Han pasado varios días desde que Ryan me llevó a la universidad, 5 días para ser exacta. El destino tiene una manera muy perversa de torcer cualquier posible idea amorosa que sienta y ha hecho que Ryan y yo apenas hayamos coincidido ningún día en el hospital. Cuando yo he estado de guardias nocturnas, él también ha estado trabajando y, si no, cuando yo estudiaba, él estaba durmiendo.
Hemos estado hablando bastante por mensajes de texto. No me lo esperaba, pero he de decir que le encanta lanzarme pullas y meterse conmigo. Siempre tiene ese tono de humor en cada una de sus palabras.
—Buenas noches, doctora, asegúrate de descansar un poco para mañana o te dormirás en medio de nuestra no cita. ;)
El sonido de notificaciones de mi teléfono se ha vuelto motivo para sonrojarme porque la mayoría de mensajes que me encuentro son los suyos.
Mañana por fin me va a recoger en nuestra "no-cita", como él ha calificado, y he de admitir que estoy bastante nerviosa.
La última vez que tuve una cita fue hace más de un año. Con Travis apenas tomaba cafés de la máquina y alguno en la cafetería de la esquina. Michael fue mi primer novio que me pidió salir y, aunque se curró mucho nuestra primera cita, lo estropeó todo a los pocos meses.
—Supongo que mañana resolveremos el misterio de la no cita —envío el mensaje mientras me subo al coche y salgo del parking.
El tráfico es bastante abundante a pesar de ser un jueves a la 1 de la madrugada. Mi vista se fija en la carretera mientas mi mente viaja a la fecha que está próxima en el calendario. Estamos a mitad de noviembre ya y queda muy poco para el día de acción de gracias. No me apetece nada volver a San Frnacisco, pero si que tengo ganas de abrazar a mis hermanos. Ellos han sido el pilar fundamental por el que sigo con vida en este mundo.
Enseguida me encuentro aparcando el coche y sacando las llaves para entrar. Mi mente no para de pensar en qué hará Ryan estas fiestas? No sé si tiene familia o si acaso lo celebra, pero siento un pinchazo en el corazón de pensar que puede pasar ese día solo.
—Suponía que era virgen, pero no pensé que era cierto hasta que vi su cara...
—Tío, ya lo dijeron en la clase de educación sexual, su madre tuvo muchos abortos; incluso se llegó a pensar que estaba liada con su jefe cuando se quedó embarazada.
Las lágrimas caían por mi rostro con fuerza y un calor me abrasaba a su paso. Me ardían las mejillas y la rabia que sentía al escuchar esas palabras de mi madre me dio valor.
No podía creer que se hubiera hecho pública la urna de "miedos" que hicimos en educación sexual. Mi hermano me había dicho que era muy ingenua y que no debía confesar algunas cosas y, como siempre, tenía razón.
Me encamine hacia la zona del pasillo donde estaba el que ya era mi exnovio y su mejor amigo y me planté delante de ellos.
—¿Tienes algún problema con mi familia o es que no te basta con ser un capullo integral? —dije mirando a Tom. Michael me miraba con asombro que estuviera de nuevo a su lado.
—No es lo que piensas, Eli, ya sabes que Tom dice muchas gilipolleces. - Michael intentó ponerse su máscara de novio perfecto que había llevado durante meses, pero esta vez no le funcionó.
—No me vuelvas a llamar así, no te lo mereces.
—Cariño, no te enfades así, que estás muy fea cuando se te arruga la frente. dijo Tom con desprecio- lo que se merecía era ver si podías darle un hijo pero parece que no bastó.
Su frase me dejó helada en el sitio, ¿a qué se refería?
—Perdón, ¿qué acabas de decir? —Mi rabia me dio fuerzas para darle una bofetada a Tom y enseguida el pasillo se llenó de miradas que se depositaban en nosotros.
Tom parecía molesto y casi avergonzado de que una chica le hubiera abofeteado delante de todos.
—Serás puta. —La mano de Michael detuvo el manotazo que Tom me iba a propiciar y la rabia salpicó sus ojos—. Ni pinchando todos los condones de este te quedaste embarazada, así que prepárate para ser un clon de tu madre.
El mundo se me cayó encima. Michael parecía no saber de los planes de su amigo porque abrió los ojos tanto como yo. Me daba igual cuál era la versión de la realidad; mi presente, que había estado construyendo durante estos últimos meses, se había hecho trizas igual que mi corazón en ese mismo momento.
Salí de la universidad con los móviles grabándome de nuevo; una vez más las cámaras apuntaban a mi vergüenza mientras que algunos se reían sádicamente y otros se limitaban a murmurar palabras que eran inaudibles para mí. Michael estaba pegando a Tom y gritaba mi nombre a lo lejos, pero no me di la vuelta. Había tomado una decisión: me largaría de una vez por todas de esa insufrible ciudad.
Me desperté de nuevo empapada en sudor y deseando que hubiera sido un sueño, pero siempre se quedaba en un deseo incapaz de hacerse realidad.
Pasé el día completo desanimada, con imágenes en mi mente de esas pesadillas horribles. Habís hecho ejercicio, habia intentado distraerme en una de las novelas de mi autora favorita, incluso había probado a hacer un bizcocho de esos saludables que te salen en Instagram. Me había quedado rico, pero todo parecía no tener sabor o color.
Un mensaje me despertó de mi siesta no programada.
—Doctora, espero que estés preparada para nuestra no cita.
¿Cómo se me había podido olvidar? Ryan no me había escrito en todo el día y enseguida me acordé de que estaría en un pueblo sin cobertura.
Me levanté con el móvil en la mano y corrí hacia mi cuarto. Tenía una pinta horrible. El pelo recogido en un moño despeinado y los ojos delataban mi llorera, mientras que las marcadas ojeras no ayudaban a mejorar mi aspecto.
—¿O has cambiado de opinión y ya no crees en las segundas oportunidades, Izzy? —Un emoticono pensativo acompañaba el mensaje.
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Editado: 06.03.2026