A pesar de todos los contratiempos, pensé que nunca llegaría este día. La carrera es hoy y Tyler se ha encargado de que lo sepa todo el mundo. Hoy hay una redada en un muelle que queda a 20 minutos de la ciudad. Mucha policía se ha desplazado y es el momento perfecto para ponerle fin a este infierno que Henry y el loco de su primo, Nick, han impuesto.
Hará casi una semana que no veo a Elisabeth; después de recibir esa foto, opté por tragarme mis sentimientos y alejarme de ella. A pesar de todo, me han seguido llegando fotos de ella. Ella en la puerta del hospital, subiéndose a su coche, en el parking... Por las horas a las que me llegaban los mensajes, supongo que es cuando salía de guardia del turno.
Mi cuerpo tiene un aspecto mucho mejor. Sin duda es una buena enfermera. Los golpes siguen visibles y han adoptado un color morado azulado, pero ya no duelen tanto. Tengo que ganar la carrera, por Dan, para dejar esta vida atrás, para buscar un nuevo futuro, para poder estar al lado de ella.
Tyler ha estado haciendo las visitas al hospital; yo no he podido ver a Dan, no puedo permitirme encontrarme con ella, no si la quiero proteger.
—Está perfecta —escucho la voz de Tyler mientras repasa mi moto y la termina de poner a punto.
—Mhm —digo metiéndome de nuevo en mis pensamientos.
Hace mucho tiempo que me advirtieron de que estas cosas pasaban; recuerdo las palabras del amigo de Tyler: "Cuando metes personas inocentes en tu mierda, ya no hay vuelta atrás". Eso le pasó a él; la chica con la que estaba saliendo acabó... rota, digamos. Nada volvió a ser lo mismo; dejó la ciudad y se quedó internada en un psiquiátrico. No puedo permitirme que nadie le ponga una mano encima a Elisabeth. Nadie merece pasar por eso y mucho menos ella.
—Vaya, veo que estás muy emocionado, Raven.
Me pongo alerta cuando escucho ese nombre y le clavo la mirada a mi amigo. Llevo mucho tiempo queriendo dejarlo atrás.
—No es que me apetezca mucho correr contra un loco —digo recordando lo que hizo Henry con su último contrincante.
—¿Loco? Ese tío es un demonio, no me jodas. —Hace una pausa y se levanta, mirando la moto. —Está perfecta, esta sí que te será fiel... —dice señalando a mi moto, aunque se da cuenta de lo que acaba de decir y es incapaz de terminar la frase.
He de admitir que la frase me sienta como un jarro de agua fría. No es por ego; que me hayan engañado no es lo que me afecta, sino que alguien a quien valoré demasiado rompió mi confianza y eso es imperdonable.
—Lo siento, Raven, ya sabes que no tengo la boca muy fina —dice rascándose la nuca.
—No pasa nada, eso ya está olvidado —digo cogiendo el casco.
Su cabeza hace 1 + 1 y se pone delante de mí.
—No me digas que ya hay otra. —Agradezco que tenga el casco puesto y solo pueda ver mis ojos, porque la sonrisa de idiota que hay debajo denota que no es solo "otra". Soy incapaz de contestarle, así que él mismo busca las respuestas.
—Qué cabrón —dice dándome una palmada en el hombro—. ¿Y cómo es que no me la has presentado? ¿Está buena?
Las preguntas de Tyler son tan primitivas como su corte de pelo. En cierta parte, me imagino a Tyler presentándose, siendo un poco baboso con Izzy y siento como una ira me nubla la vista.
Tyler es mi amigo, pero no es un hombre que pueda estar "amarrado" a una relación, según se define él. Es un clásico, la chica que le gusta le rechazó y desde entonces no se ha planteado tener nada serio con nadie. Ni siquiera llega a irse a la cama con todas las que "liga", pero es lo que le gusta aparentar.
—No te la voy a presentar, y Tyler, por favor, bájate del árbol, pedazo de simio. —Una sonrisa pícara aparece en su cara y me lanza los guantes.
—Capullo —dice riéndose—. Se me olvida que el gran Raven es todo un galán.
Me subo a la moto y salgo del taller de Tyler. Son casi las ocho de la noche. La oscuridad que recubre la ciudad es muy densa. Odio la temporada de invierno. Encima de la Kawasaki me siento libre, sin normas, sin nadie que me condicione y me diga cómo tengo que comportarme.
Llegamos pronto al polígono y veo al resto del grupo ya con música y bebidas en la mano.
Cuando reconocen la camioneta de Tyler, vienen enseguida a saludarlo. Yo hace unos meses que decidí abandonar todo esto, pero desde la última vez de la carrera, la gente no me ha tomado en serio y me saludan como hacían antes.
Las personas tienen cierta tendencia a idolatrar al más fuerte y aquí no hay persona que no conozca a Tyler, a Dan o a mí.
Aquí las normas son simples: bailas, bebes, fumas o te lías con quien quieras, pero nada de armas ni drogas.
—Veo que habéis empezado la fiesta sin nosotros —suelta Tyler agarrándose a una pelirroja. No consigue olvidar a la chica de pelo cobrizo que le rechazó y esta chica no hace más que recordarle a ella.
Mi mirada se dirige hacia la barra y busco minuciosamente una melena medio rubia de no demasiada altura, pero no la encuentro. Para mi desgracia, la única que aparece es Emma. Una chica alta, bastante guapa, de esas que definen como cuerpo de infarto, segura de sí misma con ropa que muestra más de lo que debería. Su melena negro azabache por la altura de la mandíbula le hace verse aún más atractiva y ella lo sabe.
—Vaya, Raven, no esperaba verte por aquí —dice con un tono seductor y falso, se le da fatal fingir sorpresa—¿no que ya habías dejado estas cosas?
Su tono siempre es provocativo, le gusta controlar la reacción de las personas; o está interesada en ti o te quiere sacar algo. Para mi desgracia es lo primero; desde que me emborraché cuando me enteré de lo de Ashley y me acabé liando con ella, dejándole con las ganas, Em se ha tirado a por mí todas las veces que ha tenido una mínima oportunidad.
Es como una de esas personas que van a subastas para pujar por algo que no necesitan y está dispuesta a pagar todo lo que haga falta por su premio.
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Editado: 13.02.2026