—Enseguida vuelvo, doctora —dice Ryan guiñándome un ojo y dándose la vuelta mientras se pierde en la multitud.
No puedo mentir, no engañaría a nadie si dijera lo contrario. Ryan me gusta y sus impulsivos besos no han hecho más que verificármelo. Después de haber bailado con el chico de antes, ha sido capaz de reaccionar y venir hacia mi dirección. Parece como si estuviera controlándose, como si tuviera un panel invisible que le prohíbe estar cerca de mí.
Cuando levanto la vista para buscarlo, veo cómo toda la gente que estaba bailando hace un momento camina y grita hacia los vehículos.
—¡Isa!, por fin te encuentro —dice Amber apareciendo a mi lado.
—Tía, qué susto me has dado, ¿dónde está Rick?
Por algún motivo no la veo del brazo de su novio, el mismo que antes ha venido a sacarla de la pista de baile cuando se ha dado cuenta de que nos habíamos colado aquí.
—No, no, no, esta noche no quiero saber nada más de ese imbécil. —Las marcas de rímel corrido por los ojos le delatan; su conversación no ha ido como esperaba.
—¿Estás bien, Amb?
—Lo estaré —dice desviando la mirada—. ¿Dónde está tu motero? ¿Y hacia dónde vamos? —pregunta mi amiga mientras la arrastro del brazo hacia la dirección en la que se encamina la multitud.
Me giro a verla y le pongo una sonrisa pícara.
—Vamos a ver a mi motero.
Amber se pone las manos en la boca de manera dramática, ahogando un gritillo, y es ella la que me toma a mí del brazo y me arrastra hacia la multitud. Es más alta que yo, así que se abre paso fácilmente hacia la línea de salida.
Llegamos al sitio y nos quedamos a la izquierda de Ryan y su contrincante. Él ya está subido a su moto y su oponente parece mayor. Con el pelo rapado y unos tatuajes de una serpiente subiéndole por el cuello que acaba en su puño izquierdo, se pone el casco, y reconozco enseguida dónde he visto eso. El chico de antes. Estaba bailando con uno de sus rivales, muy bien, Elisabeth.
Una chica de piernas largas y pelo corto sacude sus caderas con un pañuelo entre ellos dos. El rugido de las motos se une con la voz de la gente, que grita como simios enjaulados.
—¿Preparado? —pregunta señalándole al oponente. A lo que este responde acelerando su moto.
—¿Preparado? —vuelve a preguntar, esta vez apuntando a Ryan; él acelera y gira la cabeza hacia nuestra dirección.
No puedo evitarlo y me giro con la intención de encontrar a la persona que él busca. Hay un chico bastante alto de pelo liso y con media nuca rapada que está mirando hacia él, con los brazos cruzados y asintiendo con la cabeza. Debe de ser él a quien mira.
Vuelvo mi vista hacia la carrera y ahora sí sé que me está mirando a mí. Sus ojos oscuros sonríen bajo el casco. Me dedica un guiño y se baja el visor.
Una bengala sale disparada de algún lado cuando la chica que está entre las motos levanta el pañuelo en el aire y lo deja caer.
Ryan y su contrincante salen a la par. El circuito es bastante complejo, tiene curvas cerradas y rectas estrechas que llevan hasta unos edificios que hay abandonados. La cantidad de pasillos que crean es suficiente para hacer un recorrido donde tanto la frenada como la velocidad tienen que ir acompañadas para ser el ganador. Ryan va en segunda posición cuando llegan a los edificios; por alguna razón parece que le está dando ventaja a su contrincante. La gente grita y yo me limito a contener la respiración mientras noto cómo Amber me clava las uñas en el brazo.
—¿Dónde están? —dice eufórica.
—Pronto saldrán, tienen que serpentear los edificios y volver hasta aquí —dice el chico que tenemos a las espaldas con un tono serio.
La tensión se palpa en el ambiente, parece que se están tardando mucho y no tener en mi campo visual a Ryan me está poniendo nerviosa. Me empiezan a sudar las manos, noto cómo la adrenalina me recorre, como una vieja conocida visitándome de nuevo.
Me encantan las carreras, prefiero las que son legales, pero la velocidad bajo las manos correctas es algo que viene de familia y no lo puedo evitar.
Cuando la multitud empieza a hacer silencio y comentarios de "¿dónde se han metido?", Ryan sale de una esquina, casi rozando el edificio principal. La gente vitorea su nombre y sin darnos cuenta, Amber y yo estamos saltando, dejándonos llevar por la euforia de la gente que nos rodea. Su oponente aparece poco después y él se gira para comprobar si le sigue los talones. Está claro que Ryan ha utilizado la energía para esquivar los obstáculos en vez de correr como un maníaco; así no ha tenido que hacer frenadas tan bruscas, chico listo.
Pocos metros le separan de la línea pintada con spray rojo que indica la victoria. Ambos pilotos se pegan a sus motos y consiguen ese efecto de aerodinámica aumentando de velocidad. La gente grita y chilla y, cuando Ryan cruza la línea, la emoción ya no se contiene. Hasta yo chillo saltando con mi amiga.
—¡Ese es el motero buenorro de mi amiga! —chilla Amber.
—¡Amber! —exclamo con evidente vergüenza en mi cara; parece que no se ha dado cuenta de que lo ha dicho en alto delante de toda esta gente.
Amber ríe descontroladamente y no puedo evitar contagiarme de su risa.
Las motos frenan y el oponente de Ryan se dirige hacia el lado opuesto. Innumerables son las personas que se acercan a felicitarle y, cómo no, Amber decide que no nos podemos quedar atrás y me arrastra de la mano. Cuando conseguimos abrirnos paso, Ryan está de espaldas, su respiración es alterada y el chico que teníamos a las espaldas ahora está hablando con él, mientras varios le dan palmadas en el hombro.
Cuando se gira, su rostro brilla con una fina capa de sudor. Se ve tan guapo como siempre, el pelo medio despeinado, sus ojos cargados de la emoción, su ropa negra y sus plumas de tinta asomando por el cuello.
- Ganaste.
—¿No apostabas por mí, doctora? —dice poniéndose dramáticamente una mano en el corazón, como si le hubiera apuñalado.
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Editado: 13.02.2026