Cicatrices

20. Elisabeth

Han pasado dos días desde que Ryan me dejó en mi apartamento y desde entonces no he parado de escuchar de la boca de Amber :“Travis es un imbécil, no te cierres la puerta con el motero buenorro”

Al día siguiente de la fiesta en Oasis estuvimos hablando y llegamos a la conclusión de que alguien nos había drogado. Un par de chupitos que nos tomamos en la “no” carrera fue suficiente para dejar nuestra memoria en blanco y eso nunca antes había pasado.

Cuando nos hicimos unos test que cogí del hospital ese mismo día, llegamos a la conclusión de que allí había gente que iban a por chicas para hacer cualquier cosa, miles de las ideas más depravadas que existen en este mundo se me agolpaban en la cabeza y sentía arcadas cada vez que una de ellas se deslizaba por mis pensamientos.

Desde que las tres dimos positivo en GHB, una droga que te elimina cualquier memoria de esa noche, me atreví a contarle an Amber y Jen lo que me había pasado con el chico no tan misterioso.

A día de hoy aún sigo preguntándome por qué lo hizo. Segundos después la imagen de Travis insultándome aparece en mi mente y no puedo evitar volver a sentir esa furia. El pasado está más presente de lo que yo esperaba y la mano defensora de Ryan fue como una bofetada a mi yo de 20 años.

- Elisabeth tía, ¿me estás escuchando? - La voz de Emily me saca de mis pensamientos y me recuerda que sigo en una clase de neurología.

- Lo siento Emy, ¿qué decías? - Emily rueda los ojos y me enseña su móvil entre unos apuntes.

Emily es la única amiga que tengo en las clases de Medicina. Amber está en el ala de Veterinaria y pocas veces coincido con ella, sin contar que los horarios que llevamos son completamente opuestos.Miro un poco más detenida la pantalla del móvil de Emily y veo que han anulado los turnos del hospital y han organizado unos nuevos debido a un “fallo técnico de la programación”, lo que se resume en que ahora tengo que atender un turno justo después de clase. Perfecto, una guardia para la que no estoy preparada.

Miro a mi compañera y le doy las gracias con una media sonrisa. La clase se me hace eterna y cuando acaba salgo lo más rápido posible hacia mi apartamento para poder comer algo antes de entrar por las puertas del hospital.

No está muy lejos de la universidad y enseguida llego a esas escaleras. No he podido dejar de pensar en Ryan desde que lo vi en el hospital, algo inquietante se esconde en esos ojos de color café.Su aroma, su voz, su ligera barba incipiente, su pluma de tinta tatuada en el cuello que se esconde bajo la camiseta.

No lo he visto desde entonces, su amigo Daniel sigue en coma en el hospital y por lo que me ha contado Jen, Ryan va todos los días a sentarse a su lado las 2 horas que permiten visitas.

Miro la pantalla de mi móvil y veo que me queda menos de una hora para comer algo y marcharme. Subo a toda prisa y una ensalada preparada del supermercado me sirve como cena rápida. No soy una chef en la cocina, me alimento a base de comida que venden ya cocinada en una tienda que está a dos calles.

Cuando llego al hospital mi plaza favorita sigue libre, como si estuviera esperándome para volver a entrar sin una hora de salida definitiva. En el parking soy capaz de divisar una moto que conozco bien, mi vista es un poco mala, pero sé reconocer donde he puesto el culo.

Como no, él está aquí. El horario de visitas ha empezado hace 15 minutos. Me odio a mí misma porque una parte de mí desea verlo para disculparme con él y otra parte solo me recuerda que un tipo como él es perfecto para llevarme de vuelta al infierno que viví en San Francisco. Y es que sin saber por qué mi cuerpo se siente demasiado atraído, su cabello ligeramente despeinado, sus músculos rígidos y esos ojos que prometen destrozarme el futuro tienen un imán, una conexión que hace que me resulte muy difícil dejar de devorarlo con la vista.

Antes de que ponga a mi imaginación a trabajar me detengo y pongo la cabeza fría. Entro al área del personal y saludo a un par de compañeros que ya se marchan a casa después de una larga mañana aquí.

Me pongo el uniforme en el vestuario y al ajustar mi Apple Watch en la muñeca maldigo para mis adentros. Hoy es el último día de Travis y lo último que me apetece es verle la cara.

Cuando Amber me trajo el bolso junto con el móvil me dijo que había estado recibiendo un montón de llamadas y mensajes, y también se sinceró diciéndome que como Travis no le caía “especialmente bien” había apagado el teléfono para que le redirigiera al contestador. Desde la otra noche que Ryan me dejo en mi casa, no ha parado de mandarme mensajes y cada vez que se iluminaba la pantalla un rayo de esperanza me recorría el cuerpo pensando que podía ser Ryan.

No sé de donde saqué el valor de darle mi número, nunca he hecho algo así, pero siento que cuando estoy cerca de él pierdo toda la racionalidad de mi cabeza.

La primera media hora de la tarde pasa tranquila, evito el área próxima a los quirófanos para no encontrarme con Travis y como consecuencia una pila de documentos se agolpan al lado de mi ordenador.

Cuando llevo más de 10 informes mi reloj vibra y agradezco que el descanso de 15 minutos haya llegado. Estaba tan absorta en los documentos que no me he dado cuenta de que ya está atardeciendo.

Me dirijo hacia la máquina del ala contraria del hospital para tomarme un té, pero me encuentro con un cartel que dice “fuera de servicio”.

Suspiro para mis adentros y me dirijo al lado que estaba evitando, el sector de urgencias y cuidados intensivos. Por la hora que es, el turno de visitas está próximo a su fin.

Llego a la máquina y no puedo evitar alegrarme cuando el té sale humeante. Mis pies me llevan hacia un puente que conecta dos edificios del hospital y observo el atardecer. Mi vista se pierde en el horizonte hasta que escucho el sonido de una puerta cerrarse. Por el otro lado del puente sale Ryan hablando por teléfono, parece que está ¿discutiendo?, por la expresión de su rostro y como se pasa la mano por el pelo diría que está volviendo a pelearse con alguien. Camina de un lado a otro y al final alcanza a verme con el teléfono aún en su oreja.




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