Nunca había tenido un despertar tan agradable a pesar de que me habían dado una paliza la noche anterior. Sabía que cuando escuché la voz de Ashley al otro lado del teléfono nada bueno me iba a traer. Incluso si hubiera sacado todo el dinero que tengo en el banco, los matones de Nick no me hubieran dejado salir de ahí sin tocarme un pelo.
Cuando se abre la puerta del ascensor veo a Elisabeth con un papel en la mano y con el desayuno en la otra
Está pálida cuando levanta la mirada. Su expresión es de un terror que conozco demasiado bien. He visto muchas veces la cara de mi madre con ese mismo miedo, recuerdo con el temor que miraba a mi padre acercarse borracho.
Mi expresión relajada se esfuma cuando unas lágrimas silenciosas se deslizan por su rostro. Salgo del umbral de la puerta y me interpongo entre la puerta del ascensor y ella.
-Elisabeth. ¿Que ha pasado?- su rostro está cada vez más desencajado y su cabeza solo responde levantando la mirada.
Está rota, lo veo en sus ojos, es el reflejo de alguien que le atraviesa el dolor como un puñal.
-Elisabeth, ven conmigo.- le digo ofreciendo la mano.
Noto como respira de manera alterada pero por alguna extraña razón toma mi mano. La acompaño hasta dentro del piso y dejo todo lo que llevaba en las manos encima de la mesa.
Ella se ha quedado en el mismo sitio que la dejé desde que cerré la puerta y no me ha dicho palabra.
-Elisabeth, dime que estás bien y que no te han hecho nada por favor- Sus lágrimas corren silenciosas por su rostro cuando lo eleva lentamente a para mirarme. Me siento la peor persona del mundo, si algo le ha ocurrido será por mi culpa, por ser incapaz de acompañarla.
No responde, parece que se ha quedado sin voz tras leer ese papel. Da un paso torpe hacia mí, como si fuera incapaz de coordinar su cuerpo. Una de sus manos se aferra lentamente a mi sudadera y noto como duda. A los pocos segundos su otra mano me envuelve y entiendo lo vulnerable que se siente.
Correspondo su abrazo, envolviéndola despacio, como si fuera a romperse en mis brazos en cualquier momento. Su rostro se apoya sobre mi pecho y su respiración se vuelve inestable. No sé qué le ha pasado, de sus labios no salen palabras, pero el silencio y la reacción de como tiembla bajo mis brazos se sienten como gritos de socorro.
Me siento como el refugio de alguien por primera vez en mucho tiempo. Decido seguir mi instinto y apoyo la barbilla en su cabeza, mientras con una mano le froto lentamente la espalda. Poco a poco los sollozos silenciosos van separándose en el tiempo y noto como se relaja un poco.
- Estoy aquí Izzy. - murmuro contra su pelo - No me voy a marchar, no tienes que decir nada.- Mis palabras parecen consolarle y siento como sus brazos se adhieren a mí con más fuerza.
La sostengo con firmeza, como si le pudiera defender del mundo entero, como si le estuviera salvando de eso que no ha contado, como si este abrazo fuera un salvavidas en medio de una tormenta. Lentamente siento como relaja su cuerpo y por primera vez siento como confía en mí.
Su mano roza una de mis costillas doloridas y no puedo evitar soltar un gruñido de dolor.
-Perdón- dice separándose y rompiendo ese abrazo.
Me odio a mí mismo por no haber podido callarme y siento como se me escapa de entre los dedos esa oportunidad de poder estar más tiempo a su lado.
-Perdón por todo esto también- dice señalándose a sí misma. - No tendrías que estar viendo esto.
Veo como siente vergüenza mientras esconde su rostro mirando a sus pies.
Levanto ligeramente su mentón y le obligo a mirarme a los ojos.
-No tienes que disculparte por nada.-susurro mientras limpio sus lágrimas con mi pulgar. Mi roce le hace cerrar los ojos y noto como el corazón me da un vuelco, se siente segura en mis brazos y no he podido imaginar mejor sensación que esa.
Ese momento dura poco, porque esta vez mi estómago protesta sin ningún tipo de pudor. Ella abre los ojos al instante y me busca con la mirada.
-Perdona-añado- creo que intenta distraerte de tus problemas. No le hagas caso, es un poco dramático a veces. - ser sarcástico y recurrir al humor es lo unico que se me ocurre para sacarla de ese círculo de dolor en el que se ha metido desde que abrió la puerta
Mi humor le hace esbozar una pequeña sonrisa y la comisura de su labio inferior tiembla. Está dudando si puede permitirse ser feliz o si debe vivir en la tristeza de lo que le ha pasado.
-Creo que tu estómago aún quiere desayunar, pero quizás tú no quieras. - dice separándose completamente de mí en apenas un susurro.
-Elisabeth, yo si quiero, sería incapaz de irme y dejarte así. - la miró a los ojos con convicción y decido que tengo que darle una vuelta a esta situación porque sino saldrá corriendo- Es más, vamos a desayunar como tú propusiste, en la terraza ahora que empezó a a amanecer.
-¿Por qué lo haces Ryan?
-Mi estómago te diría que es porque se muere de hambre.
-¿Y que dices tú?
-Porque quiero estar para tí.
El silencio entre nosotros se convierte en una batalla de miradas. El deseo y la preocupación que siento luchan contra la desconfianza y la vulnerabilidad que Elisabeth muestra. Ojalá pudiera ser capaz de meterme en su cabeza y comprender que es lo que le está pasando para prometerle que todo estará bien y que yo permaneceré a su lado.
-Está bien, desayunemos entonces. - dice ganando la batalla. Es la primera vez que he sido incapaz de sostener una mirada de alguien. - Enseguida vuelvo.
Se separa y se marcha por el pasillo. Un suspiro contenido sale de mí y decido hacerle caso. Tomo la bolsa con el desayuno y un olor a croissants recién hecho inunda la sala.
He de confesar que tiene razón, el amanecer se ve precioso desde esta terraza. No me hago una idea de lo caro que tiene que ser vivir aquí, pero por el lugar de la ciudad mínimo cuesta como dos de mis alquileres.
Sin darle más vueltas salgo a la terraza de nuevo y pongo el desayuno junto con unos cafés que había en la bolsa. Me giro un par de veces pero la doctora no aparece así que me quedo mirando como comienza el tráfico de la mañana.
-Perdón el retraso, aún no había podido ponerme una ropa más cómoda desde anoche.
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Editado: 13.02.2026