Cicatrices

4. Elisabeth

La velocidad que alcanza la camilla deslizándose por el suelo parece irreal. El ruido constante de cada una de las ruedas contra la junta de las baldosas retumba por el pasillo. Las luces de los fluorescentes se reflejan en cada una de las barras metálicas de la camilla
Scott empuja con fuerza mientras Jen prepara el gotero a medida que avanzan a zancadas. Yo voy siguiendo el ritmo mientras anoto en la tabla la información del paciente: constantes vitales, tiempo aproximado desde el accidente, descripción del paciente.
- Varón, unos 26 años aproximadamente, politraumatismo grave, inconsciente desde el impacto. Lesiones graves en tórax y abdomen. Posible traumatismo craneoencefálico.- voy anotando todo cuanto veo en este chico. Aun siendo una persona que trabaja en este mundo de la medicina, nunca escucharás a un médico decir que está acostumbrado.
Mis compañeros que caminan corriendo por el pasillo me miran con la misma cara que tendré puesta ahora mismo. Ellos lo saben que el dolor está escrito con permanente en mi rostro
- No va a aguantar, necesita entrar a quirófano ya- grita Jen
- Travis ya está preparado. - aviso con la voz lo más indiferente posible.
- Si quieren salvarle la vida, más vale que hagan una cirugía de control de daños- escupe con dolor Scott mirando al chico de la camilla. Scott no es un simple camillero, es tan capaz de estar en quirófano como Travis, pero ambos saben que no pueden estar juntos en el mismo espacio de trabajo. Han chocado muchas veces con sus ideales y esta no sería distinta .

Nuestros compañeros están preparados, desinfectándose y vistiéndose en quirófano antes de entrar a lo que será una larga operación. Atravesamos las puertas y todo el ruido se convierte en el envolvente e infinito pitido de las distintas máquinas.

- Rápido, box uno, ¡ya! - ahí está él, Travis, el médico de siempre dispuesto a hacer un milagro si pudiese. - Isa, cuéntame rápido, Scott, Jen gracias, podéis marcharos- Scott y Jen salen por las puertas sin antes dirigirme una mirada que emana apoyo.
En los labios de Jen puedo leer la palabra "suerte". Sé que la necesitaré cuando estoy en el mismo cuarto que mi exnovio, que me acaba de dejar hace unos días para irse a uno de los más prestigiosos hospitales de Nueva York.

-Varón veintiséis años. Accidente de moto a alta velocidad. Inconsciente desde el impacto. Inestable hemodinámicamrnte. Abdomen positivo, tórax con contusión. Necesitamos laparotomía urgente.

-Gracias am..., gracias Elisabeth, es suficiente con eso, puedes retirarte. - se gira, me da la espalda y empiezan a preparar goteros, cortar las ropas del paciente... Un sinfín de protocolos a los que no estoy invitada a participar.

Salgo empujando la doble puerta que hemos atravesado antes y veo a mis compañeros expectantes esperándome.

- ¿Qué van a hacer Isa? - me pregunta Scott con una interrogación dibujada en su rostro.

- Laparotomía urgente, justo lo qué hubieses hecho tú Scott.- le digo a mi compañero expectante de su respuesta

- ¿Y él no ha dicho nada?- pregunta con incredulidad Jen.

- No, puede ser terco, pero al menos esta vez ha entendido claro que no hay otra manera de proceder con el paciente. - digo sabiendo que Scott me va a mirar con cara de "eso no fue lo que pasó aquella vez"

- Parece que esta vez si va a proceder correctamente con el paciente.- espeta con un tono de desprecio. Lo sabía.

- Bueno, Isa, ya nos dices algo cuando se sepa el estado del chico, ya sabes que nos gusta saber qué ocurre ahí dentro, con las personas que traemos hasta aquí. - me dice Jen.
La verdad es que estos dos son de los pocos camilleros que se preocupan de verdad por las personas que traen en la cabina de atrás.

Antes de que vaya a responder escuchamos un golpe en el mostrador de recepción de urgencias. Y ahí está otra vez, el chico que casi me atropella con la moto en medio del parking, pero esta vez sin el casco puesto.

Alto, aproximadamente 1,85 cm, con unos hombros anchos que sugieren una gran fuerza bajo esos vaqueros negros y esa sudadera un poco holgada, moreno, con el cabello ligeramente despeinado, está pidiendo explicaciones del que creemos que es su hermano. Con una mano sujetando el casco alcanzó a ver que se le marcan todas las venas y con la otra mano aporrea de nuevo el mostrador haciendo que Jen pegue un respingo.

- Yo me encargo, luego nos vemos- añado antes de alejarme de mis compañeros mientras camino por el pasillo a paso ligero. Más me vale andar rápido si no quiero que este joven desmonte y parta la recepción en dos.

- Perdone señor. - Alcanzó a decir cuando estoy a pocos pasos suyos. Él se gira y alcanzo a ver una barba prominente que enmarca toda su mandíbula. Sus ojos oscuros están llenos de soledad, dolor y un atisbo de rabia que no puedo descifrar.

- Señor, no puede estar aquí golpea...- no puedo terminar la frase porque escucho que alguien me llama desde el final del pasillo. Sarah, una de las ayudantes de Travis, me llama con la bata un poco manchada.

- Isa, necesitamos su identificación, rápido. - asiento con la cabeza para girarme de vuelta al chico que hace unos segundos estaba pegándole puñetazos al mostrador y veo que su cara se ha teñido de una expresión de horror al ver a mi compañera salir así.

- Señor, por favor venga conmigo, necesito detalles de su hermano. - se queda estático en el sitio y con sus profundos ojos oscuros me sigue hasta que me situó detrás del mostrador.

- Dígame, cuál es el nombre de su hermano y lo buscaré en la base de datos, es urgente. - digo con la mayor amabilidad posible.

Se pasa una mano por el cabello y consigue que de sus labios carnosos salgan dos palabras.

- Daniel Smith.




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