Cicatrices

26. Elisabeth

Soy incapaz de levantar la vista al espejo. La palabra "preciosa" resuena en mi cabeza, sé que Ryan no lo ha hecho con mala intención, al contrario que otras personas, sus intenciones parecen sinceras conmigo, pero no puedo fiarme de nadie, no después de lo que pasó

-Oye, lo siento. - escucho su voz por detrás de mí. Por su gruñido sé que se ha levantado. Venga Elisabeth, tienes que ser valiente.

Me armo de coraje y levanto mi cabeza hacia el espejo. Mi mirada se encuentra con la suya en el reflejo. Él se ve tan tentador como siempre. Su pelo medio despeinado, sus abdominales trabajados y su cara cincelada a la perfección. Me es inevitable fijarme en la cinta de sus Calvin Klein que sobresale de su pantalón cargo. Mi mirada se desvía a su costado y veo cada una de sus costillas marcadas con saña mientras las plumas negras de tinta caen hacia su abdomen, como si eso hiciera que fuera menos doloroso.

Me giro sobre mí misma y lo tengo a escasos centímetros.

-No es tu culpa.- digo forzando una sonrisa mientras levanto un poco la cabeza para mirarle.

-Estaré para lo que necesites Izzy, - una de las muchas lágrimas que llevo rato conteniendo cae y enseguida la retira con su pulgar.- De todos modos doctora, no es que pueda irme muy lejos.

Se mira a sí mismo hacia abajo y sé que está expresando su humor para aligerar el ambiente. Lo reconozco enseguida y la estúpida sonrisa de niña pequeña se forma en mi rostro.

Antes de que pueda decir nada, es esta vez mi estómago el que ruge con fuerza. Una risa suave sale de mis labios y no puedo evitar mirar hacia abajo y seguidamente hacia él.

- Bueno, parece que nuestros estómagos se han puesto de acuerdo. ¿Quieres quedarte a desayunar? No es que yo no quiera, pero no puedo obligarte, aunque no puedo dejar que te marches así. - Mis últimas palabras salen atropelladas de mi boca, siento que si no lo justifico se puede malinterpretar y sé que él lo nota, por alguna razón mi nerviosismo le hace feliz.

-Por favor, me encantaría. - su rostro tiene un mejor aspecto y más cuando sonríe. - Y bien, ¿dónde tienes la cocina doctora?

Siento que el mundo entero se me cae encima, recuerdo perfectamente lo que tengo en el frigorífico y más aún las cuatro tostadas rancias que tengo en el armario que es mi "reserva de alimentos".

- No te preocupes, iré a comprar algo. - digo apresuradamente lavándome las manos.

- ¿Segura? No dirías eso si me vieras tras los fogones- dice con una sonrisa de superioridad. Se nota que está orgulloso de sus dotes culinarios, no como yo, que apenas sé freír un huevo sin salir huyendo del aceite cuando salpica.

Termino de lavarme las manos y me giro de nuevo para mirarlo, con evidente vergüenza en mi cara.

- Está bien, tú lo has querido.

Salgo del baño y él hace lo mismo detrás de mí. Oigo como me sigue a cada paso que doy y en la siguiente puerta del pasillo abro la que da a la cocina.

Es bastante grande para mí, los electrodomésticos junto con una encimera negra recorren lo largo de la pared izquierda llena de armarios medio vacíos, mientras que en la derecha hay una pequeña encimera flotante que habré usado igual 5 veces desde que vivo aquí. Me hago a un lado y veo como entra a la sala.

-Bueno, pues esta es la cocina. - siento como mis manos sudan y me trago el nudo que he creado en la garganta. No puedo seguir viéndole sin camiseta, no me deja concentrarme en nada más. - Ahora vuelvo.

Sé que le vuelvo a dejar con la palabra en la boca, pero no sé si estoy segura de querer escuchar su opinión acerca de en que baso mi valor nutricional. Voy a mi dormitorio y enseguida busco en el armario la sudadera que me dio cuando me dejo en mi casa después de la fiesta.

La tomo entre las manos y cuando llego a la cocina veo lo que me temía. Está de espaldas a mí, y por primer vez puedo ver como cada uno de los músculos que tiene están más que trabajados, pero lo peor es cuando gira medio cuerpo para mirarme y señala con el dedo índice el medio limón que hay en la nevera junto con dos botes de salsa abiertos, probablemente caducados.

- Elisabeth, yo no soy una persona que juzgue, pero ¿de esto te alimentas? - dice cogiendo el medio limón rancio con una mano.

- Yo te avisé...- Mi cara debe de estar más que roja ahora mismo. Veo como deja delicadamente el limón y cierra la puerta del frigorífico. - Toma, ponte esto - digo ofreciéndole la sudadera. - Es la que tú me dejaste la vez pasada.

Se acerca con un paso tranquilo y con dos de sus zancadas recorre la cocina.

- Será mejor que vaya a comprar algo para alimentar ese estómago - dice cogiendo la sudadera y señalando mi estómago. Este chico debería de ser ilegal, en serio, su estiramiento para meter la cabeza por la sudadera y ese pelo despeinado le hace juego con toda la ropa negra que lleva casi siempre.

- ¿Qué? No, tú no vas así a ninguna parte Ryan, tienes que quedarte a descansar. Aparte eres mi invitado, ¿qué clase de anfitrión manda a sus invitados a comprar?

- Luego dices que no eres terca, doctora. - levanta las manos, levemente, como si fuera un delincuente perseguido por la policía y me mira de una manera que nunca había hecho antes - Me rindo Izzy.

- Muy bien, siéntate en el salón o en la terraza a estas horas hay muy buenas vistas de la ciudad.

-¿Segura te parece bien que me quede Elisabeth?- su tono cambia a uno más serio y sé que cuando usa mi nombre completo es por algo más serio.

-Ryan, al menos por hoy considera mi casa la tuya, tienes que recuperar fuerzas.

Sin más reproches salgo por la puerta cogiendo mi abrigo y mis botas de estar por casa marrones. Mientras bajo en el ascensor le mando un mensaje, no sé qué quiere para desayunar, desconozco sus gustos más allá de las barritas de chocolate.

Enseguida me responde con un "todo lo que se parezca a ti doctora ;)" , no puedo evitar ponerme roja de nuevo. Seguido de un mensaje suyo diciendo "prueba a sorprenderme" decido que compraré mi clásico favorito.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.