¿Por qué esta mujer me vuelve tan loco? ¿Quién se está dedicando a drogar a las chicas en las fiestas de Tyler? ¿Por qué de todas la eligieron a ella? Un montón de preguntas se agolpan en mi cabeza. No es la primera vez que escucho que alguien se divierte de más en las fiestas de Tyler, pero, ¿drogas?, jamás.
Es la primera vez que he visto a Elisabeth desde que la deje en su casa aquella noche y hoy se veía más increíble que el otro día. No sé cómo no me di cuenta, pero hasta el uniforme le hace un cuerpazo. Iba a insistirle en que no hiciera nada, pero antes de que se marchase me dijo que iba a averiguar quién estaba detrás de eso. Parece ser que encima de enfermera tiene afición de inspectora, lo que me faltaba.
Está claro que yo no soy quién para prohibirle nada, pero sé que no tiene ni idea de donde se va a meter.
Después de que me he tragado mi orgullo y no le he dicho nada más del tema, le he pedido que me llevase hasta la cafetería o máquina expendedora de este puto laberinto. Este hospital es enorme y se nota demasiado que es privado. Me ha costado seguirle el ritmo, está más que harta de patearse los pasillos y a pesar de que dos de sus pasos son como uno de los míos, me ha dejado atrás. Es ligeramente más bajita que yo, pero joder coge una velocidad que no hay quien la alcance.
El camino hasta la máquina del café ha sido en silencio, pero agradable, luego se ha vuelto a disculpar por milésima vez y se ha marchado porque su turno de descanso se había acabado. Antes de ello me he fiado de su criterio y he aceptado que me haya invitado al único té que hay en la dichosa máquina. Sabe a rayos, no sé cómo le puede gustar y menos aún como lo puede definir como "bebida relax", tiene más cafeína que dos expresos juntos.
En cuanto a Dan está igual. Inducido en coma esperando a que se recupere y sane como debe. Tiene un mejor aspecto, pero aun con todo me temo que le queda bastante por recuperarse.
Mientras estoy en el hospital, aprovecho para estudiar un poco para las oposiciones. Aunque hace un año que terminé los estudios judiciales, todo lo que he visto me ha defraudado y la impotencia que sentí desde pequeño me quiso hacer aprender, para saber como podría meter a mi propio padre a la cárcel con el único motivo de que dejara a mi madre en paz. Sé que es un poco retorcido, pero sé que hay mucha más gente en este mundo que vive este tipo de situaciones e incluso peores que las mías.
Pero no me puedo mentir, la justicia en este mundo es una mierda y si al menos conseguir un puesto de policía me puede hacer repartir mi propia justicia de la manera más "ética" posible, me conformaré.
No paro de pensar en que la carrera del otro día no se celebró y sé que el loco de Henry está dispuesto a esperar lo que haga falta para cobrarse esa sed de venganza que tiene. Henry estaba tragado de Alison, la que era la novia de Dan y bueno, ella nunca se fijó en él. Sé que lo que tiene es algo personal, pero más me vale competir contra él para mantener la integridad de la familia de mi amigo.
Lo peor es que no tenemos fecha nueva de la carrera, Tyler va a dejar un periodo de tiempo para que se calmen un poco las cosas con la policía mientras busca quién dio el soplo el otro día.
Ha pasado ya una semana desde el accidente de Dan, he estado viniendo todos los días, compaginándolo con entrenamiento, trabajo y estudios, pero lo que más me jode es que no he visto a Elisabeth desde el último descanso. Me alegra saber que el cabrón ese de Travis ya no está por aquí, pero sigo sin entender por qué no me la cruzo por ningún pasillo. Espero que no me esté evitando.
Se acerca el final de la visita de hoy y me dirijo hacia la máquina de café que me enseñó. Agotado ya por la semana, arrastro un poco los pies mientras miro en el móvil unos mensajes de Tyler.
Cuando giro la esquina del pasillo y veo la máquina de café, ahí está. Una pequeña silueta que está golpeando la máquina. Una sonrisa aparece en mi rostro y me acerco con sigilo.
- Pensaba que el que aporreaba los mostradores era yo - digo pegando mi boca a su oído. Un chillido ahogado sale de su boca mientras se aleja de un respingo de mí.
- Joder Ryan que susto. - Es la primera vez que le oigo hablar así de mal, incluso ella parece sorprendida. Su expresión vuelve a la normalidad quitando esa cara de horror y veo un brillo en sus ojos, o soy yo, o ella está igual de ilusionada por verme. - Perdón, es que se ha tragado mi última moneda. - dice señalando su barrita de chocolate que está casi colgando del dispensador.
- Ya veo- digo mirando hacia la izquierda y la derecha, me aseguro de que nadie está en el pasillo y sacudo un lateral de la máquina. Le doy más fuerte de lo que me esperaba y hace un pequeño estruendo en el pasillo. No solo cae una de las barritas, sino dos y un paquete de regalices de fresa.
-¡Ryan! - dice con una mano tapándose la boca, ahogando un grito. Para mi sorpresa me da un manotazo suave en el hombro.
Me agacho a recoger las barritas y la bolsa de chuches y descubro que en verdad se está tapando la cara para aguantarse la risa.
-Esto es tuyo, doctora. - digo extendiéndole la mano. Su risa suena bajita y se me hace contagiosa, porque noto como se me forma una sonrisa tonta en la cara.
-Gracias, pero no hacía falta, esta es para ti - dice extendiéndome una barrita de chocolate.
- Te la acepto porque tienes buen gusto.
Mientras presiono un par de botones y espero a que salga el café le pregunto acerca del estado de Dan.
- Doctora, yo no tengo mucha idea de estas cosas, pero, ¿ve progreso en Dan? - noto como mi mandíbula se tensa, sinceramente temo a la respuesta de Elisabeth.
- Ryan, si quieres saber mi punto de vista profesional, te tengo que decir que es pronto para ver mejorías notables, pero, por otro lado, te puedo decir que sus constantes vitales han tenido una leve mejoría, además de una pequeña reducción de medicamento que le han ido haciendo.
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Editado: 13.02.2026