Cicatrices

7. Ryan

En que momento he acabado sentado en una silla con una aguja clavada en la vena

Hace mucho tiempo que no tenía esta vista, esta sensación. Había visto muchas veces la aguja clavada en el brazo de mi padre y solo ver como estaban sacándome sangre hacía que me subiera la bilis por la garganta.

- Ahora vuelvo...

Es lo último que había escuchado de esa chica. Esa enfermera tiene algo especial. No sé si son sus ojos verdes oscuros de expresión triste, su largo y ondulado cabello rubio oscuro con algunos reflejos más claros o la gracia con la que su largo flequillo roza su mentón.

Su roce en mi piel ha sido una sensación tan quemante como el hielo en pleno invierno. Su nerviosismo cerca de mí me hace pensar otras cosas, creo que es una atracción que los dos hemos sentido. Pero cuando la puerta se abre de nuevo recuerdo que probablemente me sienta así porque vivo despechado desde que Ashley me dejó.

No sé en qué momento esta chica, ha avanzado hasta ponerse delante de mí, pero no me voy a quejar, creo que es lo más agradable que he visto hoy después de todo lo que ha ocurrido.

-Ryan, ¿cómo se encuentra?- Me quedo casi hipnotizado repitiendo en mi cabeza como sale mi nombre de su boca, y no escucho su pregunta.

-Ryan, ¿me escucha?- un suave roce de sus dedos en mi antebrazo me hacen reaccionar.

-Ssi, si señorita- Consigo decir. Sé que ha sonado patético, pero no sé cuando me he empezado a encontrar como la mierda.

-Está un poco pálido, voy a terminar la extracción, su salud también es una prioridad.- La enfermera se aproxima a la aguja y acerca su mano para quitarla, pero me incorporo un poco hacia delante y le agarro la muñeca con mi otra mano.

Busco sus ojos cuando escucho un grito ahogado salir de sus labios finos y delicados. Imploro con la mirada desesperación, pero también su ayuda.

-Elisabeth, no puede terminar esto- digo mirando la aguja y de nuevo a su rostro- Dan necesita esta sangre y para mí no hay otra prioridad.

Miro a mi mano y veo que estoy apretando su muñeca con más fuerza de la que había imaginado. Suelto el agarre y vuelvo a mirarle el rostro. Ahora que me doy cuenta, no sé cuando nos hemos quedado tan cerca el uno del otro. Desde aquí puedo ver mejor su pequeña nariz, recubierta de unas pocas de pecas, sus ojeras tapadas fallidamente con un poco de maquillaje y sus mejillas están un poco ruborizadas. Sus ojos tienen esa expresión triste, pero en ese iris verde hay un brillo distinto que hace unos segundos.

-Perdón- digo instintivamente soltándole la muñeca.

- Está bien, tranquilo- dice con un hilo de voz. Sé que me está analizando igual que yo a ella. - Voy a necesitar que se tumbe un poco.

La butaca en la que estoy sentado empieza a reclinarse cuando ella pone su mano en una palanca que hay a mi izquierda, hasta que quedo completamente tumbado. Pasa por mi lado y me extiende una pelota de goma hacia mi brazo intacto.

- Necesito que agarre esto y lo apriete constantemente. Necesitamos que su presión arterial vuelva a aumentar. Si empieza a marearse o a tener la visión borrosa, no me quedará otra que detener la extracción Ryan, pero debe ser sincero. - Me mira con un poco de preocupación, en busca de una respuesta sincera y en vez de mentirle como hice antes con las agujas, le contesto sinceramente.

-Está bien- digo mirándole.

Justo cuando va a dirigirse a apuntar algo en uno de los muchos papeles que se ha traído cuando ha vuelto a la sala se detiene a la altura de mir rodillas.

- ¿Usted ha sufrido algún impacto en el accidente?- dice señalando mis rodillas.

Joder, lo sabía. Estaba claro que cuando me he tirado al lado de Dan no lo he pensado. Me he raspado todas las rodillas. Me incorporo un poco la cabeza y llevo a ver que los vaqueros oscuros tienen dos ronchas rojas de sangre en cada una de mis rodillas. Que bien.

- No, debe haber sido después.- confieso.

- En ese caso, debo de atenderlo también. Espero que no tuviera excesivo aprecio a este pantalón porque voy a tener que cortarlo. - me dice esperando una respuesta.

Me la quedo mirando unos segundo y me pregunto por la cantidad de gilipolleces que tendrá que escuchar una persona como ella al día para preguntarme si le tengo aprecio a unos jeans.

- No se preocupe, Elisabeth, puede dejarme los jeans rotos en las rodillas como hace unos años, así volveré a estar a la moda, ¿no le parece?

Una sonrisa leve le ilumina la cara y no puede esconderla. La sigo mirando con determinación a cada movimiento que hace.

- Por favor Ryan, tráteme de tú. - dice mirándome con una sonrisa más que evidente, borrando esos ojos tristes por unos más achinados, visiblemente más brillantes y pequeños.

-Vale, lo mismo digo- respondo poniéndole una sonrisa burlona.

Esta chica ha hecho que me distraiga de pensar en la aguja que tengo clavada en el otro brazo y no sé cuando he parado de apretar la bola de goma que me ha dado. Parece como si fuera capaz de parar mi tiempo.

Me dirige una última mirada y empieza a rajar mis jeans con las tijeras. Desinfecta las heridas y las limpia cuidadosamente con sus pequeñas manos. Esta chica ha nacido para dedicarse a esto, el cuidado que deposita en cada uno de los toques que limpian mi herida me lo demuestra.

Sigo mirando cada uno de los movimientos que hace y parece que se ha dado cuenta, porque cuando está a punto de examinar más de cerca mi rodilla, vuelve su rostro hacia el mío.

- ¿Te encuentras bien?- pregunta clavando los ojos en los míos y luego recorriéndome con su mirada toda la cara hasta acabar en mis labios.

- Sí.

Esta enfermera está despertando algo en mí. Podría preguntarle mil cosas y no sabría por donde empezar. Ella continúa limpiando mis heridas hasta que termina y se levanta del taburete en el que se había sentado. Da la vuelta a la camilla que en su momento era butaca y toma otra vez su montón de papeles.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.