Cicatrices

17. Ryan

Me despierto con el sonido de un sollozo que viene del final del pasillo. Miro el móvil y marca las 5:00 de la mañana, hace tan solo unas horas estaba entrando por la puerta con esa chica en brazos.

Suspirando con evidente cansancio me levanto del sofá, llevo varios días que no consigo dormir apenas. Me dirijo hacia mi cuarto. Enciendo la luz del baño y dejo entrecerrada la puerta. Lo que veo es familiar y siento lástima al recordar a mi hermana pequeña atormentándose en sus pesadillas.

Me siento en el borde de la cama y lentamente pongo una mano en el hombro llamándole por su nombre

- Elisabeth -digo suavemente mientras le muevo un poco el brazo

Ella sigue metida en esa pesadilla y continúa llorando aunque cada vez es más fuerte, incluso los leves espasmos se han convertido en movimientos más bruscos.

- Elisabeth, despiértate - digo sacudiéndola con ambas manos. Sé que he perdido toda la calma cuando la he visto retorcerse así bajo la manta

Con la luz tenue, entrando en la habitación, alcanzo a ver cómo abre sus ojos de golpe y esa expresión triste regresa a su rostro acompañado de lágrimas que se escapan de sus ojos.

-Michael, ¡para!- chilla sacudiéndome un manotazo en el brazo.

Enseguida ve que no soy la persona que la atormentaba en sus sueños e instintivamente se echa hacia atrás acurrucándose a sí misma. Ahoga un grito y veo que realmente no tiene ni idea de que hago yo allí. Aunque ni siquiera yo lo sé.

- Perdón, ¿tú eres el del hospital, no? ¿Qué haces en mi casa?- antes de que pueda responder, mira alrededor y se da cuenta de que ni esa cama, ni esa habitación es la de su casa. Su cara cambia a una expresión mezclada con horror, miedo y vergüenza.

- Tranquila, no ha pasado nada.-digo borrando sus posibles dudas

Parece que estaba justo pensando en eso y su expresión se relaja un poco.

- ¿Ryan, cierto? - Dice incorporándose en la cama apoyándose contra el respaldo.

Me echo a un lado y asiento con la cabeza.

-Si, el mismo- no me deja continuar hablando porque se levanta rápidamente como si quisiera huir de la situación y cuando pone sus pies en el suelo cae de vuelta a la cama. El alcohol no se ha ido del todo.

- Genial,- dice con tono irónico mientras empieza a buscar con la mirada por la habitación- ¿qué hora es?

- Son las 5 de la mañana. Te dejaste el bolso en el coche de tus amigos. - digo intentando no sonar impertinente. - y dentro el teléfono.

Se gira para mirarme y parece que a la memoria le llega un recuerdo de algunas cosas de tan solo hace unas horas. Instintivamente, se lleva una mano a la cabeza y se levanta de nuevo.

- Oye perdona, yo no suelo hacer estas cosas, verás...- hace una pausa y se gira como si tuviera la necesidad de justificarse.

Me levanto de la cama y le abro la puerta del baño.

-Te espero en el salón y me dices que necesitas, no tienes que darme explicaciones de nada Elisabeth, a mí no.

La última aclaración que pronuncio hace que se quede mirándome con intriga. Salgo de la habitación pasando por su lado y la dejo ahí, con un espacio un poco más íntimo para ella.

No me queda otra más que esperarle, no voy a llamar a un Uber a estas horas, no soy un cabrón, menos aún sabiendo que no va a poder entrar en su casa.

Pasan los minutos y cuando estoy a punto de recordar cuánto tarda una chica en el baño aparece por el umbral.

El vestido le sigue quedando como un guante, su pelo sigue enmarcándole el rostro como en el hospital y esa mirada, ya no hay lágrimas, ahora hay un cierto rubor.

Enseguida nota que la estoy mirando y veo como se siente incómoda intentando bajarse un poco el vestido para que no se le vea más piel.

Joder, no era mi intención.

- Toma, ponte esto - le digo ofreciéndole una sudadera negra que tengo en una silla.

Se sigue avergonzando porque sus rubores no paran de aumentar, pero la acepta sin decir nada y se la pone. Le queda bastante grande, pero cubre un poco más que el vestido y le queda increíble, casi mejor que el vestido para mi gusto.

-Oye Ryan, perdona todo esto, no teníais por qué hacer nada - dice mirando al suelo jugando con las manos.

- No es nada Elisabeth, aunque creo que es hora de que nos presentemos mejor, ¿no?

Intento llevarme la situación a mi terreno y le ofrezco mi mano.

- Soy Ryan. - su cara queda dubitativa e intento hacer lo que mejor se me da, humor. -Sí, sí, el loco ese que estaba golpeando el hospital el otro día.

Una sonrisa se esboza y noto como se relaja. Estrecha mi mano y me mira directamente a los ojos

- Elisabeth, la enfermera que ha lidiado con un loco que quería tirar el hospital abajo. - dice con tono divertido.

- Encantado, dime ¿qué necesitas? - digo copiando esa sonrisa en mi rostro.




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