Mantén la calma Elisabeth, tranquilízate, la vida de ese chico igual depende de ti.
Sin embargo, este chico que está tras el mostrador me está poniendo muy nerviosa con esa mirar profunda y esa aura que desprende. Parece que el aire se halla echo espeso, como si costase respirar.
- Muy bien señor, permítame que lo busque en la base de datos. - digo mirando la pantalla del ordenador. No puedo evitar sentir su mirada clavada en mí.
Por fín aparece Daniel Smith, un joven de 26 años afiliado con un seguro de salud a este hospital. La fecha del contrato es bastante reciente.
Encuentro su expediente completo, que milagrosamente contiene su grupo sanguíneo, alergias...
-Perfecto, ya lo tengo localizado, muchas gracias por su colaboración, señor- digo consiguiendo levantar la mirada de la pantalla del monitor para sentir esos ojos en los míos.
- Necesito verlo enfermera, tiene que dejarme verlo.- Insiste el chico que está parado frente a mí, su voz suena como un gran dolor por cada palabra que sale de su boca.
Salgo de detrás del mostrador para indicarle donde queda la sala de urgencias, pero no puedo evitar fijarme en él. Me quedo mirando sus facciones y con un gesto rápido, le indico la sala de espera.
- Por favor, tiene que esperar allí, yo le informaré de lo que suceda, ahora debo llevar la información de su amigo a quirófano, gracias. - Corto la conversación antes de que pueda darle tiempo a golpear de nuevo el mostrador y me giro para no quedarme embelesada esperando a que de nuevo abra su boca para hipnotizarme.
Elisabeth, tranquilízate, susurro para mis adentros, hacía mucho que alguien no me provocaba tantos nervios y sensaciones fugaces, pero este chico tiene algo. Giro la cabeza disimuladamente mientras camino pasillo abajo y veo como camina un poco cojo hacia la sala de espera, al menos parece que se ha tragado su ira momentánea.
Entro al área pre quirúrgica y encuentro a Sarah.
- Eli, por fín, ¿tienes los datos del paciente? - odio que me llamen así y sé que ella lo hace a propósito.
-Sí, Sarah, aquí están, como va la operación, ¿se sabe algo?- digo con cara de intriga. No sé por qué ella está un poco manchada, pero parece que ha entrado a quirófano un par de veces.
- Lo sabía, - dice sin escuchar mi pregunta- este chico es AB negativo, hemos tenido hoy 2 operaciones y no tenemos muchas reservas. Necesitamos donantes, Eli, rápido. ¿Había venido acompañado de un familiar no? Igual es compatible, pregúntale.
Justo cuando voy a responderle a Sarah entra una de las auxiliares pidiéndonos justo eso, las reservas de sangre AB negativa. Nos miramos la una a la otra y asiento.
- Enseguida Sarah. - digo con prisa antes de cruzar la puerta.
Salgo andando, por no decir corriendo, lo más rápido que puedo y entro a la sala de espera. Ahí está, con los ojos clavados en el marco de la puerta como si estuviera esperando a que llegase alguien.
Cuando doy un paso para entrar en la sala, él se levanta con un gesto de dolor en su cara y se acerca a mí dando unas zancadas que acortan la distancia que había entre nosotros.
- Enfermera, ¿cómo está mi hermano?- dice con tono desesperado.
- Señor... - hago una leve pausa- Daniel aún se encuentra en cirugía, es complicado. El paciente está perdiendo bastante sangre debido a la complejidad de la operación y necesitamos una donación. Usted es su familiar ¿no?, ¿sabe a qué grupo sanguíneo pertenece?
La pregunta parece pesar en el aire, como si este chico no estuviera esperando esas palabras salir de mi boca.
- No, no soy su hermano de sangre, pero puede sacarme toda la sangre que necesite, yo soy O negativo. - dice con seguridad.
Está más que claro que sabe que es compatible.
- Bien, sígame a la sala de extracción. - Me giro y salgo por la puerta seguida de este chico que me va pisando los talones, a pesar de que lo he visto caminar un poco cojo antes.
Abro la puerta y le pido que pase adentro. Llegamos a la primera butaca y le pido que se siente. Miro alrededor y veo que evidentemente no hay nadie a estas horas más que este chico y yo.
Veo que se sienta dolorido y me sigue con la mirada todo y cada uno de los movimientos que hago.
- Si es tan amable, me podría indicar su nombre, ¿por favor?- digo tomando una hoja rápida.
-Ryan Miller. - tomo nota y con eso me es suficiente, de momento la prioridad es extraer la sangre para llevarla a quirófano.
-Muy bien Ryan, ¿es usted zurdo o diestro?- pregunto mientras empiezo a ponerme los guantes.
- Diestro- responde con un poco de nerviosismo.
- Vale, entonces le sacaré la sangre del brazo izquierdo. ¿Se marea o tiene problemas con las agujas?- A este chico le pasa algo con las agujas, estoy segura de ello.
-No. - mentira, este chico es muy transparente, y enseguida veo como cambia su rostro, sé que me está mintiendo. Pero no me puedo poner a preguntarle, así qué continuo con el protocolo.
- Está bien - digo con la mayor calma posible.- Voy a pedirle que se retire la sudadera, necesito ponerle el torniquete.
Sin decir nada, se quita la sudadera y deja a la vista su torso cubierto por una camiseta blanca de compresión. El material se adhiere a su torso como un guante y puedo ver cada uno de sus músculos bien trabajados. Aparto mi vista de sus abdominales y me centro en su brazo, también fuerte y trabajado. Trago saliva y me armo de valor para continuar.
Tomo su brazo y lo apoyo en el reposabrazos de la butaca. En el momento que mis dedos fríos tocan su piel ardiente, me vuelve a recorrer esa electricidad por todo el cuerpo, justo como nos pasó en el parking.
Parece que él también lo nota a pesar de que mis guantes separan el contacto. Pongo mis manos a la altura de la manga de su camiseta y se la subo un poco con cuidado. Le miro y me atrevo a preguntarle
- ¿Está así bien?- hacemos contacto visual y parece que solo con esa mirada me esté desmontando todo el mundo a mi alrededor.
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Editado: 04.01.2026