El día se había hecho pesado en el hospital, sobre todo, porque en mi cabeza no paraban de resonar las palabras de Travis.
A pesar de todo lo que opinaban mis amigos, Scott y Jen, yo sí, le había cogido cariño.
Desde de la última conversación que tuvimos cuando él terminó la operación de Dan, no habíamos vuelto a coincidir y lo agradecía.
Mi cabeza viaja a esos momentos con Ryan, mientras me dirijo a los vestuarios. Parece una buena persona, de esas transparentes, de las que siente y vive, las cosas tal y como te las dice. Pero al mismo tiempo sientes como estar al lado de él es tan peligroso como jugar con fuego.
Mi turno había acabado hace dos horas, pero aquí seguía yo.
Decido apartar todos los pensamientos de mi cabeza y camino lentamente por los pasillos del hospital con los fluorescentes, reflejando ya en mis cansados ojos.
Entro en el pasillo para personal autorizado y veo por fin la puerta de los vestuarios. Cojo las llaves de mi taquilla de un pequeño marco y agarro el pomo para abrir la puerta.
Cuando entro se me caen enseguida al suelo al ser consciente de lo que ven mis ojos.
El ruido metálico de las llaves retumba por la sala y no consigo articular palabra.
Lo sabía.
Sabía que como no lo había conseguido conmigo, lo habría intentado con ella.
Lágrimas empezaron a caer de mis ojos inconscientemente. Era una tonta por pensar que él y yo podríamos tener algo.
Travis y Sarah estaban liándose en el vestuario y yo los había pillado.
Cuando ambos escuchan las llaves caer al suelo, se detienen y se separan corriendo. Sarah coge su camiseta y sale por mi lado, abrochándose rápidamente el pantalón, pasa y es incapaz de mirarme a la cara, incapaz de decir nada. Escucho como la puerta se cierra tras mi espalda.
En ese momento que ya no hay nadie más que nosotros dos, Travis empieza a rogarme como tantas veces había hecho antes, mientras se sube el pantalón.
- No, es lo que parece Isa, te lo puedo explicar- sabía que me estaba engañando.
Sin dirigirle la palabra, me agacho y recojo mis llaves del suelo, para ir hacia mi taquilla. Entre lágrimas comienzo a sacar mi gabardina y mi bolso. Escucho súplicas y ruegos, pero soy incapaz de mirarle.
Travis se cansa de rogarme como tantas veces ha pasado y luego su ruego se convierte en ira en cuestión de segundos. Una de sus manos golpea la taquilla de mi derecha y me propicia un respingo.
- Elisabeth, te estoy hablando- grita - nunca me escuchas, ¿acaso no ves que quiero arreglar lo nuestro? Ahí ya no me puedo contener más.
- Tú y yo no tenemos nada que arreglar, por si no lo recuerdas, tú fuiste el que me dejaste -chillo- tú eres el que te vas a ir a otra ciudad y aunque me joda admitirlo, tú eres el que se propuso acabar con lo nuestro desde el día que rechacé tener sexo contigo - digo mirándolo a los ojos con rabia y dolor.
En ese momento su cara pasa de la confusión al odio. Sabía que iba a empezar a echarme en cara, que nunca nos habíamos acostado desde que estábamos juntos. Tenía mis motivos y una vez le intenté contar que las heridas del pasado no me permitían establecer esa relación que él quería.
Pero no me quiso escuchar. Se enfadó y me llamó estirada. Recuerdo lo borracho que estaba ese día por el resultado de una operación que se complicó.
Cuando les contaba algo a Jen y Scott, los dos llegaban a la conclusión de que era tonta por estar con él. Jen siempre me decía: "Travis no vale la pena Isa, es un cabrón y no se merece a alguien como tú a su lado"
Al principio sentía lástima si lo dejaba. Cuando el efecto del alcohol se pasaba después de las discusiones, se convertía en un niño pequeño, herido y triste. Por supuesto que él no se acordaba de nada de lo que decía. Y así vuelta a empezar la ruleta.
Otro golpe en la taquilla me hace despertar de mis pensamientos.
- Elisabeth. - está dispuesto a gritar, pero se detiene al verme llorar en absoluto silencio. - Joder Eli, perdón. Perdón, perdón.
Comienza a caminar por la habitación con las manos en la cabeza y siento que no reconozco al Travis que un día me invitó a salir.
- Travis, estás cansado, no pasa nada, mañana hablamos.- digo mirándolo y limpiándome las lágrimas. Él me observa un momento y se sienta en el banco donde antes estaba liándose con Sarah. Me da la espalda y sé que está esperando a que vaya a consolarle.
Cierro la taquilla y con cuidado guardo las llaves de la taquilla. Busco las llaves de mi coche y aprovecho mi momento para salir corriendo por la puerta y dejarlo atrás de una vez.
Mientras corro por el último pasillo que me lleva a la puerta de salida, en mi cabeza resuenan las palabras que mi madre me dijo hace poco.
"Cariño, hay algunos fantasmas que no se pueden borrar tan fácilmente y hay heridas que no te puedes curar, aunque seas enfermera."
Por fin salgo por la puerta y camino a paso rápido hacia mi coche. En medio del parking no puedo correr, no puedo aparentar que huyo de un ex-loco.
Estoy llegando a mi BMW M2, el coche que mi hermano me regaló, el coche que me va a sacar de este día infernal, cuando siento un agarre del brazo.
No puede ser. Me quedo estática en el sitio y trago saliva como puedo. Me giro y Travis está tras de mí. Con brusquedad me agarra de la muñeca y noto como me clava los dedos.
-Elisabeth, por favor. - Travis está desquiciado y su actitud no hace más que asustarme. Me siento muda por un momento, no puedo articular palabra, no puedo creer que me esté pasando esto otra vez a mí.
Cuando me acerca hacia él con brusquedad escucho un motor rugir en el parking.
Estoy salvada, hay alguien más aquí conmigo y él lo sabe.
Apenas serán las 7:30 de la mañana, pero acercándose el otoño, las tardes se han acortado y las mañanas también, el sol no sale tan pronto como antes.
Instintivamente, me suelta lentamente, no puede quedar en evidencia delante de ningún cliente o compañero, no puede permitirse manchar su "impoluto" historial.
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Editado: 25.01.2026