Cicatrices

22. Elisabeth

Ryan me sigue de cerca, sus pasos son como dos zancadas mías, aunque estoy acostumbrada a correr por estos pasillos. Cuando estamos llegando me giro bruscamente y él frena en seco a escasos centímetros de mí.

Elevo un poco el rostro y observo esos ojos café. Nuestra diferencia de alturas es ligera aunque algo me da que él pasa de los 1,80 metros de altura.

-Ya hemos llegado - digo separándome un poco.

Cuando mira por encima de mí, veo como le cambia la expresión.

- Este es el sitio que más me relaja cuando pierdo toda esperanza en la medicina, - confieso - no siempre es fácil estar detrás de los cuidados de los enfermos ¿sabes?

Una pequeña parte del jardín interior del hospital tiene un área que es casi terapéutica. Un árbol de Júpiter se encuentra en el centro, su suave y dulce olor te hace relajarte al instante, el color rosa de sus flores deja un precioso escenario. Es mi lugar secreto y se lo acabo de entregar a él. Apenas nos conocemos y soy consciente de ello, pero sé que él también siente algo distinto, no es deseo y me da miedo saber que no soy capaz de definirlo.

- Es un lugar realmente relajante, no como ese té- dice señalando a mi vaso con la mirada.

-Eso es porque lo probaste frío, seguro que si lo probaras caliente te gustaría.

Nos sentamos en un banco y noto como me sudan las manos. El manojo de nervios que soy ahora mismo a escasos centímetros de Ryan no encaja con el lugar relajante

- Dígame doctora Elisabeth, ¿por qué decidió estudiar medicina?- dice don un tono de periodista. No puedo evitar reirme.

-Ryan, no soy doctora aún, soy solo una enfermera.

-Lo sé

-No, no puedes saberlo si nunca te lo he dicho.

-Sí, pero para mí sigues siendo la doctora. - dice guiñándome un ojo- ¿me vas a contestar a la pregunta? - dice con una mirada curiosa mientras abre su barrita de chocolate.

Me quedo pensativa un momento decidiéndome entre si abrirme con el es buena idea y si soy capaz de pronunciarlo en voz alta.

-Cuando era pequeña, mi padre estaba muy enfermo. Siempre ha estado enfermo en realidad. Pero estaba latente, hasta que su cuerpo no lo pudo aguantar más. Los médicos siempre han sido caros y mi infancia no estuvo muy rodeada de lujos. - Lo miro un momento y continuo sin saber por qué le estoy contando esto a él. - Cuando entré en el instituto, las cosas en casa iban a mejor, mi madre había ganado un caso importante y se hizo reconocida como abogada. A pesar de que podían permitirse una enfermera viviendo en casa, decidí que habrá mucha más gente en peores situaciones que la nuestra y por ello decidí que me gustaría convertirme en una buena doctora.

- Me quito el sombrero contigo Eli- dice con un gesto de reverencia. Enseguida noto su apodo y no puedo evitar poner un gesto de desagrado en mi cara. Él lo nota y lo sé- Perdona Elisabeth, ¿he dicho algo mal?

- No me gusta mucho que me llamen Eli la verdad, no trae buenos recuerdos de la persona que me llamó así tantas veces.

- Mierda - masculla entre dientes - perdón, no era mi intención.

-Lo sé.

-Entonces dime, como puedo acortar tu nombre, Elisabeth es muuuy largo - dice haciendo un gesto de bostezo como si le hubiera costado una eternidad decirlo. Me rio ante su exageración y le vuelvo a retar.

- Prueba a ver.

-Hmm- dice pensativo mientras pasa una de sus manos por su mandíbula, acariciando su barba perfectamente recortada. -Tengo varios, que tal Beth o Betty. Isa sé que te lo dicen bastante.

-Ninguno es nuevo

- Ya lo tengo - dice chasqueando los dedos. Se incorpora rápidamente en el banco y con decisión me señala.

- Doctora Izzy. ¿Qué te parece?- parece un niño emocionado con su nuevo invento. A decir verdad, nunca me han llamado así.

Mi Apple Watch suena de nuevo y los dos miramos al dispositivo de mi muñeca. Me levanto del banco y el hace lo mismo.

- Parece que debo de marcharme. - digo dejándolo con la duda.

- Espera, no me puedes hacer esto, doctora. ¿Acaso hay alguien que te llame así ya?- su tono se convierte algo ronco y acorta la distancia un poco entre nosotros. Sonrió y sé que le he dado la victoria. - Lo sabía. Está bien, que tenga buena tarde, doctora Izzy, nos veremos pronto.

Me quedo mirando como se agacha a recoger su café del banco y sé que está a punto de irse. No sé de donde me sale la iniciativa, pero me atrevo a abrir la boca.

-Eso espero. - digo haciendo una pausa- Hazme un favor y llámame ¿sí?

Por lo que acabo de decir veo como se cambia su cara al completo y enseguida siento mis rubores aparecer, antes de darle el lujo de ver eso me giro y me marcho hacia el pasillo.

Una última vez, me dice mi cabeza, gírate una última vez. Dejo seguir mi instinto y miro por encima del hombro. Ahí está él. Mirándome con esos ojos. Le regalo una última sonrisa y giro la esquina.

Parece tan perfecto que no puede ser real, a mí nunca me pasan estas cosas y parece que por fin el karma me está devolviendo todo lo que he hecho.




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