 140 kilómetros por hora.

-Dan tío, vamos a hablar, yo te voy a escuchar, hermano. - parece que no tiene pinta de aflojar
Dan no me contesta.

-Hermano, no hagas ninguna estupidez, vamos va. -160 y no parece que vayamos a reducir. No es que no hayamos ido más rápido otras veces, pero conducir con rabia y odio es lo peor que puedes hacer.

-Dan yo t...- a lo que voy a hablar me interrumpe

- Joder Ryan, he hecho todo lo posible por ella y mira lo que me hace, le iba a pedir que nos casásemos . - la voz sale con tal dolor que no puedo evitar quedarme en silencio, este había sido un golpe duro para Dan. - Hermano, yo la he amado desde que la conocí hace 5 años, y mira con lo que me sale ahora. - 180 kilómetros por hora y estoy dispuesto a seguirle con tal de que pare en un puto arcén.

-Dan, escúchame, vamos a hablar a un bar tío, no corras así. - lo suelto con la mejor voz convincente que tengo, pero no es suficiente.
200 kilómetros por hora.

-Hermano, yo la quiero, la quería y me acaba de partir el corazón con to...- se acabó 230 kilómetros por hora.

Un coche sale a la avenida derrapando y Dan no puede terminar la frase. Mi amigo salé volando por los aires disparados de su Yamaha. Desgraciadamente, yo no tengo la misma suerte y pasó entre el coche y el quitamiedos de la carretera.
Como si a cámara lenta pasase, veo como mi amigo, mi hermano, pasa por encima de mi cabeza.

-Lo siento, hermano- es lo último que sale de la boca de Dan antes de caer al carril contrario de la carretera y deslizarse largos metros por el suelo dando varias vueltas de campana.

-¡Dan! - un grito es lo único que sale de mi garganta mientras veo como mi amigo se golpea contra el suelo. Voy frenando la moto lo más rápido que puedo, pero es tarde, esto ya no tiene solución.




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