Sujeto el móvil con una mano mientras con la otra sigo apoyado en la moto. Como un imbécil sigo mirando su número de teléfono en mi pantalla y la vuelvo a mirar.
La sudadera, su cabello cayendo como una cascada, la luz del amanecer, se ve increíble hasta que se gira para mirar al tipo que la estaba esperando en la puerta de su casa. "Amor" dice el cabrón. Por supuesto que alguien como ella tenía que tener novio, no sé cómo no me lo he podido imaginar.
Alguien como ella nunca acabaría con alguien como yo, en todo caso yo acabaría con su futuro, sea cual sea.
El tipo baja las escaleras acortando la distancia y se nos queda mirando. No es que sea un experto en reconocer a las personas, pero diría que es el mismo que la estaba agarrando en el parking el otro día.
- Elisabeth... ¿Qué cojones llevas puesto, de donde ha salido este tío?- su molestia es más que visible sus palabras. Su cara pasa de ser de pocos amigos para convertirse en una mirada de asco. Enseguida se me tensa la mandíbula al escucharle.
-Travis, por favor, no empieces con tus arranques de celos. - dice intentando mantener la calma. Hace un rato que me ha dado la espalda, pero su tono suena tranquilo- Además, ¿Qué haces tú aquí, porque no estás con Sarah?
Uy, eso suena a golpe bajo, como a reproche. No me considero una persona de esas que les guste el chisme, pero la escena que tengo delante de mí es digna de telenovela.
-No evites mi pregunta Elisabeth, ¿Quién es este tío? - Ella se gira hacia mí y veo como su cara refleja dolor, sea quien sea este tío le ha hecho más daño del necesario. Estoy dispuesto a levantarme de la moto para defenderla, pero de momento no veo peligro. Su mirada casi dice perdón porque estés viendo esto, pero se vuelve a girar para confrontarlo de nuevo.
-Él es lo mismo que Sarah para ti ¿contento? - ahora sí que me he perdido
- ¿Te lo has follado? - grita él acercándose hacia ella.
- Y si te digo que si, ¿qué? ¿Qué te importa a ti Travis, acaso no te vas mañana, acaso no me has dejado por tu puto ego? - toma aire e inhala buscando la calma que ha perdido- No te debo ninguna explicación Travis, tú y yo ya no somos nada, así que te pido que me dejes en paz. Que tengas buen viaje.
Ella se dirige hacia el apartamento, pero él vuelve a agarrarla del brazo. Ahora, sí lo tengo claro, es el mismo del parking. Siento como se forma un nudo en mi estómago al ver como le agarra y mi cuerpo se pone instintivamente en alerta, abandonando esa pose cómoda para levantarme de la moto.
-Elisabeth, no me puedes hacer esto
- Sí, sí que puedo Travis, de hecho ya lo he hecho. - dice ella estirando de su brazo para soltarse de su agarre.
Si las miradas matasen, estos dos ya estarían más que muertos. Viendo esta escena solo me viene a la cabeza la frase de que "del amor al odio hay tan solo un paso".
Al ver que aparentemente tiene la situación bajo control me relajo apoyándome levemente en la moto.
- Sabes, amor, siempre supe que eras una puta.
No soy yo el primero que reacciona, porque ella se gira y le mete una bofetada en toda la cara. El sonido retumba en el silencio de la mañana y mis ojos se quedan tan atónitos como los de él, este tío es alto, pero Elisabeth se las sabe apañar perfectamente para darle donde más le duele.
Cuando el gilipollas pone su mano justo donde le acaban de dar y a los pocos segundos se recompone quitando su cara de asombro dirigiéndose hacia ella con la mano levantada, pero ahí sí que decido intervenir, creo que he visto suficiente.
-Ni se te ocurra tocarla, creo que es mejor que te marches- le digo agarrando su brazo en el aire. Su expresión está llena de odio, sus ojos viajan de mí a ella, que sigue detrás de mí como si ahí fuese invisible para este tipo.
He visto de cerca la violencia demasiadas veces, desde niño siempre ha estado presente en mi casa y mi entorno, pero esto es algo completamente nuevo para mí, ese odio, esos celos capaces de herir una persona a la que has amado, no, eso sí que no.
- Lárgate, ahora- digo demandante mientras veo como está dudando en confrontarme.
Ahí está, otra vez, esa cara de asco. Suelta su brazo de golpe y se da la vuelta regalándonos un "que os den".
Cuando ya se ha alejado unos metros me giro lentamente para ver a la chica que sigue detrás de mí.
- Eres igual que los demás. - Me dice sin levantar la voz, sin odio y eso duele más que el silencio que queda entre nosotros al decir esa frase. Me siento hecho un lío.
-Elisabeth, iba a pegarte... - digo mientras noto como se aleja de mí dando pasos hacia atrás.
Unas lágrimas se deslizan por sus ojos, esas mismas que ha estado aguantando desde que lo vio acercarse cuando llegamos, mi mirada se afina y no puedo evitar sentir lástima por ella, por alguien que sufre así.
-No lo hagas Ryan- dice con la voz temblorosa mientras las lágrimas siguen cayendo por su rostro - No me mires así, no me protejas así.
No puedo evitar sentir que la he cagado, aun pensando que era lo mejor que podía hacer. Voy a dar un paso hacia delante, pero ella vuelve a retroceder.
- No sabes nada de mí, no sabes lo que necesito... ni lo que no.
Se da la vuelta entre lágrimas y la veo subir las escaleras. En efecto, la portera le abre la puerta y la veo desaparecer ante mis ojos.
Y ahí me deja, en medio de la calle, con un montón de dudas haciéndose en mi cabeza. ¿Qué cojones acaba de pasar? ¿Acaso he hecho mal en parar la mano de ese cabronazo?
Mi mente no es capaz de aclararse y me dirijo hacia mi moto. Arranco con brusquedad, me pongo el casco y me marcho lo más rápido que puedo.
Muy bien, Ryan, la has vuelto a cagar.
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Editado: 13.02.2026