Cicatrices De Luna. El Retorno Del Alfa

CAPITULO 1

Kyra

El piso cuarenta de la corporación Nova era un hervidero de pánico silencioso, los rumores corrían más rápido que el ascensor ejecutivo un conglomerado extranjero nos había comprado de la noche a la mañana. El nuevo director general, un titán del que nadie conocía el rostro pero todos temían el apellido, tomaba posesión del edificio hoy.

Yo me mantuve al margen, concentrada en organizar las carpetas de transición sobre mi escritorio. Me costó cinco años de terapia, noches en vela y un esfuerzo sobrehumano construir esta rutina gris, predecible y benditamente humana. Aquí nadie sabía qué era un alfa, una manada o un lazo de apareamiento aquí yo era solo Kyra Grainyer, una eficiente asistente bilingüe con un pasado inexistente.

  • Ya viene - susurró mi compañera de recepción, con el rostro pálido.

Las puertas del ascensor privado se abrieron con un tintineo sordo el aire de la oficina cambió al instante. La presión barométrica pareció caer en picada y un escalofrío puramente instintivo me erizó los vellos de la nuca. El olor a ozono, bosque húmedo y cuero negro inundó el pasillo, disolviendo el aroma a café y desinfectante.

Se me congeló la sangre en las venas conozco perfectamente ese olor ha estado en mis pesadillas durante los últimos 60 meses.

Levanté la vista despacio, rogándole al universo con todas mis fuerzas que fuera una alucinación de mi mente traumatizada, no no lo era. En la mitad del pasillo, flanqueado por cuatro hombres que conocía perfectamente de trajes impecables que caminaban un paso por detrás, avanzaba él.

Draven Amarok.

Su imponente metro noventa cortaba el aire con la gracia peligrosa de un depredador, el traje de diseñador gris oscuro se ajustaba a sus hombros anchos tal como lo recordaba p, pero la elegancia humana no lograba ocultar la brutalidad inherente de su naturaleza lobuna. Su mandíbula estaba tensa, el cabello oscuro perfectamente peinado hacia atrás y sus ojos, esos ojos grises que alguna vez me miraron con adoración, eran ahora dos témpanos de hielo.

Quise correr, quise saltar por la ventana del piso cuarenta antes de volver a respirar su aire pero mis piernas se convirtieron en plomo.

Draven avanzaba con la mirada fija en el frente, ignorando las reverencias del personal. Estaba a solo tres metros de mi escritorio, dos metros, uno metro solo necesitaba que siguiera de largo.

Pero justo cuando pasó a mi lado, una ráfaga de viento entró por la ventana entreabierta, agitando mi cabello y empujando mi aroma directamente hacia él y Draven se detuvo en seco.

Draven

Cinco años de rastreo inútil, cinco años de saborear la hiel del abandono, de despertar con la cama fría y el pecho desgarrado por un lazo que ella cortó sin mirar atrás. Mi lobo me exigía sangre y respuestas, pero el mundo humano es un escondite demasiado grande para quien sabe camuflarse entre los civiles.

Hasta hoy. Comprar esta empresa de transportes no era más que un movimiento estratégico para expandir el territorio financiero de la manada Amarok en la costa este. No esperaba nada de este edificio lleno de humanos débiles y asustadizos que bajaban la cabeza al sentir mi presencia.

Caminaba hacia la oficina principal, ignorando el parloteo incesante del antiguo dueño, cuando el aire cambió, una corriente me golpeó el rostro un aroma sutil, pero tan potente que golpeó a mi lobo interno como un mazo de hierro. Jazmín fresco y lluvia primaveral.

Luna.

El grito de mi lobo fue tan ensordecedor que estuve a punto de perder el control de mis facciones. Mi corazón, congelado desde la noche en que me dejó solo en la cama de la manada, dio un vuelco violento. El olor que guardé en mi memoria aromática durante cinco malditos años, el perfume de la mujer que me destruyó, estaba flotando en este pasillo corporativo.

Me detuve, los ejecutivos que me seguían casi chocan contra mi espalda, murmurando disculpas que no escuché.

Giré la cabeza lentamente hacia la izquierda, guiado por el hilo invisible de ese aroma. Detrás de un escritorio de cristal, con las manos temblorosas apoyadas en una carpeta, estaba ella.

Kyra.

Su cabello castaño antes suelto siempre estaba recogido en un moño profesional, vestía una blusa blanca y no llevaba ninguna de las joyas de la manada. Estaba más delgada, con sombras oscuras bajo sus ojos grandes, pero seguía siendo ella. Mi humana, la hembra que me prometió eternidad y luego huyó como una ladrona en la noche.

Nuestras miradas se cruzaron, el pánico en sus ojos castaños era delicioso, una confirmación de su culpa. Ella pensó que la distancia física bastaría para sepultar lo que teníamos pensó que el mundo humano la protegería de un alfa herido.

Una sonrisa gélida y despiadada se dibujó en mis labios mientras daba un paso hacia su escritorio, el juego del gato y el ratón había terminado.

  • Señor Amarok, ¿Sucede algo? - preguntó el director saliente, sudando frío.

No aparté los ojos de mi prófuga vi cómo tragaba saliva, cómo su pecho subía y bajaba con rapidez. Estaba acorralada y lo sabía.

  • He encontrado exactamente lo que venía a buscar - respondí, mi voz saliendo en un barítono bajo que hizo vibrar el cristal del escritorio - Cancelen las reuniones de la tarde. Debo ponerme al día con mi nueva asistente personal.




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