Cicatrices

23. Ryan

Elisabeth, o mejor dicho la doctora "Izzy", así como la llamo yo ahora, me va a volver loco.

Ha pasado una semana desde que me dijo que le llamase, no hemos podido encajar ni una sola vez que no sea en el hospital. Su horario de guardias es una mierda, irregular y siempre tiene el don de coincidir con mi trabajo el día que ella tiene libre.

Me he estado conformando con los 15 minutos de su descanso. El pequeño jardín del hospital y verla sorber ese asqueroso té se han convertido en mis momentos favoritos de cada día. Tengo que tragarme mi orgullo y confesar que me estoy pillando incondicionalmente de ella. Nunca me había pasado algo así con nadie. Un sentimiento que no viene de la lujuria ni el deseo, una chica que no se interesa por mi físico o por la carrera que he ganado compitiendo, una chica que no se ha fijado en mí por la gente con la que voy, sino una chica normal y corriente, de esas que se ven inalcanzables cuando cruzan un paso de peatones delante de ti.

No sé aún que ve en un cabrón como yo, muchas veces cuando el pitido de su reloj marca nuestra despedida me pregunto si pasa su tiempo conmigo porque le doy pena o porque le parezco un pasatiempo. Mi cabeza niega esas ideas, pero me resulta muy difíciles no escucharlas.

Ella no es como las demás, ella no es como Ashley. Sé que ella no me traicionaría.

Se me acelera el corazón cuando la veo llegar por el pasillo, su traje de enfermera y su cabello recogido en una alta coleta me hace alterarme igual que el motor de mi moto cuando entra en contacto con la gasolina.

Dan sigue en coma aunque ya se ven mejorías. Por difícil que parezca la situación, esta última semana es cuando más he estudiado y más he rendido en los entrenamientos y el trabajo. En mi cabeza aún suena la alarma de peligro que me recuerda que la carrera está pronto por llegar.

Es prácticamente de noche ya y apenas son las siete de la tarde. Me he quedado hasta tarde en la sala de espera del hospital que está al lado de la habitación de Dan. Hoy no he visto a Elisabeth y he de confesar que se me ha hecho eterno el día.

Me dirijo hacia la salida y saludo al chico que está en recepción todos los días. Ya se ha vuelto una costumbre.

-Buenas noches, David.

- Que tenga buena noche, Ryan.- Su pecosa cara me devuelve una sonrisa amable y salgo hacia el parking.

Cuando me voy a poner el casco mi teléfono comienza a vibrar. "Número desconocido" aparece en mi pantalla. De normal le hubiera colgado o le hubiera contestado diciéndole que se meta su mejora de fibra y móvil por donde le quepa, pero con el tema de la carrera no me queda otra que contestar.

- Ryan, ¿con quién hablo?

- Amorcito, que bueno que me respondes- Me despego el teléfono de la cara y no puedo evitar sentir repulsión. Ashley, que no me ha llamado en semanas, ni siquiera por el accidente de Dan, está al otro lado del teléfono. Por su tono puedo decir que le bailan las palabras en su boca.

- Ashley, ¿qué quieres? - espeto con tono seco y cortante.

-Ay amorcito, no seas así. Sabes que te echo mucho de menos.

-Cualquiera lo diría con la cantidad de veces que me has llamado desde que lo dejamos. - digo con tono de ironía.

- Ay amor, no seas rencoroso, sabes que lo mío no es hablar por teléfono. Pero tengo a alguien que sí quiere hablar contigo. - escucho como llama a alguien con un grito de borracha y pronto escucho como alguien respira a través de la otra línea. - Hola Raven.

Mis músculos se tensan y me quedo rígido en el sitio. Siento como se me hiela la sangre cuando escucho ese nombre. Conozco muy bien al tío que está al otro lado y sé que no puede querer nada bueno.

- Vaya, no me digas que alguien te cortó la lengua, con las ganas que tenía de hacerlo yo.

- Déjala en paz Nick. - la ira se acumula en mi estómago y sale disparada por mi garganta.

-Tranquilo Raven, Ashley ya tomó su decisión, dice que ahora está muy bien aquí. - escucho música y ruido de fondo, sé perfectamente donde están.- También dice que en la cama está mucho mejor conmigo, pero un caballero no habla de estas cosas.- dice riéndose.

No puedo evitar apretar el teléfono con fuerza. Es un tema bastante complicado para mí. No solo Ashley me dejó por otro sino que me vendió a la competencia, a mí y a mi grupo. Nos metió en un lío y hemos pagado la consecuencia con creces.

-Nick, ya te hemos pagado todo, no te debemos nada, ¿qué quieres?

- Verás Raven, tu amiguito Dan aún me debía un par de favores, pero después de su accidente infortunado, no ha podido venir a pagarme, así que entiendo que su hermano si podrá venir a pagar, ¿no?, o ¿acaso tengo que irme a hacerle una visita a la señora Smith?

Joder, parece que a Dan no le había ido tan bien como a mí estos meses. Después de que dejé las carreras él me dijo que haría una última, pero por la cantidad de problemas que me he encontrado veo que sigue igual o peor. No puedo dejar que le haga nada a su madre o su hermana.

-Ni se te ocurra ponerles un dedo encima - mi voz suena con un odio profundo, pero no puedo permitirme el lujo de insultarlo -, en 5 minutos estoy.

Antes de escuchar como la línea se corta alcanzo a escuchar esa siniestra risa. Sé que voy hacia mi sentencia, pero tengo que hacer lo que haga falta por solucionar los marrones de mi amigo, sé que él lo haría por mí.

Me monto a la moto y salgo disparado del parking. No va a ser una buena idea, lo siento, una vibración me recorre el cuerpo entero y me empiezo a arrepentir cuando me estoy quitando el casco enfrente de ese club que tantas veces he visitado.




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